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TRIBUNA ABIERTA

Situación laboral y salarial de la planta docente en la UNAM

Esta es la primera parte de una serie de colaboraciones enviadas por un profesor adjunto de la Facultad de Economía de la UNAM. El autor aborda la situación laboral y salarial de la planta docente de la máxima casa de estudios desde el análisis de las implicaciones del Programa de Renovación de la Planta Académica de la Universidad.

Jueves 11 de octubre | 11:47

La situación laboral de la mayor parte de la planta docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una coyuntura complicada de la cual se debe prestar una atención especial. En este texto, quiero articular tres cuestiones fundamentales para conocer la situación actual respecto a la condición laboral y la condición salarial de los profesores de la máxima casa de estudios y asimismo de la dignificación del trabajo docente.

Me parece que el asunto primordial nace de la elaboración del Programa de Renovación de la Planta Académica de la UNAM. Según la comisión de funcionarios de la Rectoría, la aplicación de dicho programa tiene como objetivo el impulso de una planta académica equilibrada en términos de experiencia y juventud, con la finalidad de mejorar constantemente las actividades académicas, es decir, docencia e investigación.

La Reforma en la Planta Académica de la UNAM representa un criterio en el que se debería aumentar la productividad académica en el sentido que el docente- investigador se vuelva una inspiración de superación de los alumnos, pero este proceso se detiene cuando sabemos que es casi inexistente la creación de nuevas plazas para la inserción de candidatos. El análisis de la realidad implica conocer que este programa representa un futuro incierto, pues dirige su verdadero objetivo a dos consecuencias que tienen como fundamento la productividad humana respecto de la edad.

La primera consecuencia es la necesidad de los profesores que cuentan con la categoría de asignatura o ayudante para realizar una carrera académica de forma diligente e impecable antes de los 37 años en hombres y 39 años en mujeres. Si bien, parece ser que los concursos de oposición en las facultades implican una serie de requisitos que comprometen a estar más de diez años trabajando arduamente entre la preparación de posgrados, cursos de actualización, diplomados, seminarios, etcétera. Estos requisitos representan la productividad humana respecto a las actividades académicas, pues se necesita adquirir más conocimiento en el mejor tiempo posible.

Entretanto, el tiempo ha transcurrido y la esperanza continua en la insuficiente apertura de concursos de oposición para concursar y ganar un salario digno que represente la posibilidad de cubrir, totalmente, las necesidades del ser humano.

La segunda consecuencia es la eliminación de candidatos(as) mayores a 37 y 39 años que buscan la superación académica para obtener un salario que represente el largo camino que han transcurrido con la interminable lista de actividades como posgrados, coloquios, etcétera. La cuestión es que dichos candidatos han rebasado la “edad productiva” para obtener una plaza de tiempo completo que represente sus capacidades en el ámbito académico de la máxima casa de estudios. Es absurdo y arbitrario pensar que 37 años (en hombres) y 39 años (en mujeres) son edades en las que un profesor no puede lograr un salario equiparable a su capacidad cognoscitiva.

Me parece que las autoridades deben pensar en que el proceso de conocimiento no tiene barreras, contrariamente el conocimiento aumenta gradual y continuamente con el paso del tiempo, pues la sabiduría se conforma en la madurez.

[Continúa]

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