Juventud

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

Seis pruebas del autoritarismo de la UNAM y cómo democratizar la universidad

Los grupos porriles son la fuerza de choque del gobierno universitario, que busca impedir el avance del movimiento estudiantil. El 3 de septiembre vimos la punta del iceberg. Conoce lo que hay debajo de la superficie.

Viernes 21 de septiembre de 2018 | 14:54

Según la numeralia de la UNAM somos 349,515 estudiantes en el ciclo 2017-2018. Hay 40,578 académicas y académicos, la mayoría de los cuales son profesores de asignatura que carecen de estabilidad laboral, a quienes hasta les han impuesto labores administrativas, y ganan salarios bajísimos. A su vez, alrededor de 29 mil trabajadoras y trabajadoras, administrativos, de intendencia, de biblioteca, que mantienen en funcionamiento las instalaciones de la UNAM.

Para 2018, el último año del gobierno de Peña Nieto, el presupuesto asignado para la UNAM fue de 43,196 millones de pesos, mientras que la Secretaría de Defensa (Sedena) recibió 81,021 millones y la Secretaría de Marina (Semar), 31,305 millones. Más del doble para mantener a los militares en las calles.

1. ¿Cómo y quiénes eligen la Junta de Gobierno?

Esta numerosa comunidad universitaria (en total somos más de 419 mil personas) está gobernada por una junta de 15 notables que elige el Consejo Universitario. La Junta de Gobierno tiene la facultad de nombrar al rector, así como a los directores de facultades, escuelas e institutos, y designa también al patronato de la universidad. Decide y opera en la oscuridad y sin rendir cuentas a nadie.

Los miembros de la Junta de Gobierno son designados por el Consejo Universitario y en ocasiones por ellos mismos. Es cínico y falso el discurso donde se presenta a la UNAM como una institución con órganos democráticos y representativos. En realidad, tiene un modelo que permite perpetuar los grupos de poder que defienden intereses ajenos a la comunidad universitaria. Por ejemplo, el rector tiene derecho a vetar los acuerdos de todos los Consejos Técnicos.

2. ¿Cómo se integra el Consejo Universitario?

Los estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria y de los Colegios de Ciencias y Humanidades tienen dos representantes propietarios y dos suplentes por turno (matutino y vespertino). Quienes cursamos licenciatura sólo tenemos un representante y un suplente por facultad y por escuela. Los de posgrado, tienen cuatro representantes y cuatro suplentes, correspondientes a las áreas Ciencias físicas y matemáticas e ingenierías, Ciencias biológicas, químicas y de la salud, por Ciencias sociales y por último, Humanidades y Artes.

La representación de los profesores también es restringida. Los de Escuela Nacional Preparatoria y los de CCH’s tienen tres representantes propietarios y tres suplentes por escuela. Los profesores de cada Facultad y escuela tienen un propietario y un suplente por entidad académica, dos propietarios y dos suplentes por el conjunto de las entidades del casco universitario, misma cantidad por el conjunto de las facultades de estudios superiores. Mientras que los profesores y los investigadores de los centros de extensión, tienen un representante propietario y un suplente.

Los académicos de las dependencias administrativas tienen dos representantes propietarios y dos suplentes. Los técnicos académicos tienen un representante propietario y un suplente por cada área de conocimiento mencionada arriba, y por el Consejo Académico del Bachillerato.

Por su parte, los investigadores de cada Instituto tienen un representante propietario y un suplente. Igual los investigadores de los centros, pero por cada uno de los subsistemas de investigación científica y de humanidades. Los trabajadores tienen sólo un representante y un suplente, más cinco invitados permanentes.

La elección de los representantes estudiantiles se realiza cada dos años. En cuanto a los investigadores, académicos y técnicos, así como los trabajadores, éstos eligen a sus representantes cada cuatro años según la normativa actual. Pero poder postularse depende de cumplir con los requisitos impuestos por las autoridades.

3. ¿Cuáles son las funciones del rector?

El rector se erige como el jefe nato de la universidad, pero éste carece de justificación académica y administrativa. Es una figura política medieval y reaccionaria: a lo largo de la historia los rectores se han subordinado a los planes de los gobiernos de turno y las grandes empresas nacionales y trasnacionales.

