Mundo Obrero México

ELECCIONES 2018

Sindicato de Telefonistas y las elecciones presidenciales

Está por definirse si López Obrador y el Morena ganan las votaciones o se orquesta un nuevo fraude para impedirlo. ¿Cuál es la posición de la dirigencia del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) y qué debate se abre sobre la “autonomía sindical”?

Viernes 29 de junio | 18:46

Como no lo hizo en las dos elecciones presidenciales anteriores donde también contendió AMLO -ni con cualquier otro candidato en sus 42 años como Srio. Gral. del STRM- Francisco Hernández Juárez (FHJ) llama a la base telefonista a favorecer al “candidato de izquierda” en las urnas y a “vigilar el voto”; haciendo a un lado sus lazos perredistas y sumándose a la desbandada de ese partido.

El argumento de la dirigencia sindical para convencer a más de 50 mil trabajadores y trabajadoras es que un gobierno del Morena favorecería a Telmex, al “sindicalismo democrático” y a la clase trabajadora con “justicia laboral”. De ahí que los problemas internos, originados por políticas neoliberales como la “privatización de Teléfonos de México”, o la “separación funcional” de Telmex, pasen a segundo plano y por ahora “lo más importante” sea ayudar a que Obrador llegue al gobierno federal.

De acuerdo con esta estrategia político-sindical, de alianza y colaboración con el político tabasqueño y su partido, “entorpecer” el proceso electoral con un conflicto sindical sólo abonaría a que continúen en el poder los mismos partidos (PRI-PAN). Por ello, el pasado 11 de junio, la dirección telefonista “prorrogó” por novena ocasión el estallamiento de huelga contra la “separación funcional” de Telmex y decidió posponerla hasta la segunda semana de enero del 2019, una vez que Obrador “asuma el poder” para negociar con él asuntos como la “reforma en telecomunicaciones” y la “separación funcional”.

¿Por qué el STRM debe defender su independencia y autonomía respecto al gobierno y las instituciones?

El Sindicato de Telefonistas ha pospuesto durante año y medio el estallamiento de huelga contra la “división de Telmex”, decretada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) en febrero del 2017, como medida de lucha ante las reformas contra los derechos laborales y contractuales a los telefonistas.

Las primeras “prórrogas” sindicales obedecieron la solicitud de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS), que buscaba hacer tiempo para “platicar con el IFT” o para atender asuntos más “urgentes”. Luego el Instituto pidió más días para discutir el tema en sus plenos. Después se pospuso para llegar a un acuerdo con la empresa e incluso se hizo coincidir el emplazamiento con la agenda de la Cámara de Diputados o para negociar con el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN).

Como resultado de esta estrategia de pactos y acuerdos con el gobierno, las instituciones, los partidos patronales del Congreso y la empresa para garantizar
la estabilidad política que requiere el gobierno y las ganancias de los patrones- exigencia de la “separación funcional” y la amenaza sobre el CCT telefonista continúan latentes. Por eso el IFT le pidió a la empresa presentar, en el primer trimestre de 2019, la lista del personal de Telmex que se “transferirá a la nueva compañía”.

Es decir, que lejos de que el sindicato esté al servicio de la defensa de nuestros intereses como trabajadores –defendiendo su derecho a la autonomía sindical- se ha convertido en un instrumento de la clase dominante para frenar nuestros reclamos.

Ya son años de que el STRM, al igual que otras organizaciones sindicales que se reclaman democráticas, han acabado con nuestra necesaria independencia sindical y política ante al estado. Esta entrega permitió que en las últimas décadas, los gobiernos neoliberales pudieran imponer sus planes antiobreros sin mucha dificultad. Por eso para Hernández Juárez, es tan importante su permanente reelección

Para la dirección telefonista no existe otro camino más que el legal e institucional; cualquier forma de lucha independiente y combativa es considerada “peligrosa” por estar “condenada a la derrota”.

De esta manera, justifica que no nos movilicemos en las calles, o que no recurramos a la huelga o el paro como instrumentos de lucha. Pero es precisamente la adaptación sindical hacia el régimen político y a los distintos gobiernos en turno lo que ha permitido las sobrecargas de trabajo, la contratación outsourcing y la inseguridad en la conservación de los puestos de trabajo.

No somos los trabajadores quienes debemos adecuarnos a los tiempos y a las decisiones de “los de arriba”, sus partidos e instituciones. Al contrario, el sindicato debe responder por nuestras demandas y no subordinarlas a la clase dominante.
Ya anteriormente, nuestros dirigentes nos subordinaron a los intereses del PRD -que le dio una diputación a Hernández Juárez como premio-, y por esa vía subordinó al STRM al régimen político que nos impuso el Pacto por México y las reformas estructurales.

Hoy, FHJ llama a que sigamos renunciando a nuestra independencia política y autonomía sindical para subordinarnos al Morena. Pero una cosa es que cada trabajador ejerza su derecho a votar por la opción política que prefiera, y otra que como sindicato apoyemos a un partido que critica aspectos brutales del liberalismo, pero no representa a la clase trabajadora. Y que además, va en alianza con sectores reaccionarios y con tránsfugas del PRI, el PAN y el PRD.

Seguramente el próximo 1º de julio se expresará en las urnas un enorme rechazo hacia la antidemocracia y corrupción del régimen y hacia las políticas antiobreras y antipopulares impuestas durante hace décadas por el PRI-PAN-PRD.

Pero una cosa es que como sindicato nos movilicemos contra todo fraude que orqueste la casta política (así como todo fraude en una elección interna en el STRM), y otra que renunciemos a nuestra autonomía e independencia sindical y política.
Por ello, necesitamos un sindicato independiente y combativo que, en base a la más amplia democracia interna y la autonomía sindical, discuta cómo organizarnos contra los ataques a nuestras conquistas y votar planes de lucha ajenos a las maniobras de patronal, el régimen y sus partidos.






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