Mundo Obrero México

GRAN TRIUNFO

Tres trabajadoras estatales precarias arrancan reinstalación al gobierno de la CDMX

Después de meses de lucha, de denunciar los cientos de miles de despidos en el sector estatal, la precarización laboral y la represión política, Ameyali Mancilla, Alejandra Sepúlveda y yo, Flora Aco, nos reincorporamos al trabajo, arrancando la reinstalación al Gobierno de la Ciudad de México.

Jueves 6 de febrero | 16:14

Somos trabajadoras precarias que decidimos alzar la voz contra los despidos injustificados y la violación sistemática a los derechos laborales. Mujeres que en el país del feminicidio y las desapariciones no quisimos callar ante la violencia que implican los trabajos precarios, los cuales ocupamos principalmente las mujeres.

Desde su campaña electoral, la Cuarta Transformación colocó como un eje central de su propuesta una política de ajustes que llamó “austeridad republicana”.

En su retórica, la “austeridad” buscaba acabar con los privilegios de los altos funcionarios. Sin embargo, lejos de eso, anunció más de 222 mil despidos de trabajadoras y trabajadores estatales, que han afectado en su mayoría a los más precarios y en un 65% a mujeres.

Para luchar contra los despidos injustificados y por plenos derechos laborales en el sector estatal, a finales del 2018 lanzamos en la Ciudad de México la campaña #QueremosTrabajoDigno junto a muchos compañeras y compañeros.

Reflexionamos con todas y todos ellos y vimos la necesidad de visibilizar que la precarización no es normal, que no deberíamos despertar cada fin de mes sin saber si mañana tendremos trabajo, pedir prestado cada vez que enfermamos o enferma nuestra familia, por no tener servicio de salud ni cobrar con tres meses de atraso.

A su vez, decidimos enfrentar un importante ataque a un sector de la clase trabajadora, llevado a cabo por un gobierno que aprovechó el gran apoyo y las ilusiones que despertó en millones que lo votaron, para continuar con la violación sistemática de derechos laborales que llevaron a cabo los gobiernos neoliberales, y dejó a miles de familias en las calles, lanzando a su vez una campaña de desprestigio que nos tachó de “aviadores” a quienes hacemos funcionar las instituciones públicas.

El DIF, un ejemplo de la violación sistemática a los derechos

Nosotras trabajábamos en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la Ciudad de México, un organismo que dice velar por los derechos humanos y el bienestar de las familias, pero vivíamos su violación y los ataques a nuestras condiciones de vida. Por oponernos a estas injusticias es que comenzó el hostigamiento laboral hacia nosotras.

Nuestras condiciones no son aisladas, tan solo en la Ciudad de México hay casi cien mil personas que trabajan precariamente en las instituciones públicas. Por eso a las autoridades del DIF les dio tanto miedo que nuestra voz resonara y quisieron callarnos despidiéndonos.

Nuestras demandas hacían eco en las brutales historias de las dependencias: trabajadoras obligadas a regresar al trabajo apenas una semana después del parto, las y los que huyen de balaceras, sufren accidentes o enferman y aparte de los gastos médicos tienen que pagar las suplencias. Hierve la sangre de ver a los altos funcionarios que hacen eso hablar de derechos.

Un despido político

En febrero del 2019, después de dos meses sin cobrar, los trabajadores precarios del DIF nos encontramos con una disminución salarial de hasta el 15 %, tras una pequeña lucha en la que participamos con paros y protestas, las autoridades aplicaron una disminución del 3%. El ajuste se realizó en todos los niveles salariales, aún aquellos con salarios mensuales debajo de 5 mil, los cuales tienen más de diez años que no aumentan.

En todos los espacios la directora del DIF, Esthela Damián, decía que ella también se “apretó el cinturón”, pero en realidad se había aumentado 5% el salario, ganando más de 150 mil pesos mensuales con prestaciones.

Después de esa lucha, las autoridades quisieron por todos los medios frenar la organización. Primero intentaron la cooptación, pero cuando dejamos claro que nuestra lucha era por plenos derechos para todas las personas trabajadoras se recrudeció el hostigamiento laboral.

