Sociedad

CRISIS DE LA SALUD PÚBLICA

Salud mental en México: entre la precarización y la estigmatización

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, les dejamos aquí algunas cifras de la situación en México, en donde padecimientos como la depresión, ansiedad, trastorno bipolar y fobias son las que destacan más en cuanto a su prevalencia.

Elizabeth Sauno

@ElizabethSauno

Miércoles 10 de octubre

Las cifras sobre algunos padecimientos a nivel mundial que expresa la Organización Mundial de la Salud son alarmantes, ya que en 2017 la OMS calculó entre 450 y 500 millones de personas presentaron algún tipo de padecimiento mental, de los cuales destacó que 300 millones presentaron depresión, 60 millones trastorno bipolar y casi 21 millones esquizofrenia así como una cifra anual de un millón de personas que se suicidan representando cifras mayores a las muertes producidas por las guerras o desastres naturales.

En el caso de México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Mental un 18% de la población urbana (de entre 15 y 64 años) sufre algún tipo de trastorno denominado “del estado de ánimo” como lo son la depresión, ansiedad y fobias.

Asimismo, se documentó que entre el 1 y 2% de la población adulta ha intentado suicidarse y esta tendencia va en ascenso. La edad de inicio de algunos padecimientos como la depresión es a los 45 años (media poblacional), trastorno de ansiedad generalizada a los 47 años y trastorno bipolar a los 23 años. Y aunque el Inegi no tiene una cifra actualizada, la tasa de suicidio entre 2000 y 2013 pasó de 3.5 a 4,9 casos por cada 100 mil habitantes.

Siguiendo el tema de las cifras, vayamos ahora a lo que refiere el sistema de salud para la atención de estos padecimientos. Y es que en países centrales del gasto público que se destina en promedio es de $58.73 dólares per cápita, mientras que en países periféricos se destina menos de $2.00 dólares per cápita. En el caso de México para 2017, el presupuesto para salud mental fue de $2,586 mdp, o poco más de $1.00 dólar per cápita.

En cuanto al número de profesionales de salud mental las cifras son terribles: la media global es aproximadamente de 9 profesionistas por cada 100 mil habitantes, pero en países periféricos la cifra es de 1 por cada 100 mil, mientras que en países centrales es de 50 profesionistas por cada 100 mil habitantes.

De acuerdo con el último informe oficial de la OMS, México cuenta con 10 profesionistas calificados por cada 100 mil habitantes. La distribución es la siguiente: 1.6 psiquiatras, 1 médico general, 3 enfermeras, 1 psicólogo, 0.53 trabajadores sociales, 0.19 terapeutas, 2 profesionales/técnicos de salud. Sin embargo, la distribución a nivel nacional tiene grandes brechas (Gráfica 1). Siendo así que actualmente sólo un 20% de la población mexicana que tiene un padecimiento mental recibe tratamiento.

¿Qué hay detrás del problema de salud mental?

Si bien Clara Juárez-Ramírez en su artículo “La desigualdad en salud de grupos vulnerables de México: adultos mayores, indígenas y migrantes”, recalca que las condiciones sociales de ciertos grupos como lo son las familias en situación de pobreza, adultos en plenitud, víctimas de violencia y abuso, niños y niñas en situación de calle, personas con discapacidad, madres y población migrante no destaca el elemento primordial que son las condiciones económicas y de clase.

Actualmente, a nivel internacional los oprimidos y explotados por un lado cargan sobre sus espaldas las políticas de privatización y ajustes económicos que dan por resultado que miles de personas no tengan acceso a la seguridad social, derecho a jubilación, a pensión y a un salario digno. Tampoco tendrán derecho a la vivienda, cada vez las jornadas laborales son más extenuantes y largas, siendo así que se generan las condiciones para no haya tiempo de esparcimiento, recreación, pasar tiempo con la familia o poder tener un poco de descanso.

Y por otro lado, tenemos la estigmatización de los padecimientos mentales. Aunque hay terapias que puedan servir para “para hacer más llevadera la vida”, estas terapias van enfocadas a conducir al paciente a ser una persona productiva, o a querer reducir estos padecimientos al tratamiento farmacológico, dejando de lado que las condiciones sociales pueden generar cambios permanentes a nivel sistema nervioso. Ejemplo de esto es el desarrollo de estrés postraumático en personas que viven en las zonas más violentas de este país, por efecto de la “guerra contra el narco” y la violencia que viven día a día. Ante esto es necesaria una transformación de raíz de esta sociedad en donde se puedan generar cambios en las relaciones sociales.






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