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Soy mujer, soy trabajadora social y soy precarizada

Publicamos el testimonio anónimo de una joven profesionista de Hermosillo, Sonora. Como ella, miles de mujeres y jóvenes cada año se enfrentan a las terribles condiciones de precarización laboral en todo el país.

Lunes 15 de abril | 19:05

Hace un año y medio terminé mi licenciatura en Trabajo Social. Actualmente me encuentro laborando para un programa social del gobierno, cuyo propósito es disminuir la pobreza y marginación a través de capacitaciones para el trabajo y apoyo asistencial con entrega de despensas, así como también pláticas sobre desarrollo humano, nutrición y educación financiera.

Este programa se lleva a cabo en los centros de desarrollo comunitario que se encuentran dentro de las colonias con altos índices de vulnerabilidad y violencia. Mi trabajo consiste en el acompañamiento y seguimiento de las familias.

Pero ¿qué significa trabajar para el municipio desde mi posición? Significa precarización laboral: soy una mujer que no cuenta con un contrato laboral, sin posibilidades de ascender, sin derechos laborales, sin seguridad social y con una profesión que se encuentra desvalorizada en México, pero muy necesaria para la atención social y comunitaria. Entonces ¿por qué nuestros salarios son tan bajos?

Mi situación económica es tan precaria que no recibo un salario hasta finalizar el programa, es decir, tengo que esperar exactamente 5 meses para poder percibir mi salario. Aunado a esto, considero que la falta de seguro médico me deja completamente vulnerable, pues necesito atender mi salud mental, ya estoy diagnosticada con trastorno de ansiedad y ataques de pánico, mismos que he tenido que aguantar y resistir porque una consulta psiquiátrica particular cuesta alrededor de 900 pesos.

También tengo ovarios poliquísticos y mi tratamiento requiere la compra de pastillas anticonceptivas con un valor de 350 pesos, cada 21 días por 4 meses. En mi caso, estoy sobreviviendo con el apoyo de mi pareja y mi familia, sin embargo, es preocupante porque las empresas no contratan si no tenemos la experiencia necesaria y este tipo de trabajos son parte de los sacrificios que tenemos que hacer para ingresar al campo laboral, teniendo que pasar por malas condiciones laborales, la falta de trabajo y la explotación misma.

Yo decidí estar aquí para juntar experiencia para el trabajo social, sin embargo, lo que aprendí es que el trabajo social tiene que ser consciente, crítico y tiene que estar basado en la realidad social a nivel internacional y en México. Escribo esto porque yo también me identifico esas familias que están dentro del programa, sin embargo, las familias no saben mi condición laboral.

A nosotras las mujeres jóvenes y precarizadas, nos toca luchar y alzar la voz, ya me tocó ver a trabajadoras de Pepsico en Argentina, a las obreras huelguistas de Matamoros y cientos de rostros de mujeres que se han sumado a la lucha por mejores condiciones laborales. Después de todo no estoy tan sola, la realidad es que somos muchas a las que nos tienen bajo estas terribles condiciones, por eso nuestra pelea también implica asumirnos como sujetas políticas para dar la batalla a nuestros derechos laborales y por una vida digna.






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