Finalmente, en junio, la patronal quiso avanzar despidiendo a Alejandra Sepúlveda, a pesar de saber que tenía a ese momento tres meses de embarazo.

Tras su despido, a Ameyali y a mí nos abrieron un proceso administrativo en el que nos acusaron de “lesiones al DIF”, abriéndonos fichas “policiacas” del día a día de la lucha. Fue claro que querían difundir que nuestro despido era político y así aleccionar al resto de las y los compañeros.

Sin embargo, frente a estas arbitrariedades, muchas personas trabajadoras del sector estatal nos hemos convencido que solo organizados podemos frenar los ataques a nuestras condiciones laborales y avanzar en la conquista de nuestros derechos, por ello decidimos que no bastaba con una campaña: necesitábamos avanzar en la construcción de una agrupación clasista y combativa, que nos permitiera mayor fuerza para ésta y más batallas que se avecinan.

La necesidad de avanzar, la posibilidad de vencer

Todo el tiempo querían convencernos de que nuestra lucha era imposible, nos decían que no teníamos relación laboral por lo que no podíamos exigir derechos. Más locura les parecía que nuestra exigencia sea derechos para todas las y los trabajadores, ante ello un día la directora del DIF dijo que nuestras demandas eran “soviéticas” (comunistas).

Las autoridades quieren quebrarte, castigarnos por luchar. Pero a pesar de lo que significó, por ejemplo, para Alejandra enfrentar el despido con un embarazo de riesgo, la lucha por nuestra reinstalación no solo era por nosotras, ya se había convertido en una pelea testigo.

Sabíamos que tenía que ser la inspiración de una batalla en un contexto de despidos masivos y violación a derechos laborales.

No es difícil notar que aunque las autoridades quieren convencerte de confiar en ellas, no tardan en violar los acuerdos, dejando claro que lo que se conquista solo pasa por doblegar su voluntad con movilización y organización.

La lucha por la reinstalación no la podíamos dar solo lxs compañerxs del DIF, teníamos que construir la más amplia unidad con otras personas trabajadoras, con organizaciones políticas y sociales que comparten la lucha por derechos laborales y contra los despidos, con abogados democráticos y con los sindicatos que se reclaman combativos. Un frente único conquistado a través del Foro de Luchas Sociales y una coordinación con un plan conjunto para arrancar nuestras demandas.

Fue muy importante la solidaridad recibida de estos sectores, nos sentimos acompañadas, la solidaridad económica nutrió el fondo de lucha para que el hambre no nos quebrara, dotaron de fuerza cada acción y nos convencimos de que nuestros padecimientos y enemigos son compartidos.

La situación de los trabajadores estatales

Fueron meses de movilizaciones, mítines, un plantón, de estar difundiendo en cada espacio lo que hemos aprendido en este camino. Este triunfo demuestra que peleando decididamente, buscando la más amplia unidad con nuestros aliados y sobre todo ampliando nuestra organización podemos no solo dar grandes peleas, sino arrancar conquistas.

Una victoria al servicio de nuestra clase

Hoy tenemos una victoria pero sabemos qué batallas vienen más, en primer lugar para frenar los despidos masivos que siguen dejando a miles de familias en la calle, para reinstalar a las y los despedidos, conquistar derechos laborales y frenar la represión política por la que recientemente despidieron a las y los profesores de la asamblea de la UACM que vienen peleando por basificación.

Pero no queda ahí, tenemos que cambiarlo todo, cambiar este sistema de raíz que, aunque a veces nos brinda migajas, siempre vuelve a profundizar la explotación y ampliar la miseria para garantizar las ganancias de unos pocos.

Para eso las y los trabajadores tenemos que organizarnos políticamente, junto a la juventud y las mujeres tras una perspectiva socialista y revolucionaria. Es por eso que yo milito en el MTS, cuyos camaradas vi codo a codo y día con día, no solo como respaldo, sino porque estamos convencidas de que cada triunfo puede fortalecer a toda nuestra clase con lecciones y con moral.

La fuerza de la clase trabajadora no pasó a la historia, hoy la lucha en Francia lo demuestra, pero pronto puede ser en todo el mundo y ahí vamos estar, ahí estamos.






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