Internacional

CRISIS POLÍTICA Y SOCIAL

Se preparan nuevas manifestaciones en Haití

Tras una corta tregua y la negativa del presidente Jovenel Moïse a renunciar, varios partidos de oposición dijeron que vuelven a la calle. La catástrofe social y la corrupción de la casta política son los motores de las protestas.

Viernes 29 de noviembre

La nueva ola de protestas comenzó el 16 de septiembre por la escasez de combustibles que provoca cortes en el suministro eléctrico y afectaciones al transporte público. Desde el comienzo, el gobierno reprimió duramente las protestas por lo que desde esa fecha ya se cuentan más de 40 muertos y cientos de heridos.

A principios de año, ya se habían registrado fuertes manifestaciones contra la corrupción de la casta política en particular del presidente Moïse y su entorno. A raíz de las protestas debió renunciar el por entonces primer ministro Jean Henry Céant, cargo que no pudo ser reemplazado debido a la falta de acuerdo con la oposición en el parlamento.

Peor aún, la oposición, que no quiere ser arrastrada por la crisis, ha tenido que tomar el clamor de la calle por la renuncia inmediata del presidente quien, apoyado por Washington, se niega a dimitir y ofrece sentarse a dialogar para “hallar soluciones que satisfagan a todos”. Una postura que difícilmente llegue a buen puerto.

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Además de la fuerte escasez de combustible que se vive desde septiembre, su precio viene aumentando escandalosamente desde 2018. Esta crisis que el gobierno viene descargando sobre el pueblo trabajador, es producto principalmente de dos factores.
Por un lado, y como consecuencia del asedio que mantiene la administración Trump contra Venezuela, la caída de los acuerdos de Petrocaribe que proporcionaban a Haití petróleo a bajo precio. Por el otro, siguiendo las recetas del Fondo Monetario Internacional, la entrega por parte del gobierno de Jovenel Moïse del control de la actividad petrolera a las grandes empresas imperialistas que le venden al país a precios internacionales.

La presión inflacionaria que provoca el aumento de los combustibles ya ocasionó que el aumento general de precios supere el 20% en lo que va del año. Esto se vuelve catastrófico en una población que sufre niveles de desocupación y pobreza por encima del 60%.

El propio FMI, con un descaro sin igual, acaba de declarar que “la crisis política, económica y social que enfrenta Haití no tiene precedentes", que el PBI caerá este año alrededor del 1,2% y que si la crisis continúa, podría tener "consecuencias devastadoras para el país a largo plazo". Pero son sus propias políticas de ajuste fiscal y entrega de los recursos al capital extranjero, las principales causas del desastre social que sufre el pueblo trabajador.

Para terminar, y ya entrometiéndose abiertamente en la política local, el organismo internacional expresó que "la designación de un Gobierno comprometido con la reforma de la economía y la reanudación del apoyo de la comunidad internacional permitiría relajar las restricciones presupuestarias y aumentar el gasto público, en particular la inversión". Una verdadera provocación al pueblo haitiano que ya sufre los flagelos causados por estas reformas que incluyen privatizaciones, ajuste fiscal (básicamente recortes en gastos sociales y aumentos de impuestos) y mayor apertura económica a los capitales trasnacionales.

En medio de una fuerte agitación social, con las escuelas cerradas desde septiembre, protestas que no retroceden ante la represión, decenas de bloqueos de caminos, y una economía prácticamente paralizada, los partidos opositores no pueden aceptar esas políticas y negociar con Moïse sin pagar un fuerte costo político.

Pero la salida que ofrecen es reemplazar al odiado presidente con la designación de un Juez de Casación acordado por el “Foro Patriótico para un Acuerdo Nacional” y un primer ministro que encabezarían un proceso de transición de 3 años para reencausar al país. Una solución que no propone romper con la histórica subordinación a Estados Unidos y al FMI que viene destruyendo al país y que consecuentemente mantendría casi sin cambios el sistema de corrupción que las masas repudian en las calles.






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