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HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO

Semana Trágica: crónica de una rebelión proletaria

Con este artículo culminamos la serie sobre la Semana Trágica. Una crónica que muestra a la clase obrera en las calles de la ciudad enfrentando al Estado, luchando por la libertad y contra la explotación capitalista.

Sábado 12 de enero | Edición del día

Esta crónica está basada en relatos y comentarios periodísticos de La Prensa, La Nación, La Razón, La Protesta, La Vanguardia, La Organización Obrera y Caras y Caretas, de donde proceden las fotos.

Enero de 1919. Calor. Mucho calor. Casi 32 grados sobre una ciudad de poco más de dos millones de habitantes. El contexto son los aires rojos que soplan por Europa. La revolución bolchevique ha puesto al proletariado en posiciones ofensivas. Y en la Argentina las organizaciones obreras vienen exigiendo hace unos meses la jornada de 8 horas, la libertad de los presos sociales y más derechos laborales.

La rebelión se expande rápido en los barrios obreros de Balvanera, Nueva Pompeya, Barracas, Parque Patricios, La Boca, San Nicolás, Constitución, Retiro, Once, Villa Crespo, Almagro y Palermo. Cuentan, además, que los únicos diarios que circulan y se vocean son La Protesta (anarquista), La Vanguardia (socialista) y La Organización Obrera (sindicalista).

La vanguardia obrera impone en esos días un frente único que marcha y toma las calles porteñas, y se defiende desde terrazas y ventanas.

El gobierno de Yrigoyen, a través del Ministerio de Guerra, moviliza a tres divisiones del ejército “para proteger la propiedad y garantizar los servicios de trenes y tranvías”, que fracasa de forma prematura. “Las tropas son insuficientes”, le expresan a las pocas horas.

Al día siguiente mandan otra división desde Campo de Mayo, que se instala en la Sociedad Rural y comienza a patrullar la ciudad. A la vez, establecen guardias militares en los mataderos de Liniers y en las usinas eléctricas y fábricas de servicios.

Las tres armas del ejército se movilizan. Regimientos de infantería y de caballería, baterías de artillería y efectivos del cuerpo de ingenieros. Un equipo de la escuela militar de radiotelegrafía, además, se instala en el departamento de policía. Los regimientos 2, 8 y 10 serán destacados en los ataques contra las barricadas obreras.

Junto a las fuerzas del ejército se acoplan la policía, los bomberos y la armada, que se ubica en el puerto de Buenos Aires con dos acorazados, “Belgrano” y “Garibaldi”, con más de 600 marinos. A la vez, movilizan dos regimientos de caballería e infantería, el 5 y el 12 (donde sirve el subteniente Juan Domingo Perón).

Desde Caras y Caretas, revista de la pequeña burguesía porteña, se acusa a “los huelguistas de grupos apátridas”, y se alivian “que por fortuna el movimiento no estaba organizado” para una revolución. A la vez, cuando el viento cambia, exigen al gobierno “que lleve adelante cambios en las leyes laborales para aquellos que trabajan seriamente”.

Sitio en los Talleres Vasena

Las familias obreras de los talleres que llevan adelante la huelga con piquete en la puerta de la fábrica rodean las manzanas de la planta entre las calles Gral. Urquiza, Barcala, Cochabamba. Rioja y Oruro. Prenden fuego la entrada y la bloquean con varios carros de carga.

Dentro se encuentra sitiada la comisión enviada por Anchorena, con el presidente de la Bolsa de Comercio y de la Asociación Nacional del Trabajo (ANT), Pedro Christophensen, junto a otros dos caballeros que lo acompañan, J.F. Macadan y T.I. Mogay. Con ellos está el Dr. Atilio Dell’Oro y los miembros del directorio de Vasena, C. Lockwood, A.G. Prudamy y el director gerente, Alfredo Vasena.

Desde las azoteas, un pequeño grupo de policías mantienen a distancia la furia obrera. Serán cercados y sitiados durante 17 horas. Por la madrugada, cuando los obreros comenzaban a superar los portones de madera del acceso, varios pelotones del ejército armados con ametralladores lograron dispersar el piquete y frustrar la captura.

Entre armerías y tranvías

Las compañías inglesas que controlan el transporte público de Buenos Aires ponen en circulación los tranvías y el subterráneo ignorando la huelga. La audacia británica durará poco. Funcionan menos de hora y media.

En la esquina de Alberti e Independencia un piquete obrero toma varios de sus coches, deteniendo y desalojando a los pasajeros de las líneas 58 y 59. Los prenden fuego y arman dos barricadas.

Por plaza Constitución son inutilizadas todas las líneas de tranvías de esa terminal, y en la esquina de Paseo Colón y Brasil, otro grupo de obreros detienen y bloquean los tranvías que van hacia el puerto. El conductor se pone a defender el servicio y recibe dos balazos en su brazo derecho.

Ante la queja inglesa, el Gral. Dellepiane ofrece a la empresa 160 soldados como custodia. Lo rechazan por insuficiente. Y a las pocas horas frenan el servicio e intentan recuperar los tranvías de las calles.

