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Trump utiliza a Corea del Norte para apretar a China

Mientras EE.UU. agita amenazas de guerra contra Corea del Norte, su verdadero objetivo es Pekín.

Juan Chingo

Comité de redacción de Révolution Permanente

Viernes 17 de marzo | Edición del día

Estados Unidos está dispuesto a hacer uso de la fuerza contra Corea del Norte si es necesario. Así lo ha advertido este viernes el secretario de Estado, Rex Tillerson, tras reuniones con las autoridades surcoreanas en Seúl en la segunda etapa de su gira por Asia, cuyo objetivo visible es la búsqueda de una estrategia común para lidiar con la capacidad nuclear norcoreana. “Permítanme ser muy claro: la política de paciencia estratégica ha terminado. Estamos explorando una nueva serie de medidas diplomáticas y de seguridad. Todas las opciones están sobre la mesa”, indicó Tillerson, en una rueda de prensa junto al ministro surcoreano de Exteriores, Yun Byung-se.

La gestación de una nueva crisis en la península coreana

A mediados de febrero, Corea del Norte realizó una prueba de misiles balísticos de alcance intermedio. El primero de marzo, Estados Unidos y Corea del Sur dieron inicio a un ejercicio militar conjunto sin precedentes, tanto en escala como en intensidad. Estos ejercicios militares se extenderán hasta finales de abril e incluirán una cantidad significativa de fuerzas terrestres, aéreas y navales de ambos países, incluyendo activos estratégicos como los bombarderos B-52 y el portaaviones USS Carl Vinson. Y, a pesar de las objeciones de Rusia y China, Estados Unidos está acelerando el despliegue de un sistema antimisiles de Defensa de Área de Alta Altitud Terminal (THAAD) en Corea del Sur.

El mismo día en que Estados Unidos y Corea del Sur comenzaron sus ejercicios militares, el líder norcoreano Kim Jong-un inspeccionó la sede de la Gran Unidad Combinada 966 del Ejército Popular Coreano. Cinco días después, Corea del Norte lanzó cuatro misiles balísticos, uno de los cuales aterrizó a unas 200 millas de la costa de Japón. Estas pruebas han llevado a la mayoría de los expertos a creer que Corea del Norte ha ampliado significativamente sus capacidades nucleares y de misiles balísticos, e incluso conjeturar -de forma un poco fantasiosa tomando en cuenta los objetivos defensivos del programa misilístico norcoreano- que para el 2020 podrá colocar ojivas nucleares miniaturizadas en misiles de largo alcance que sean capaces de llegar a los mismos Estados Unidos.

¿Quieren realmente Trump y Tillerson una guerra con Corea del Norte?

No, verdaderamente. Lo que realmente quieren es convencer al resto del mundo de que EE.UU. va a considerar algún tipo de respuesta militar. Buscan que el mundo tema tanto esa posibilidad que aceptará otro tipo de respuesta. En otras palabras: si realmente no quieres guerra, entonces apoya algunas sanciones más duras contra Pyongyang (capital de Corea del Norte). De esta forma, las amenazas de guerra de Tillerson son probablemente una jugada calculada para conseguir que más países, especialmente Rusia y los países de la Unión Europea, se endurezcan de verdad. Pero un país es claramente el foco principal para Tillerson y la administración de Trump: China. Es así que poco después de las declaraciones belicosas de su secretario de estado, el presidente estadounidense mostró su verdadero juego en la red social Twitter: "Corea del Norte se está comportando muy mal. Ha estado jugando con Estados Unidos durante años. ¡Y China ha sido de poca ayuda!".

Rodeando a Pekín

China considera que el despliegue del sistema antimisiles THAAD infringe sus propios intereses estratégicos. Sus líderes temen que el radar de banda X de THAAD vaya a anular la capacidad nuclear de China para lanzar un segundo ataque, a la vez que piensan que Estados Unidos está avanzando con esta provocación como parte de un sistema más grande de defensa antimisiles del este de Asia, que resultará en una cooperación militar y de seguridad trilateral mucho mayor con Corea del Sur y Japón.

Para los EE.UU. la importancia de la decisión lo muestra dispuesto a seguir adelante sea cuales sean los avatares políticos en Seúl. Así, Susan Thornton, subsecretaria adjunta de la Oficina de Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico en el Departamento de Estado, al ser consultada durante una reunión en el Centro de Prensa Extranjera el 13 de marzo, si los EE.UU. respetarían si el próximo gobierno surcoreano cambiase de opinión sobre el despliegue de THAAD, Thornton respondió que Estados Unidos respetaría la soberanía de Corea del Sur pero que el despliegue del THAAD era "una decisión de la alianza" que "fue hecha en consulta y conjuntamente entre la República de Corea y los Estados Unidos". "El despliegue de THAAD no está relacionado con alguna constelación política u otra consideración", respondió.

Y el apriete a Pekín podría ir en aumento. Para muestra un botón: durante una reunión con el consejero de Estado chino, Yang Jiechi, en la Casa Blanca el 27 de febrero, Trump presionó considerablemente a China al sugerir que a menos que China tomara medidas activas para resolver el problema nuclear norcoreano, Japón no tendría más remedio que adquirir armas nucleares. Por su parte, Tillerson, durante su viaje ya ha planteado la posibilidad de un boicot secundario, lo que implicaría sancionar a las empresas chinas y otros países que hacen negocios con Corea del Norte.

Es en este clima deliberado de tensión sobre la península coreana que se desarrollará, a principio de abril, la primera cumbre entre Trump y Xi Jinping en los Estados Unidos. Es poco realista pensar que el gabinete de Trump espera que China apoye nuevas sanciones. Pero su apuesta es que si Pekín se debiera preocupar más por una acción militar en su propia frontera o en gestionar aún más las necesidades económicas de Corea del Norte después de que se impongan sanciones más severas, China será mucho más cauta en el Mar de China Meridional y en otras partes. Este el segundo verdadero objetivo del lenguaje duro de Tillerson contra Pyongyang.

Pyongyang una carga cada vez más pesada para China

Frente a los intentos de presentar a Corea del Norte solo como un régimen dirigido por un lunático, ya hemos explicado que desde 1990 con la desaparición de la URSS y el fin de la protección de Moscú, con la instauración de un viraje abiertamente restauracionista y pro-capitalista de la burocracia de Pekín y con el agotamiento de la dinámica extensiva de la industria norcoreana, el régimen de Pyongyang ha recurrido a maniobras político-militares buscando diferentes vías para encontrar una nueva ubicación en un mundo cada vez más hostil (ver Corea del Norte, ¿qué es?).

Pero estas acciones aventureras son cada vez más disfuncionales para el régimen de Pekín: sus demandas por un mayor respeto militar y económico es minada casi a diario por las pruebas de misiles y declaraciones provocativas de Kim Jong Un. Así China ha expresado su oposición a las pruebas de misiles de Corea del Norte y ha suspendido las importaciones de carbón de Corea del Norte en virtud de una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En respuesta, los medios de comunicación estatales norcoreanos llegaron a criticar a China implícitamente por “bailar al ritmo de Estados Unidos”. Pero, como vimos, para Washington esto es insuficiente y demanda que China pague todo su precio por la relación que aún conserva con Corea del Norte. Es esta utilización deliberada por parte de Trump y de los EE.UU. del conflicto norcoreano para sus verdaderos objetivos en relación a China la que una vez más calienta el conflicto en la península coreana.








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