En la designación de directores, el rector propone una terna de candidatos a la Junta de Gobierno, para que ésta elija a uno. Para ellos, sólo un selecto grupo de “notables” pueden decidir “el mejor rumbo de la universidad”. Para nosotros, somos los que le damos vida día con día a la universidad los que mejor conocemos sus carencias y los que sufrimos a diario las consecuencias del proceso de privatización de la educación pública.

4. Por qué este gobierno universitario no nos representa

El sistema de gobierno está sustentado en la Ley Orgánica de la UNAM, una de las más antiguas del país con setenta y cinco años de antigüedad. Ésta garantiza que las decisiones del rector y la Junta de Gobierno y el inquisidor Tribunal Universitario sean incuestionables, perpetuando la antidemocracia y la exclusión de estudiantes, trabajadores y académicos en la toma de decisiones, y garantizan que se impongan los planes mandatados por el gobierno y las instituciones de esta “democracia asesina”.

El modelo virreinal de la UNAM impide que la comunidad universitaria pueda elegir mediante voto universal y secreto a los directores de las escuelas, colegios, facultades e institutos, mucho menos al rector.

Las consejerías técnicas y universitarias son elegidas a través del voto, pero que, al volverse instancias unipersonales o trampolines políticos, en la mayoría de los casos no denuncian la privatización, la antidemocracia y ligarse a los trabajadores y académicos.

Estudiantes, profesores y trabajadores no tenemos poder de decisión sobre el conocimiento que se crea en la universidad. Los planes de estudio y los programas de investigación no son decididos por la mayoría de la comunidad universitaria, y en consecuencia, no responden a las necesidades de la mayoría de la sociedad, si no a los intereses de quienes detentan el poder en la UNAM y de sus aliados empresariales, sean nacionales o extranjeros.

Con la estructura de gobierno actual, tampoco tenemos poder de decisión para resolver los problemas de nuestra universidad: mantenimiento de instalaciones, transporte, iluminación, hacinamiento en salones, restricciones al ingreso de nuevos estudiantes, salarios miserables para profesores de asignatura y trabajadores, por mencionar sólo algunos.

5. Del #Fuera Porros de la UNAM…

El 3 de septiembre pasado sentimos en carne propia los golpes del porrismo, instruido por Teófilo Licona, el “Jefe cobra” de momento suspendido.

El hartazgo y la rabia nos dieron fuerza. El puño del porro es una de las armas de las autoridades universitarias, que buscan acallar cada intento de crítica, de organización, de lucha que surja. Porque para ellos, la universidad se reduce a un coto de poder, muy importante por cierto, en la política nacional.

Pero no lo lograron. Cientos de miles de estudiantes, de bachilleratos, de licenciaturas, de posgrado, salimos a las calles, nos movilizamos, debatimos en asambleas muy nutridas.

Porque el ataque porril del 3 de septiembre no fue el único ni será el último. Porque es la brutalidad de las autoridades que para mantenerse en el poder y continuar operando medidas para la subordinación de la universidad a los intereses del sector privado, e imponer cuotas. Pero las autoridades subestimaron la rebeldía juvenil que hoy personificamos nosotros.

6. A la democratización de la universidad

Con el ataque porril, en algunas asambleas se hizo sentir la demanda “Fuera Graue”. Pero no se trata sólo de un funcionario. El problema es cómo está organizada toda la institución. Basta de que un puñado de notables y agentes a su servicio decidan por nosotros.

Tenemos la capacidad de organizarnos, de debatir, de movilizarnos, de luchar por decidir sobre la universidad y por ponerla al servicio de las mayorías. El movimiento estudiantil ha participado activamente de la lucha contra las reformas estructurales; actualmente tiene en gran desafío de defender el carácter público y gratuito de la educación frente al ataque que el Fondo Monetario Internacional y organismos internacionales plantean en el conjunto de México y América Latina.

Nuestra perspectiva es luchar por un gobierno tripartito, conformado por trabajadores, académicos y con mayoría estudiantil.

Para lograrlo hace falta desarrollar con todo la autoorganización en asambleas unitarias por salón, por carrera, por escuela, que todas y todos podamos participar. Tenemos que extender la movilización del estudiantado, que sume a los académicos, a los trabajadores y a todos los sectores que luchan en defensa de la educación pública, como el magisterio combativo y los estudiantes normalistas.






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