En Lanús llegan tarde las órdenes inglesas, y salen varios coches que serán detenidos en la estación Sola, por Barracas.

Por las calles de México e Independencia un grupo de obreros y obreras, con sus niños, levantan las vías de los tranvías, y reciben a un destacamento de la policía con balazos que bajan de las terrazas y salen de las ventanas de las casas. El frente de uno de los conventillos cercanos, sobre la calle Chile, es acribillado a balazos por el ejército.

Por Boedo, otro grupo obrero levanta las vías y arma barricadas. Tres huelguistas son heridos de bala. Otro tanto ocurre en la estación Lacroze, por Medrano y Corrientes.

Sobre Triunvirato (hoy Av. Corrientes), entre Malabia y Canning (hoy Scalabrini Ortiz) un grupo de obreros asalta una armería. Al llegar la policía son recibidos a balazos. Otro tanto ocurre en San Juan y Matheu con otra armería que es saqueada por numerosos trabajadores.

Cerca de Palermo, varios obreros arrancan las vías del tranvía y levantan los adoquines, armando tres barricadas en la esquina de Cabrera y Bustamante; y otras cerca de ahí, en Córdoba y Gallo. Lo mismo ocurre entre Salguero y Bulnes, donde otro grupo de obreros levanta rieles y arma barricadas.

Varios escuadrones de la policía intentan detenerlos, pero fracasan. Desde las barricadas, casas y azoteas reciben balazos de revólveres (“fuego graneado”) y retroceden. Vendrá en su auxilio un escuadrón de caballería, que luego de dos horas de tiros y movimientos logrará dispersar a los huelguistas.

En Independencia y Perú son incendiados autos y tranvías que bomberos desbordados se esfuerzan por contener.

Sobre barrios y comisarías

Por la calle Lavalle, cerca de Paso, los obreros realizan una emboscada sobre una patrulla de infantería, que es atacada desde las veredas y ventanas de las casas linderas.

En Barracas, por la noche, un grupo de obreros salió de los conventillos e intentó asaltar la comisaría 26ª, pero fueron repelidos por agentes de policía, ayudados por bomberos y tropas del ejército. Varios huelguistas cayeron muertos y otros heridos.

Por plaza Constitución, a poca distancia de la casa de Yrigoyen, otro grupo proletario levanta barricadas con los restos de carros, autos y tranvías incendiados. Por toda la zona los comercios están cerrados. Cerca de Plaza, en la esquina de Humberto I y Lima, crece otra barricada hecha con varias columnas de los talleres Vasena.

Sobre Piedras al 1100, frente al local del centro de resistencia de los panaderos, varios obreros atacan una ambulancia que circula custodiada por bomberos, que responde a través de fúsiles máuser. En el intercambio caerá un obrero español.

Policías y un pelotón del ejército con ametralladoras custodian la comisaría de Barracas. Comparten zona con los panaderos. Le sobran balas, pero llevan días sin pan ni facturas.

En La Boca, cerca de Rocha y Zárate, un aserradero comienza a arder. Los bomberos llegan pronto y logran apagarlo. De regreso al cuartel son emboscados desde las casas del barrio. Las balas vienen y van.

Por Almagro le toca defenderse a la comisaría 9ª, cerca del mercado del Abasto. Un grupo importante de obreros sitió durante una hora su frente en la calle Sarmiento, entre Billinghurst y Sadi Carnot (hoy Mario Bravo). La resistencia oficial se calcula que fue de 100 vigilantes armados con fusiles máuser.

A pocas cuadras, por Lavalle y Pueyrredón en Once, las tropas del 2 de caballería sorprenden y atacan dejando varios muertos y heridos obreros.

Cerca, en Corrientes y Pringles levantan otra barricada con adoquines y fierros de los autos quemados. Una patrulla del 2 de caballería intenta dispersarlos y se abre un enfrentamiento. Caen heridos de ambos lados, y un teniente es traslado con urgencia en mal estado.

Otro grupo de más de un centenar de obreros rodea una farmacia en Boedo y San Juan, que mantiene detenidos a varios huelguistas heridos a los que interrogan un par de oficiales del ejército. Por varios minutos intentan rescatarlos, pero llegan refuerzos de la caballería y logran dispersarlos.

De madrugada, los frentes de combate se extienden, y llegan a Campo de Mayo. Un grupo de unos 30 obreros armados con revólveres ataca y mantiene sitiado por unas horas el regimiento 8 de infantería. Poco antes de amanecer se acaba; sin bajas ni heridos.

Un regimiento de caballería custodia el Congreso Nacional, luego de dispersar la manifestación de la noche anterior, donde se produjeron bajas y heridos de ambos lados.

En Plaza Congreso

La plaza y sus alrededores se fue ocupando de manifestantes. Miles de hombres, mujeres y niños se concentran en Congreso. Y la multitud crece como la tensión que cruza las clases sociales que se van reagrupando.

