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EDUCACIÓN PÚBLICA

UNAM anuncia que el examen de admisión será presencial ¿por compromiso social?

La justificación es que de lo contrario abonaría en la desigualdad social, ¿Qué tan real es esta preocupación de la UNAM?

Joss Espinosa

@Joss_font

Martes 21 de julio | 15:45

La UNAM anunció hoy, que el examen de admisión para educación superior y media superior será presencial. Pese a que anteriormente habían anunciado que serían en línea.

Mencionaron que aunque otras universidades habían anunciado que el examen se iba a realizar en línea, ellos no lo aplicarían de esa forma pues "favorecería a aquellos que tienen mejor conexión de internet y ampliaría la desigualdad".

Las fechas, cedes y horarios se detallarán más adelante, agregando que van a tener estrictas medidas sanitarias y de distanciamiento.

Estás declaraciones de la UNAM, resultan completamente contradictorias con su actuar en los últimos meses, pues nada les ha importado en medio de la pandemia continuar con las clases en línea, sin ponerse a pensar si los alumnos y profesores tienen las condiciones materiales para llevarlas a cabo.

No se han detenido a pensar si hay alumnos que han perdido su empleo, si siguen trabajando exponiéndose al contagio, si sus familiares han sido despedidos, si se han enfermado ellxs o alguno de sus familiares, si tienen internet, computadora propia o siquiera si tienen algo para comer.

Aun no se sabe qué pasará con las y los alumnos que no han podido tomar las clases en línea por diversas circunstancias.

A esto se suma que el examen de admisión, es en sí un “filtro” que excluye año con año a miles de estudiantes, muchas veces debido a desigualdades económicas que derivan en falta de formación o incapacidad de dedicarse de “tiempo completo” a estudiar.

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Las cifras de la desigualdad

Declaraciones de Luciano Concheiro en el foro “escenarios post pandemia”, presentaron un análisis desde la SEP de 116 universidades y apuntan que: el 58 % de las instituciones carecen de equipos de cómputo, el 55 % mencionó que hay desconocimiento del manejo de plataformas digitales, el 35 % no tienen internet adecuado y el 16 % menciona que tiene una falta total de infraestructura.

De manera general en las universidades entrevistadas el 81 % de los estudiantes mencionó que tiene carencias tecnológicas para realizar las clases en línea a distintos niveles.

A esto se suma la precarización en la juventud y los despidos que afectan principalmente a este sector, ya que el 70 % de los desempleos generados por la pendemia son encarnados por jóvenes.

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Deserción escolar y precarización

Esto no solo afecta a la UNAM, ya otras instituciones han mencionado el porcentaje de alumnos que no están tomando clases en línea, en el caso del Instituto Politécnico Nacional se estima que 35 mil estudiantes que no han podido continuar sus estudios, mientras que otros 15 mil han dado de baja materias o han metido bajas temporales o definitivas.

Por su parte, las autoridades de la Universidad Autónoma Metropolitana imponen el Proyecto Emergente de Enseñanza Remota (PEER) –proyecto a todas luces fallido- ya que el 40 % de los estudiantes se dio de baja por razones económicas o por falta de recursos materiales para realizar las clases en línea.

En torno a esto, la UNAM no ha dado cifras de cuantos estudiantes realmente están en clases en línea y cuantos no han podido continuar estudiando.

A esta situación se suman los cientos de miles de estudiantes que, sea presencial o no el examen, no van a continuar sus estudios ni podrán participar del concurso de selección. Tan solo para los egresados de secundaria se estima que 800 mil no continuaran sus estudios de media superior, sumado a las cifras de deserción escolar en este grado que se dan año con año.

Muchos jóvenes seguramente han tenido que buscar trabajo tras despedidos de sus familiares o al haber tenido pérdidas a causa del covid.

Por todo esto, las declaraciones de la UNAM terminan siendo completamente formales ante la verdadera situación de la juventud en México.

Si las universidades realmente estuvieran al servicio del pueblo pobre y trabajador, su presupuesto estaría puesto en becas suficientes para evitar la deserción escolar, los sueldos de los académicos por asignatura realmente ayudarían a cubrir la canasta básica. Pero por ahora, quien se beneficia de la universidad son las autoridades que tienen sueldos escandalosos y las empresas privadas que obtienen sus ganancias de la mano de obra calificada que egresa de las instituciones.

Si realmente estuviera al servicio de la población, las instalaciones, el presupuesto y el capital intelectual y cultural se hubiera puesto al servicio de enfrentar la pandemia y no se simularía una “normalidad” que no existe, forzando las clases en línea para cumplir con las cuotas. Capacitando a los estudiantes de los últimos grados del gremio de la salud para fortalecer y enfrentar las deficiencias del sistema de salud.

Nuevamente el “compromiso social” de la universidad queda solo en papel y letras vacías. Necesitamos cambiar la universidad de raíz, y para ello los sectores que hoy toman clases en línea tienen también que voltear a ver a sus compañeros y compañeras más precarios.

Solamente con un potente movimiento estudiantil junto a los miles de docentes y trabajadores, podremos combatir la “desigualdad social” de la que habla la universidad y que es mucho más profunda que simplemente aplicar o no un examen de forma presencial.

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