Géneros y Sexualidades

CULTURA

Un documental revive a la polémica Jane Roe, la protagonista del derecho al aborto en EE. UU.

La cadena FX estrena el documental AKA Jane Roe, que recorre la historia de la Norma McCorvey (la protagonista del fallo Roe vs. Wade) y la lucha por el derecho al aborto en Estados Unidos.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 22 de mayo | 12:44

Norma McCorvey vivía en Texas y ya había tenido dos hijas cuando quedó embarazada. Su decisión de interrumpir su embarazo y la prohibición de la Justicia de Texas se transformaron en el caso que resultó en el fallo Roe versus Wade de la Corte Suprema en 1973 y legalizó el derecho al aborto. El resto es historia: el Estado no podría interferir en la decisión de una mujer de interrumpir su embarazo.

McCorvey mantuvo su identidad en secreto, para evitar el escarnio público. Jane Roe fue la forma en la que se conoció su caso (un equivalente al John Doe masculino que se utiliza para referirse a alguien sin decir su nombre, para protegerlo o porque no se conoce). Cuando se conoció el fallo de la Corte Suprema, trabajaba en un negocio y seguía con su vida lejos del movimiento feminista.

Nunca fue militante feminista ni se reivindicó defensora de los derechos de las mujeres. Pero su caso se transformó en el símbolo de la lucha de muchas mujeres que abortaban en la clandestinidad y de forma insegura, la mayoría de ellas trabajadoras y pobres. El derecho al aborto fue una de las banderas del movimiento feminista en Estados Unidos, pero la necesidad de no garantizar el acceso seguro a la interrupción voluntaria del embarazo contó con el apoyo de amplios sectores.

La conversión de McCorvey en los años 1990 a la fe cristiana (primero al protestantismo y luego al catolicismo) y su “arrepentimiento” por haber ayudado a la legalización del derecho a decidir de las mujeres la transformaron en un icono del movimiento antiderechos y la derecha conservadora.

En el documental AKA Jane Roe, McCorvey asegura que el movimiento antiderechos la presionó y le dio dinero para que haga pública su “conversión”. McCorvey venía de una familia muy pobre y sostenía su hogar con su trabajo, pero no se victimiza: “Fue mutuo. Yo tomé su dinero y ellos me pusieron frente a las cámaras y me dijeron qué decir, y eso fue lo que dije". A quien más dañan sus declaraciones es al movimiento evangñelico que utilizó y utiliza la fe como una excusa para negar derechos democráticos elementales como el aborto legal, pero también la educación sexual integral y la salud reproductiva.

McCorvey murió a los 69 años en 2017. El director del documental, Nick Sweeney la conoció unos meses antes de su muerte para escuchar su versión sobre la controversia alrededor de su conversión. "Si una mujer joven quiere practicarse un aborto, está bien. No me importa, ya sabes. Se llama elección, es tu elección", dice poco antes de morir McCorvey y es una de las escenas que podrán verse en AKA Jane Roe.

El documental se estrena cuando el derecho al aborto sigue dividiento a Estados Unidos. De hecho, en medio de la pandemia de COVID-19, varios estados intentaron avanzar todavía más en leyes restrictivas para acceder a una interrupción voluntaria del embarazo.

Te puede interesar: El aborto clandestino aumenta los riesgos para las mujeres en Estados Unidos

La misión de revertir el fallo Roe versus Wade

Estados Unidos reconoció el derecho al aborto en 1973 con el fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como “Roe versus Wade”. En el fallo se exponía la decisión de “Jane Roe” (Norma McCorvey) de interrumpir el embarazo y la negativa del fiscal de Texas, Henry Wade. El fallo reconoció que el Estado no puede intervenir ni obstaculizar la decisión privada de una mujer de interrumpir su embarazo.

Desde su legalización, el derecho al aborto se transformó en el blanco del movimiento conservador y la derecha cristiana. Hasta 1973, la mayoría de las iglesias cristianas ignoraban el tema del aborto (algunas incluso no perseguían a las mujeres que recurrían al aborto). Pero el fin de la clandestinidad, con la movilización de las mujeres y la juventud de fondo, alentó la reacción del movimiento evangélico y soldó una alianza duradera con la derecha republicana.

Desde 1973 las muertes por abortos se redujeron drásticamente y también la cantidad de abortos que se realizan. La legalización favorece el acceso a la salud integral de las mujeres y las personas con capacidad de gestar. La aplicación de las leyes depende de las legislaturas estatales y aunque no pueden contradecir el fallo de la Corte, pueden avanzar en restricciones.

El fallo sufrió varios embates. Por ahora no ha podido ser revertido, especialmente por la revitalización de la movilización de las mujeres. Sin embargo, el derecho al aborto legal hoy se encuentra arrinconado entre las leyes que limitan su acceso y las dificultades económicas que enfrenta la mayoría de las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. El Guttmacher Institute (especializado en salud y derechos reproductivos), que sigue de cerca la situación del aborto legal en Estados Unidos, estima que la mitad de todas las mujeres del país vive en estados que son hostiles al derecho al aborto legal.

El gobierno de Donald Trump está comprometido con la causa de revertir el fallo Roe y apoyar la agenda de la derecha conservadora. Esto no significa que la ofensiva contra los derechos de las mujeres haya empezado cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Se impulsaron durante estas décadas 1.074 restricciones al derecho a decidir de las mujeres, y casi el 30 % (288) fueron promulgadas de 2010 en adelante (es decir durante las administraciones de Barack Obama y la actual de Donald Trump).

Solamente el aborto legal garantiza el acceso igualitario a un derecho elemental. Cualquier retroceso no significará menos interrupciones voluntarias, solo representará más desigualdad y mayores riesgos para la salud de las mujeres y las personas con capacidad de gestar. Cuando las mujeres conquistaron el derecho al aborto legal en 1973, aprendieron rápidamente que tendrían que defenderlo siempre. En 2020, varios derechos conquistados con la movilización -incluso aquellos restringidos, recortados y obstaculizados- están bajo ataque y confirma que en estas democracias ninguna victoria es permanente.






Comentarios

DEJAR COMENTARIO