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Siete hechos que marcaron a fuego el 2017

De la asunción de Trump y sus ataques contra México, pasando por una estela de luchas obreras en distintos puntos del país, hasta la votación de la reaccionaria Ley de Seguridad Interior y el inicio de las precampañas electorales.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 30 de diciembre de 2017 | 12:47

2017 se apaga. Dejamos atrás gasolinazos, inflación, escándalos de corrupción, luchas de maestras, profesores, trabajadoras y trabajadores de la salud, mineros, obreras y obreros de las maquilas, los sismos y la catástrofe que provocaron las fallas en construcciones avaladas por altos funcionarios públicos.Presentamos aquí un breve recorrido por el duro año que atravesamos.

Enero inició con la llegada de Trump a la Casa Blanca, que fue recibido por la Women’s March y distintas protestas contra el magnate devenido presidente. Para México, a lo largo del año llovieron las amenazas ya anunciadas durante su campaña electoral: la financiación del muro fronterizo a través de impuestos o retenciones de las remesas, la multiplicación de las detenciones de migrantes, la renegociación del TLCAN, y como cereza del postre, la reforma fiscal recién votada en Estados Unidos. La consecuencia: incertidumbre del panorama económico y el debilitamiento del peso mexicano frente a la divisa estadounidense, mientras el gobierno de Peña Nieto mantiene la subordinación al gobierno de Trump.

Cómo olvidar los primeros días de enero, cuando el anuncio de la liberación del precio de las gasolinas -popularizado como “gasolinazo”- detonó el coraje en distintos puntos de México y se sucedieron las protestas multitudinarias en más de 17 estados. El incremento del precio de las gasolinas fue uno de los motores a lo largo de todo el 2017 del alza del transporte y del costo de los productos de la canasta básica. Como siempre, las familias trabajadoras y de los sectores populares nos llevamos la peor parte.

También en enero se denunció que durante la administración del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, del PRI, se habían aplicado medicamentos falsos a niños con cáncer. No fue la única acusación sobre este priista, pero fue una de las más dolorosas. A lo largo del año se dieron a conocer otros escándalos de corrupción que desgastaron al PRI, como la detención en EE.UU. de Edgar Veytia, fiscal general de Nayarit, por vínculos con el crimen organizado. Quedó pegado al caso el priista Roberto Sandoval, gobernador de la entidad. Se multiplicaron los casos de gobernadores corruptos relacionados con el narcotráfico: Tomás Yarrington (exgobernador de Tamaulipas), Roberto Borge (Quintana Roo), César Duarte (Chihuahua).

En 2017, el PRD y el PAN acompañaron al PRI en la exhibición de lujos de sus principales figuras. Fue el caso del departamento de lujo de Alejandra Barrales, líder nacional del PRD, y de las propiedades de Ricardo Anaya del PAN. Y mientras los de arriba ostentan su riqueza, los de abajo vieron cómo sus salarios cada vez alcanzan para menos, y necesidades básicas como la salud y la vivienda se vuelven cada vez más inalcanzables.

Para los trabajadores de prensa, 2017 fue uno de los años más peligrosos: 13 reporteros fueron asesinados, entre ellos Miroslava Breach y Javier Valdez, ambos periodistas críticos que se atrevieron a investigar y dar a conocer distintos casos de vínculos de altos funcionarios de gobierno con el crimen organizado. Pero no se mata la verdad asesinando periodistas, y se realizaron numerosas protestas por justicia y en defensa de la libertad de expresión.

2017 se inscribirá también en la historia de la clase trabajadora de México como un año en el que trabajadoras y trabajadores de distintos sectores salieron a los calles a resistir los ataques del gobierno y los empresarios aun en condiciones desfavorables.

En Oaxaca y Chiapas trabajadoras y trabajadores de la salud y la educación se movilizaron en distintos momentos, los primeros con la exigencia de insumos para hospitales y otras demandas laborales, los segundos contra la aplicación de la reforma educativa. También en Michoacán maestros de primaria y educación media salieron a luchar.

