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FEMINICIDIOS

#TuNombreFeminicidio: somos las indispensables pero nos siguen asesinando

Esta noche en twitter, el hashtag #TuNombreFeminicidio llegó al primer lugar de trending topics. Consiste en que las mujeres busquen en Google su nombre acompañado de la palabra “feminicidio”. Los resultados de las búsquedas son escalofriantes, no hay ni un nombre que no haya pertenecido a una mujer a la cual la violencia feminicida le arrebató la vida.

Miércoles 8 de julio

Valeria, Diana, Mafer, Gabriela, Kelly, María, Alma, son tan sólo algunos de los miles de nombres que se pueden leer en la red social.

En el marco de la pandemia no ha dejado de aumentar, y somos las mujeres uno de los sectores más golpeados por esta realidad. En Puebla se registra que hay un feminicidio cada 4.3 días. Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) enero Veracruz tiene 35 carpetas abiertas de investigación por el delito de feminicidio, Nuevo León tiene 30, la CDMX 29, Puebla 28, Jalisco 22, Morelos 16, Baja California 14 y Chihuahua 11.

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Según cifras oficiales entre enero y mayo hubo 375 delitos catalogados como feminicidio, esto implicaría que al día han habido tan sólo 2.4 crímenes de odio contra mujeres, cifra que dista mucho de la realidad, pues es sabido que en México se registran en promedio de 10 a 11 homicidios dolosos a mujeres, de los cuales tan sólo unos cuantos se tratan como feminicidios. Esto habla de lo carentes que son los registros del gobierno sobre la violencia hacia la mujer pues tampoco hay cifras sobre los feminicidios en los meses de cuarentena.

Esto no sorprende después de las declaraciones de AMLO sobre la falsedad de las denuncias por violencia y del incremento de las mismas, apelando a la fraternidad de la familia mexicana. El feminicidio y la violencia patriarcal son una realidad innegable en un país como México que mientras en aspectos como el salario es el último en la cola de la OCDE, mantiene el récord de feminicidios diarios desde hace décadas.

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La explicación de la fraternidad familiar no nos sirve de nada, pero tampoco los discursos de que México es machista así porque sí. La subordinación de México a EEUU -misma que ha implicado la militarización casi total del país y la generación de trabajos cada vez más precarios- nos ha cobrado una factura muy cara, la cual los gobiernos, unos tras otros, han hecho que paguemos las mujeres con nuestras vidas.

Pero no todas las mujeres por igual, son aquellas que viven en los barrios más precarios, controlados por el crimen organizado, aquellas que tienen que volver a su casa a altas horas de la noche, aquellas que no tienen independencia económica para salir de sus casas porque sólo pueden acceder a trabajos ultra precarizados; son las mujeres pobres y trabajadoras las principales víctimas de la violencia feminicida.

Esta pandemia no sólo ha hecho aún más cruenta la violencia contra nosotras, también ha evidenciado que las mujeres somos esenciales para el curso de la economía. Ocupamos los empleos peores pagados y con menos derechos, pero también son esos trabajos -la limpieza, la salud, el cuidado de enfermos, los servicios, la maquila- los que hoy son más indispensables que nunca para la reproducción social y para que los empresarios mantengan sus millonarias ganancias.

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Debemos hacer uso de ese lugar estratégico que ocupamos en la reproducción de la economía para, junto a nuestros compañeros, exigir un plan de emergencia contra la violencia hacia nosotras. Un plan efectivo que sólo podrá venir de la fuerza de la clase trabajadora, la cual componemos en un 40%.

El feminicidio no solo se ha vuelto un fenómeno social en nuestro país, también ha sido el discurso aleccionador para que las mujeres nos quedemos impávidas ante la realidad, imponiéndonos miedo de salir a las calles, de trabajar y de salirnos de los roles establecidos. Si bien estas campañas visibilizan la brutal realidad, no podemos simplemente hacernos parte de difundir lo que nos depara a las mujeres en un país como México. Es importante contrarrestar ese miedo con organización y movilización en las calles, para convencernos de que no somos las victimas impotentes que este sistema nos quiere hacer creer, sino que podemos ser sujetos transformadores de esta realidad, para que ninguna mujer pase por las violencias de las miles que hoy se muestran en las redes.

Para que nunca más encontremos en google millares de nombres de mujeres a las que este sistema patriarcal les arrancó la vida, organicémonos por condiciones dignas de vida, para acabar con las brechas salariales y con los contratos basura que los patrones nos ofrecen y así garantizarnos independencia económica; para pelear por plenos derechos laborales, guarderías, lavanderías y comedores públicos que impidan que estas tareas sigan recayendo en nosotras; para conquistar refugios transitorios para las víctimas de violencia financiadas con impuestos progresivos a los empresarios y con el fin del pago a la deuda externa; y para sacar a todos los militares de nuestras calles.

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Para que no haya ni una Guadalupe, ni una Claudia, ni una Itzamar, ni una Natalia, ni una Sofía más, tenemos que hacer mucho más que visibilizar la violencia feminicida.

Es necesario que todas las mujeres que hemos llenado las calles al grito de #NiUnaMenos y las que hoy se hacen parte de esta campaña vía twitter, luchemos de manera articulada, con una perspectiva anticapitalista que cuestione el sistema económica sobre el cual se mantiene y profundiza nuestra opresión y nos apostemos a transformarlo de raíz en alianza con los demás sectores oprimidos y explotados.






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