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PANDEMIA E IMPERIALISMO

Un desastre evitable: Estados Unidos superó los 200.000 muertos por Covid-19

Estados Unidos ha registrado oficialmente más de 200.000 muertes por coronavirus, mucho más que cualquier otro país del planeta. El número representa el fracaso de la clase dominante para proporcionar protección básica para los trabajadores, y revela una vez más las prioridades de un sistema construido sobre la base de la ganancia.

Martes 22 de septiembre | 16:19

Estados Unidos se convirtió este martes en el primer país con más de 200.000 muertos por coronavirus, una tétrica marca que lo consolida como el más afectado del mundo.

Horas después de que Trump volviera a afirmar falsamente que el coronavirus no afecta "a nadie joven", el principal imperialismo del mundo acumulaba 200.005, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Mientras que la mayoría de los países -con algunas excepciones notables como el Brasil y la India- lograron reducir lentamente el número de muertes y nuevos casos después del brote inicial, los Estados Unidos, en cambio, fueron de mal en peor, llegando a este triste récord de muertos y casi 7 millones de infectados.

Cada día se reportan más de 40.000 nuevos casos y cerca de mil nuevas muertes. Estados Unidos ha visto más casos y muertes totales por coronavirus que cualquier otro país del mundo y se ubica entre los 8 primeros en muertes por millón de habitantes.

No es cierto que no hubo nada que se pueda haber hecho para detener la situación. Estos números fueron pronosticados por los Centros de Detección y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) hace meses y en muchos Estados los pasos necesarios para controlar el virus han sido ignorados o rechazados por los gobiernos locales. En otras palabras, fue un desastre evitable agravado por la conducta incompetente de la administración Trump, la guerra de derecha contra la Ciencia, los problemas estructurales que precedieron a la pandemia y el insaciable sed de ganancias que domina la política estadounidense.

Mientras el Coronavirus continúa causando estragos en la economía y devastando las poblaciones más vulnerables del país, en particular a los ancianos y los trabajadores afroamericanos, latinos e indígenas, vale la pena considerar cómo llegamos aquí, y hacia dónde vamos.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Los 200.000 muertos es una cifra que representa el fracaso de la clase dominante para proporcionar protección básica para los trabajadores, y revela una vez más las prioridades de un sistema construido sobre la base de la ganancia.

Para decirlo sin rodeos, a pesar de las numerosas advertencias, Estados Unidos no estaba ni remotamente preparado para tal brote. Aunque se ha hablado mucho sobre la preocupación del presidente Obama por una epidemia en los Estados Unidos, hizo poco para enfrentar una. Bajo las administraciones de Bush y Obama, por ejemplo, el Gobierno gastó 100 veces más en la lucha contra el “terrorismo internacional” que en prevenir una pandemia. Además, décadas de recortes en salud y educación casi aseguraron que los hospitales se vean abrumados por la rápida propagación de la enfermedad a través de hogares de ancianos y escuelas. Esto, agravado por la política abiertamente negacionista de la administración Trump.

Antes de que la pandemia se extendiera por todo el país, Donald Trump minimizó repetidamente la amenaza real del virus, comparándolo con la gripe y argumentando que algún día el virus desaparecería "como un milagro". Afirmó que desaparecería a medida que el clima se calentara (pero no sucedió); predijo que una vacuna estaría disponible para fin de año (aún no está); y dijo que cualquiera que quisiera hacerse una prueba podría hacerlo (pero no se puede, incluso los que pueden esperan semanas los resultados, lo que frustra el propósito de la prueba). Estas afirmaciones no estaban basadas en ningún hecho científico, eran falsedades intencionales, destinadas a restar importancia a la amenaza del virus para evitar tomar medidas que generen gasto al Estado, incluida una cuarentena nacional temprana y sostenida y pruebas masivas a nivel nacional rastreando los contactos estrechos, algo necesario para evitar lo peor de la pandemia.

Como dejan en claro las entrevistas con el periodista Bob Woodward, que acaba de publicar un libro sobre el presidente, Trump y los capitalistas a los que representa sabían desde el principio que el virus era peor de lo que admitían, y después del brote inicial presionaron a los gobernadores en los Estados que habían entrado en cuarentena para que reabrieran mucho antes de que estuvieran listos. Trump afirmó que estos pasos eran necesarios para reactivar la economía y volver a la “normalidad”. La administración Trump, junto con los políticos demócratas locales y nacionales, eligió intencionalmente la Economía sobre la vida de los trabajadores. Los resultados hablan por sí mismos: decenas de miles, tal vez cientos de miles de vidas fueron intercambiadas por una economía que aún se tambalea bajo el peso del enorme desempleo.

Sin embargo, los números sólo representan las muertes y los casos confirmados de covid-19. Es probable que el número total de muertes y casos sea mucho mayor, pero básicamente es algo desconocido. Según el New York Times, es posible que el récord de 200.000 muertes se haya pasado hace más de un mes, lo que significa que ya habría cerca de un cuarto de millón de muertes. Peor aún, estos números probablemente sean sólo el comienzo de lo que seguramente será una tragedia mucho mayor.