En el norte de México, en Baja California destacó la lucha de maestros por pagos de salarios y pensiones atrasadas, de telefonistas y también de trabajadores de la salud. En Tamaulipas, un estado del que suena sobre todo el nivel de violencia y la disputa de cárteles del narco por las plazas, obreros de maquilas como Delphi y RBC realizaron paros por aumento salarial y contra despidos. Mineros de Altos Hornos de México y de Tayoltita fueron a paro, y también pararon los telefonistas de Telmex, a pesar de Francisco Hernández Juárez, líder del sindicato.

En el centro del país, sorprendió el paro de mayo de los trabajadores de Wal-Mart y otras tiendas de la trasnacional y la huelga de trabajadores de prensa de La Jornada en defensa de su contrato colectivo de trabajo. En Jalisco irrumpió la lucha de las trabajadoras de Sanmina, una empresa de la industria electrónica, que reclamaron el pago de 15 minutos diarios que no les incluyeron en el salario. Todos ejemplos de que la clase trabajadora tiene voluntad de lucha, a pesar de que le falta coordinación y unidad.

Llegó septiembre, con el sismo del día 7. Los primeros en salir a ayudar al pueblo fueron las maestras y los maestros, organizados en brigadas. Aun no nos recuperábamos de ese golpe, y la tierra volvió a estremecerse el día 19, 30 años después de 1985. Los mineros y migrantes también salieron en brigadas a ayudar, y los trabajadores de la construcción, junto con miles de jóvenes brigadistas, fueron los primeros en tomar en sus manos las tareas de búsqueda y rescate. Trabajadoras y trabajadores de la UNAM y maestros también realizaron acopios que entregaron directamente a las familias damnificadas.

Enseguida el gobierno intentó tomar el control de la situación desplegando al ejército y la marina, y una campaña mediática con la creación de Frida Sofía, una niña que inventaron para desviar la atención del desastre. Se evidenciaron la complicidad entre constructoras, inmobiliarias y funcionarios ante el colapso de distintos edificios, como el Colegio Enrique Rébsamen, la fábrica de la calle Chimalpopoca en la colonia Obrera, y edificios muy nuevos que se derrumbaron en la demarcación Benito Juárez. Salió a la luz también el abandono en que el gobierno federal y las autoridades locales dejaron a numerosos pueblos, tanto en el interior como en la misma Ciudad de México. Y enseguida la voracidad capitalista se evidenció: la reconstrucción a cargo de las grandes constructoras, los créditos con altos intereses para las familias que lo perdieron todo, el vaciamiento de las cuentas que tenían la miserable ayuda que daba el gobierno en Oaxaca.

El año cierra con la aprobación de la nefasta Ley de Seguridad Interior, que legaliza la militarización del país y criminaliza la protesta social. Un respaldo incondicional de los de arriba al Ejército, a la Marina y a la gendarmería que llevaron a cabo la guerra contra el narco, durante la cual los trabajadores y los sectores populares pusimos cientos de miles de muertos, de desaparecidos, de torturados y de desplazados, mientras el crimen organizado siguió floreciendo y se mantiene la violencia en amplias regiones del territorio.

De cara a las elecciones de 2018, cuando está en disputa el destino de México, entre los partidos con registro no hay ninguno que defienda los derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud ante los ataques que se vienen. Por eso es necesario avanzar en poner en pie una alternativa independiente de los partidos tradicionales y de los empresarios.

Es por eso que desde el MTS estamos impulsando la aspirantía de Sulem Estrada, maestra de secundaria, y Miriam Hernández, trabajadora de la UNAM (suplente de la fórmula) a una candidatura independiente anticapitalista para una diputación al Congreso de la CDMX, con el objetivo de que en este periodo electoral se escuche la voz de los de abajo.

A quienes salieron a las calles contra el gasolinazo, a quienes lucharon por aumento salarial o por el derecho a elegir su sindicato, a quienes les arde en el pecho la ausencia de los 43 normalistas de Ayotzinapa y los ataques contra los migrantes, a quienes se indignaron con la aprobación de la reaccionaria Ley de Seguridad Interior. Que el coraje se transforme en rebeldía, que la rebeldía florezca en organización. Desde el Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) te invitamos a construir juntos una alternativa socialista y anticapitalista que luche día con día contra este sistema de explotación y opresión.






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