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¿Se desinfla Donald Trump?

La derrota en Wisconsin complica el camino de Donald Trump hacia la nominación. Del lado demócrata, crecen los roces entre Clinton y Sanders. Todos apuestan a las primarias de Nueva York.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 8 de abril de 2016

La derrota de Donald Trump en Wisconsin sembró dudas sobre el favorito que parecía encaminarse sin obstáculos hacia la nominación presidencial republicana. Sin contar con el apoyo del establishment partidario, el multimillonario Donald Trump se transformó en el vocero del descontento de la base conservadora, que ve con desconfianza y bronca a la elite política.

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El triunfo del ultracristiano Ted Cruz consiguió que muchos se aferraran a la esperanza de destronar a Trump. Desde la caída en desgracia de Jeb Bush y Marco Rubio, favoritos retirados de la carrera, Cruz se transformó en la última oportunidad para calmar la “revuelta electoral” de la base republicana. Sin embargo, el discurso de Cruz viene probando, al contrario de las expectativas del ala moderada del partido, que su éxito incluye la apelación a las posiciones de derecha más radicales, que han caracterizado la campaña de Trump.

De hecho, la pelea en Nueva York, próxima parada de las primarias, se concentra en una discusión sobre “los valores”. Cruz tiene de su lado el triunfo de Wisconsin, pero Trump tiene nada menos que el apoyo del exalcalde Rudolph Giuliani, un “semi héroe” republicano que consiguió un enorme consenso luego de los ataques del 11S en 2001. Giuliani declaró que votaría por Trump.

Trump canceló su viaje a California para centrar sus energías en Nueva York porque sabe que es decisivo triunfar en ese estado. Al día de hoy, Trump cuenta con 743 delegados, seguido por Cruz con 517. Este último aprovechó el momento y llamó a Trump a retirarse de la carrera si no alcanza al menos el 50% de los votos en Nueva York, donde los republicanos disputan 95 delegados (el reparto es proporcional).

La carrera no terminará ese día pero lo cierto es que una derrota de magnitud complicaría los números para Donald Trump. Sumado a esto, la imposibilidad de cualquiera de los candidatos (sin olvidar a John Kasich que se mantiene en campaña, aunque muchos no lo crean) de alcanzar los 1.237 delegados necesarios para la nominación confirmaría el escenario de una convención abierta (donde puede haber más de una vuelta de votaciones y el resultado es incierto).

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Hasta ahora, Trump era el favorito indiscutido en las primarias. El apoyo a su campaña, plagada de retórica populista de derecha se llevó por delante a los principales candidatos del partido (primero a Jeb Bush y más tarde a Marco Rubio). Hoy, aun con el apoyo de la base republicana y de amplios sectores conservadores, su candidatura empieza a enfrentar interrogantes ante la posibilidad de no contar con la cantidad de delegados que le garantizaría la nominación.

Crece la tensión en la interna demócrata

Aunque muchos preanunciaron el final de la interna demócrata hace semanas, la competencia se mantiene. Hillary Clinton cuenta al día de hoy con la mayoría de los delegados y un liderazgo “indiscutido” con el apoyo de los superdelegados, pero no ha conseguido desactivar el entusiasmo que genera la campaña de Bernie Sanders.

Bernie Sanders ganó 7 de las últimas 8 primarias, algunas por estrecho margen pero con gran impacto político. Así ha logrado sembrar preocupación en la “La Máquina”, como se conoce a la campaña de Hillary Clinton. Desde hace varios días, ambos candidatos concentraron su campaña en Nueva York, con actos y mitines y endurecieron, especialmente después de la derrota de Clinton en Wisconsin, las acusaciones.

Hillary apela al cuestionamiento de la experiencia de Sanders para transformar en políticas concretas sus promesas de campaña. Esto se explica por las consignas que se hacen eco del descontento de la base electoral que impulsa la campaña del senador de Vermont: educación y salud gratuita, la retórica contra la desigualdad y las elites política en Washington y financiera en Wall Street.

Como adelantó en su discurso de victoria en Wisconsin, Sanders apunta contra los superPac y los grandes aportes que financian la campaña de Hillary, sus lazos con Wall Street y personajes de la elite política y financiera, como el propio Donald Trump (a quien Hillary se refirió como un “amigo”). Esto ha aumentado la tensión entre ambos candidatos camino a la próxima batalla en Nueva York, donde ambos son de alguna forma “locales”.

Hoy la principal preocupación para Clinton quizás sea que por segunda o tercera vez, una encuesta nacional la ubica por debajo de Sanders si la elección a presidente fuera hoy. Y lo que es más alarmante es que una encuesta de la consultora McClatchy-Marist mostró que 1 de cada 4 votantes de Sanders no votaría por Clinton en las generales si resultara nominada. Es probable que esto no altere hoy sus posibilidades y quizás sea demasiado temprano para hacer definiciones, pero lo que confirma es que el descontento que canaliza hoy la campaña de Bernie Sanders podría extenderse más allá de las primarias. Y ese es el verdadero “Fell the Bern” (como se refieren a la campaña de Sanders) que preocupa al establishment político.

Los demócratas se enfrentarán el 9 de abril en Wyoming (14 delegados) pero todos los ojos están puestos en la primaria del 19 de abril en Nueva York, donde Clinton y Sanders disputarán 247 delegados a la convención.






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