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Sudán: entre el levantamiento de las masas y la geopolítica

En los últimos cuatro meses somos testigos de un enorme proceso de movilización en Sudán, llamado la revuelta del pan. Un racconto de su trasfondo histórico.

Sábado 20 de abril | 08:42

Sus reivindicaciones pasaron a ser un gran cuestionamiento al régimen de conjunto del país africano. La potencia de las masas provocó la caída del brigadier Omar Al Bashir, hoy en prisión, que se sostenía en el poder desde 1989 cuando dio un golpe militar, aunque luego legalizó su figura a base del fraude electoral.

El jueves 11 de abril el ejército se hizo del mando con un golpe para frenar el proceso instalando el Consejo Militar de Transición, liderado por el general Ahmed Awad Ibn Auf, ex vicepresidente de Al Bashir. Los primeros anuncios del CMT son que estarían 2 años en el poder para reorganizar el estado para luego llamar a elecciones “libres y justas” sobre la base del toque de queda, cierre de fronteras y espacio aéreo, la suspensión de las garantías constitucionales, el alto el fuego en los territorios en conflicto, entre otras medidas.

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Sin embargo, la presión de las masas ha hecho caer a varios ministros militares en pocos días y aún se mantiene en pie sin cerrar el proceso. Allí se viene destacando una espectacular presencia femenina, adoptando como ícono de la lucha a Alaa Salah, una joven estudiante de arquitectura, con todo lo que eso implica en un país musulmán. Además de una gran cantidad de jóvenes y estudiantes, liderados por la Asociación de Profesionales Sudaneses que aglutina a los principales sindicatos.

Este jueves se movilizaron decenas de miles en Jartum con la exigencia de la caída del gobierno militar, con un comunicado en rueda de prensa que anuncia para este domingo 21 de abril los nombres de los candidatos para un Gobierno Civil.

El trasfondo histórico de la situación actual

Intentaremos explicar qué pasaba en Sudán y cuál es su importancia geopolítica para comprender el proceso actual.

Sudán es un país 40 millones de habitantes, con una gran crisis económica ligada a una abultada deuda externa, falta de recursos esenciales como alimentos, medicamentos y agua. Su historia reciente está atravesada por luchas intestinas de raíces religiosas, étnicas y tribales.

Su importancia es geoestratégica. Es un país muy rico en minerales, pero sobre todo en petróleo y gas. También cuentan con el paso del río Nilo, que abastece de agua a todo el norte de África. Previo a su independencia del dominio anglo-egipcio en 1956, Sudán atraviesa enromes contradicciones internas. Por un lado, por la política británica de mantener las regiones del norte y el sur separadas, por otro las cuestiones religiosas: en el norte hay una aplastante mayoría musulmana, y al Sur cristianos y animistas (shilluk, nuer, dinka, entre otros).

La independencia llevó al poder a una administración nacionalista árabe que tuvo la política sistemática de arabización e islamización del Sur cristiano y animista. Esto desató una revuelta sangrienta, la de los Anyanya, donde se logró una impresionante alianza de las tribus animistas. Se libraron dos guerras importantes, la Primera Guerra Civil con el Sur, desde 1955 a 1972, y la Segunda de la misma raíz, desde 1983 hasta 2005, donde se termina de reconocer a ambos gobierno, Juba en Sudán del sur, y Jartum en Sudán.

Este conflicto aún persiste, incluso en 2011 se firma la independencia de Sudán del Sur, pero los combates entre ambos países no cesan. Las provincias de Kordofan del Sur y Nilo Azul, aún en pie de guerra, han quedado devastadas, miles fueron desplazados o murieron de inanición camino a los campos de refugiados y 2 millones de niños siguen sin acceso a la escuela.

Sudán, donde se encuentran todas las refinerías, busca empujar continuamente su frontera para controlar la mayor parte posible de los recursos que están en el sur. En esa zona se concentran todo tipo de grupos armados, sudaneses del sur, guerrillas autónomas tribales, etc. Allí se concentran el 80% de las reservas de petróleo, gas y agua, además de las inversiones más importantes de China. Este conflicto, desangró durante años al país. Sudán del Sur está ahogado en la miseria por no poder disponer de la capacidad instalada en el norte, ni por acceder al Mar Rojo, donde se encuentran los puertos sudaneses y la cercanía estratégica al Canal de Suez donde pasa casi la totalidad del comercio entre Asia y Europa.

De la misma manera, Sudán permanece en una crisis humanitaria en parte por no poder tener acceso a procesar los recursos del sur y por mantener guerras interminables. Una de ellas fue el genocidio de Darfur en 2003, por el cual Al Bashir tiene pedido de captura por la Corte Penal Internacional (CPI) que le imputa 400.000 muertos y crímenes de guerra contra Sudán del Sur. Además de formar parte del Consejo de Colaboración del Golfo (CCG) donde aporta miles de soldados y vehículos militares apoyando la agresión de Arabia Saudí a Yemen.

El retroceso hegemónico del imperialismo en toda la región, que dio aire a la Primavera Árabe, generó le revaloración de los países africanos como apuestas geoestratégicas. China viene en este sentido haciendo una apuesta monumental de inversiones en toda la región del cuerno de África para expandir sus aspiraciones imperialistas por un lado, y para poder evadir el alcance arancelario de EEUU.

Estas inversiones están relacionadas a la extracción de recursos petroleros acompañando la modernización de la infraestructura de África, lo que atrae a varios de estos países a hacer acuerdos con el gigante asiático. Por eso el plan a futuro de instalar empresas chinas, viene algo truncado por los conflictos permanentes desatados.

La “comunidad internacional” reconoció en tiempo récord la independencia de Sudán del Sur socavando las inversiones chinas. A su vez el gigante asiático, por la importancia geoestratégica de esta región, también avanzó en la instalación de bases militares muy importantes en Eritrea y Yibuti, desplegando 5000 soldados chinos.

Además, otras potencias tienen intereses militares en la región, como Rusia con la venta de armas a Al Bashir, o Egipto y Etiopía en la disputa por la región del Nilo Azul, fuente de agua y capacidad de generar electricidad con el proyecto de la Gran Presa del Renacimiento Etíope. Incluso Israel es vendedor de armas a Sudán del Sur, mientras EEUU corta el aprovisionamiento internacional recién en 2018, habiendo colaborado en la extensión del conflicto.

¿Hacia una nueva Primavera Árabe?

Las movilizaciones en Sudán, así como las de Argelia, tienen un cuestionamiento profundo a estos regímenes. El caso de Sudán, es un régimen que se basó en el racismo y la guerra, dejando hundidos en la miseria a millones de personas sin acceso al agua, alimentos básicos o medicamentos.

Estos procesos plantean que el fantasma de la Primavera Árabe aún recorre África, luego de una oleada reaccionaria con las guerras civiles en Libia y Siria, el golpe en Egipto, y el gobierno de la Hermandad Musulmana en Túnez.

El impulso al rechazo a un gobierno militar centrado en los llamados “hombres fuertes”, puede contagiar toda la región. Aún está por verse qué salida lograrán las masas. Lo que queda claro es que algunas de las regiones más olvidadas por la prensa internacional están sacudiendo los intereses imperialistas.






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