De repente suena un toque de clarín. La caballería carga contra un sector que se concentra al oeste de la plaza, hacia la estación Sáenz Peña del subte. Las corridas populares son en todas direcciones. Algunos obreros responden con revólveres desde los costados. La caballería se enfurece y carga con saña, como en mayo de 1909.
Un escuadrón inicia la persecución y la prolonga por Saénz Peña. Avanzan y ponen rodilla en tierra para disparar sus máuser (modelo argentino). Poco dura la línea de fuego. Desde las ventanas de las casas y terrazas de la esquina son emboscados, y reciben balas de revólveres, cayendo herido el cabo que comanda.

A los pocos minutos las tres armas del ejército arman un círculo defensivo sobre el Congreso de cuatro manzanas, ubicando baterías de artillería y ametralladoras, tropas de infantería y cadetes de la escuela de guerra, más un grupo del cuerpo de ingenieros.

Manifiesto de la policía y la juventud “patriótica”

La policía pide ayuda y pega por las paredes de la ciudad, un llamado a “los elementos sanos de la ciudadanía para restablecer la normalidad”. Escribe además que es “necesario la cooperación de los ciudadanos por ineludible deber patriótico, sin interrumpir sus actividades ordinarias, denunciando a los malos elementos para que sufran la justa sanción”. Y cierra con un alarido patricio: “¡Argentinos, no desmientan la tradición de nuestros padres!”.

No muy lejos se reúne la juventud de la Liga Patriótica en el Centro Naval de la Av. Córdoba y Florida, y se moviliza. En su manifiesto expresa “que respeta el derecho a huelga y las aspiraciones del proletariado cuando ellas se realicen por medidas legítimas y tranquilas”. Por tanto “no podemos observar con pasividad los acontecimientos que alteran el orden social”, a pesar de “las divergencias que nos separan del gobierno”.

Movilización por Av. de Mayo de la juventud de la Liga Patriótica y la Unión Cívica Radical (UCR). Uno de ellos, expresa: “la Argentina debe continuar siendo lo que siempre ha sido: un pueblo libre y laborioso”.

Ataque al Departamento de Policía

El Ministerio de Guerra dispone y envía más de 100 soldados del regimiento de granaderos al departamento de policía, donde se concentra el comando táctico de la represión. Por la noche desde veredas, terrazas y balcones de casas vecinas sobre las calles Moreno, Belgrano, Cevallos y Sáez Peña comienzan disparos de revólveres hacia los frentes policiales. Las descargas van de un lado y del otro durante más de media hora. En pocas horas el ejército emplaza diez ametralladoras y dos piezas de artillería.

Cierre del comercio

Algunos comerciantes intentan abrir, pero obreros y obreras que patrullan las calles se lo impiden. En el radio céntrico de Buenos Aires lo único que funciona son algunos bancos, aunque casi no circulan clientes por sus ventanillas. La mayoría está custodiada por tropas del ejército, como el Banco Municipal, en Viamonte y Suipacha. Lo mismo sucede con la Bolsa de Comercio y el Mercado de Cereales, que suspende sus operaciones.

Desde las vidrieras del diario La Nación y La Prensa, anuncian que comienzan a escasear “la provisión de alimentos de primera necesidad tales como la carne, el pan, la leche y legumbres”. Hace unos días que el mercado de Liniers y el de la Tablada no funcionan. Y desde “la campaña no llegan los vehículos con las verduras y no se pudo transportar la leche debido a la paralización del tráfico”.

En el Correo, Puertos y Estaciones de trenes

Frente al Correo central y alrededores, por Corrientes y Reconquista, los tiroteos se multiplican por la noche y caen muertos un segundo jefe del ejército y mensajeros que trataban de romper el cerco.

En Dock Sud un grupo de obreros incendian tres vagones de cereales y varios galpones que los bomberos logran contener antes de ser destruidos completamente.

El puerto de Buenos Aires está paralizado y los depósitos de la aduana clausurados. Varias patrullas de marinos descienden a tierra del crucero “Buenos Aires” y de los acorazados “Belgrano” y “Garibaldi”, y se apuestan en dársena Norte, bajo la cobertura de la artillería naval.

Cerca de la zona, en una casa de la calle Maldonado, la policía de investigaciones (secreta) encuentra dos bombas de dinamita, de fabricación británica, que utiliza la infantería de marina. Subiendo desde el puerto, hacia la estación Constitución del FF.CC., los marinos pasan a custodiar la zona ferroviaria.

En Retiro, los ferroviarios abandonan las formaciones y el servicio queda suspendido. Lo mismo ocurre en Once, donde los trenes son detenidos en la estación Caballito, y son incendiadas las cabinas de señales.

Incendio en una iglesia

El cortejo fúnebre obrero, que encabezan mujeres y niños, lleva a pulso sus muertos hacia Chacarita, por Corrientes. Al pasar Pringles, son atacados a balazos desde el convento del Sagrado Corazón de Jesús. La respuesta obrera es furiosa, y harán suyas las palabras de los anarquistas españoles: “la iglesia que mejor ilumina es la que arde”.






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