Después de varias semanas de disminución lenta pero constante, la línea de tendencia para nuevos casos en todo el país está comenzando a subir nuevamente. Apenas la semana pasada, más de 5.400 personas murieron de Covid-19 en los EE. UU. y más de 264.000 se infectaron, y no hay razón para creer que estas cifras vayan a bajar pronto. A medida que las escuelas y las universidades continúan reabriendo, se informan nuevos brotes en todo el país casi a diario, y muchos expertos predicen un resurgimiento de casos en otoño a medida que el clima se enfría y la gente comienza a pasar más tiempo en interiores, donde el virus se propaga de manera más efectiva.

Disparidades raciales

Por supuesto, la cantidad de muertes por Covid-19 sólo dice una pequeña parte de la imagen del número de víctimas que se cobró el virus entre las personas más vulnerables del país. Un informe emitido el jueves, por ejemplo, confirmó que un número desproporcionado de muertes de niños de Covid 19 ocurrieron entre comunidades afroamericanas y latinas. El informe, emitido por los Centros para el Control de Enfermedades, muestra que de las 121 muertes de personas menores de 21 años hasta julio, el 78 % eran latinos, negros o de pueblos originarios.

Mientras tanto, un informe anterior publicado en agosto mostró que las tasas de mortalidad relacionadas con Covid -19 para las poblaciones afroamericanas y pueblos originarios son el doble que las de las poblaciones blancas. Informes anteriores mostraron que las tasas de mortalidad eran hasta tres veces mayores que de la población blanca. Estos números revelan la cruda realidad de la desigualdad racial y social en los EE. UU., donde los que realizan la mayor parte del trabajo esencial, son menos capaces de encontrar atención social y sanitaria pero son los más expuestos al virus.

Centrarse únicamente en el número de muertos también esconde otra tragedia en curso. Por cada muerte causada por Covid, hay docenas de personas que enfrentan serias complicaciones de salud a largo plazo como resultado de la enfermedad. Aunque todavía hay mucha incertidumbre sobre cuán comunes son estas complicaciones, existe una creciente evidencia de que el virus puede tener efectos graves y debilitantes a largo plazo sobre el cerebro, el corazón y el funcionamiento pulmonar. Aún se desconocen estos efectos a largo plazo, pero es posible que ya estén provocando un aumento de las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades respiratorias e incluso Alzheimer .

Esto significa que, además de los 200.000 que han muerto a causa de la enfermedad, es probable que haya cientos de miles de estadounidenses cuya salud se ha deteriorado significativamente debido al Covid-19 y muchos miles que han muerto por complicaciones no diagnosticadas por haber tenido el virus. También se desconoce el costo que esto tendrá para el ya sobrecargado sistema de salud de EE. UU.

El capitalismo, un culto a la muerte

Como los datos globales muestran, este fue un desastre evitable. En muchos países, el virus se ha contenido casi por completo gracias en parte a una combinación de una respuesta centralizada, fuertes precauciones de salud y una red de seguridad que permitió a muchos trabajadores permanecer en casa en lugar de verse obligados a trabajar.

El sistema de salud de Alemania, por ejemplo, fue esencial para contener el brote inicial. En Corea del Sur, un sistema de atención médico nacionalizado y un rastreo de contactos intensivo, junto con un alivio económico para la mayoría de los trabajadores, permitieron al país evitar un brote importante con menos de 12,000 casos y sólo 500 muertes en todo el país. El sistema de salud pública de Canadá y la sólida red de seguridad social le permitieron evitar un segundo brote y actualmente están experimentando menos de 10 muertes por día.

Si bien el Gobierno de EE. UU. permitió que el virus se propagara durante semanas antes de anunciar las cuarentenas, muchos otros Estados implementaron cuarentenas estrictas desde el principio. Y aunque Trump proporcionó poco más que una inyección única de US$ 1,200 y beneficios de desempleo temporales, otros Estados proporcionaron a los trabajadores ingresos suficientes para permanecer en casa.

No obstante, en los países donde el virus está bajo control, el número de muertos sigue siendo mucho mayor de lo que debería haber sido. La falta de un sistema de salud centralizado sustantivo y bien financiado controlado por y para los trabajadores significaba que tomara semanas hacer el rastreo de contactos, producir y distribuir equipos de protección básicos a los trabajadores de la salud de primera línea, u otros trabajadores esenciales. Debido a esto, la mayoría de los Estados no estaban preparados adecuadamente para responder con velocidad frente a la propagación del virus.

A nivel mundial, casi un millón de personas han muerto a causa del coronavirus y más de 31 millones han sido infectadas. Y la responsabilidad de estas muertes recae directamente sobre los hombros del capitalismo y el imperialismo global, que ha destruido las redes de seguridad social, los sistemas de atención médica y las economías de todo el mundo.

En este marco, la pandemia del coronavirus debe entenderse como un episodio más de la actual crisis orgánica del capitalismo y un clavo más en el ataúd de su legitimidad.

La presente es una versión editada del artículo original publicado en ingles en Left Voice






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