Internacional

MEDIO ORIENTE

Tensión en la Embajada de EE. UU. en Irak

Fin de año caliente. Miles de manifestantes rodearon la Embajada de Estados Unidos en Bagdad, en la que irrumpieron este martes en protesta por el ataque de Washington contra las milicias chiíes, que dejó 25 muertos el último domingo. Aumentan las tensiones entre EE. UU., Irak e Irán.

Salvador Soler

@SalvadorSoler10

Martes 31 de diciembre de 2019 | 15:36

Reuters

En respuesta al ataque norteamericano a milicias pro-iraníes en suelo iraquí, miles de manifestantes se movilizaron hacia la “Zona Verde” en Bagdad, símbolo de poder que aloja a la casta política iraquí, militares y funcionarios norteamericanos. Bajo el lema de "muerte a América", los manifestantes y milicianos irrumpieron en el complejo de la Embajada de Estados Unidos. Principalmente penetraron en la oficina de información para quemarla por completo, además de incendiar los muros exteriores del edificio y varias torres de seguridad.

Hubo enfrentamientos con las fuerzas represivas estadounidenses con piedras y palos. Los guardias estadounidenses emplearon métodos antidisturbios dejando al menos 20 de los manifestantes heridos por los gases lacrimógenos y disparos de bala, según dijeron las Fuerzas de Movilización Popular en su cuenta de Twitter sin ofrecer más detalles.

También se han quemado banderas estadounidenses y arrancado las cámaras de seguridad, después de que las fuerzas especiales de seguridad de Irak se desplegaron delante de las puertas del edificio para impedir su entrada, y evacuar al embajador y parte del personal diplomático.

Las fuerzas represivas iraquíes avanzaron para defender la Embajada de EE. UU., aunque no entraron en los enfrentamientos porque supuestamente los superaban en número. Sin embargo, en las protestas anteriores liquidaron a cualquiera que cruzara las murallas de la “Zona Verde”, lo que muestra que pudo haber habido una liberación de la zona para los grupos pro iraníes, luego de que el Gobierno iraquí emitiera un comunicado repudiando el ataque del domingo de EE. UU. que dejó al menos 25 militantes chiitas muertos.

En un comunicado, el Ejército iraquí había ratificado la condena del Gobierno a los ataques norteamericanos, pero pidió a los manifestantes que se mantengan alejados de las embajadas extranjeras: "Cualquier ataque contra embajadas o representantes extranjeros será firmemente impedido por las fuerzas de seguridad y castigado por la ley con las penas más severas". Sin embargo la situación escaló este martes.

Los manifestantes, si bien pocos de ellos estaban armados, la mayoría eran miembros de Fuerzas de Movilización Popular – la milicia atacada el domingo- y otros grupos de combate que técnicamente son supervisados ​​por el ejército iraquí, y aliados a milicias respaldadas por Irán y que se oponen a la presencia norteamericana en Medio Oriente. La gran mayoría de estos grupos se formaron para enfrentar al ejército del Estado Islámico. Durante la manifestación se vieron ondear las banderas de Hezbollah, el partido ejército libanés aliado a Irán, y otros grupos milicianos.

El asalto a la Embajada despertó la ira de Donald Trump que culpó rápidamente a Irán tanto por la muerte de un contratista estadounidense en Kirkuk (con lo que Estados Unidos justificó los ataques del domingo), como por el asalto al complejo de la embajada, que los calificó como "un ataque", y agregó que el Gobierno iraquí es responsable de la seguridad del complejo y sus funcionarios. “Irán mató a un contratista estadounidense e hirió a muchos. Respondimos fuertemente, y siempre lo haremos ”, escribió en Twitter. “Ahora Irán está organizando un ataque contra la embajada de los Estados Unidos en Irak. Serán completamente responsables. Además, esperamos que Irak use sus fuerzas para proteger la Embajada, ¡están notificados!"

El tamaño de la respuesta estadounidense, de cinco ataques en Irak y Siria que mataron a dos docenas de combatientes e hirieron decenas, provocó la condena de todo el espectro político y religioso en Irak, y acusaciones de que Estados Unidos había violado la soberanía iraquí. Los ataques aéreos de la noche del domingo dejaron al menos 25 combatientes iraquíes muertos y 51 heridos. Esto ha provocado una ola de indignación en el país, en un contexto de rebelión popular espontánea contra la clase política iraquí aliada a Irán. De esta manera, los bombardeos reavivan también el sentimiento contra la presencia estadounidense, que a pesar de sus discursos de abandonar Medio Oriente, muestran que están muy lejos de este objetivo, siendo su principal preocupación establecer límites a la influencia iraní en la región.

Esta situación constituye una de las más graves crisis políticas para Estados Unidos en Irak desde la intervención militar en 2003, lo que supone un importante revés en las relaciones entre Washington y Bagdad, dejando su influencia tambaleante en la región. De esta manera, el Gobierno iraquí junto a Irán, utilizan el sentimiento anti-norteamericano, para aplastar el proceso de movilización popular que puso en cuestión la injerencia de Irán en Irak. Esta situación de inestabilidad política y social abierta desde la 2003, que reitera una y otra vez la estrategia norteamericana de intervenciones militares para destituir gobiernos como en Libia y Siria en favor de sus intereses estratégicos, no hacen más que provocar mayores peligros para las masas de Medio Oriente, elevando las tensiones a posibles nuevas guerras.






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