Mundo Obrero México

TRABAJO PRECARIO

“SEARS me explota”: trabajadores de tiendas departamentales

Sears es una reconocida cadena de tiendas departamentales que en México es parte del Grupo Carso, perteneciente a Carlos Slim, el cuarto hombre más rico del mundo según la lista de Forbes de este año. Este empresario mexicano cuenta con 85% de las acciones de esta empresa. En Sears como en otras empresas de las que es dueño este magnate los trabajadores viven extensas jornadas y los salarios que perciben son extremadamente bajos.

Viernes 5 de agosto de 2016

El trabajo a puerta cerrada

La rutina de trabajo inicia con la entrada a las 10:20, donde el margen de tolerancia es mínimo y no se encuentra establecido.

Queda a criterio del jefe si te regresa o no a tu casa; cada tres retrasos es una falta y tres faltas es baja de la empresa; para checar se debe pasar en una fila donde personal de seguridad inspecciona físicamente a cada trabajador para evitar que entren con dispositivos móviles, memorias USB o cualquier aparato electrónico.

Todo esto con los pretextos de la “seguridad de la empresa” -poniendo a los trabajadores como los principales sospechosos en caso de robo- y a la vez como una forma de garantizar la “productividad”, ya que entre gerentes y directivos prima una visión de “máxima eficiencia” donde los celulares y la comunicación son considerados distractores.

Todos los días al punto de las 10:30 hay junta con el supervisor. En ésta se presiona a los trabajadores para alcanzar las expectativas de la empresa. Se hace balance de cómo está el departamento y se expone los números de cada vendedor en relación a las cuotas de solicitudes de tarjetas, índice de ventas, entre otros. Se busca poner a competir a los trabajadores con comentarios como “si él puede ¿por qué tú no?”.

Los días lunes se debe limpiar cada departamento, pese que existe un personal de limpieza, los vendedores deben acomodar bodegas y en algunos casos lavarlas; recibir mercancías cuando éstas llegan y acomodarlas, así como acomodar los mostradores y los productos en exhibición, todas actividades sin remunerar las cuales no se mencionan a la hora de la contratación.

Sears entiende…a los clientes de alto poder adquisitivo

“El cliente es primero”, “El cliente siempre tiene la razón”, “El cliente es el jefe”, son los eslóganes que se les dice a los trabajadores y más que frases al aire son toda una política que se practica a rajatabla. Los vendedores están sujetos al despotismo de los clientes -la mayoría de ellos de sectores acomodados-, gritos, insultos e incluso agresiones físicas. Las reacciones naturales como alzar las manos para cubrirse o repeler al agresor son penadas con despidos que se justifican como violencia dentro de la empresa o el dar mala imagen.

El despotismo llega a niveles insoportables cuando algún “cliente destacado” como el dueño de alguna empresa, algún allegado de la familia Slim, políticos de los partidos de los empresarios o algún artista de Televisa, se pavonea amenazando con reportar de mala conducta o quejarse para que se despida a los vendedores si no se les atiende “como se debe”. Muchas de estas personas tienen el poder de despedir con una llamada a los trabajadores por alguna gesto o cambio de voz por parte de los mismos, incluso se irritan por cuestiones que rebasan a los vendedores, como puede ser el no tener algún modelo o alguna talla en el momento.

Para los empresarios somos números y recursos desechables

Los vendedores trabajan con un sueldo base que no exceden los 3,000 pesos al mes más una comisión que es del 1% de lo vendido. El uniforme lo vende la empresa y no es de buena calidad ni apto para todas las actividades que se desempeñan.
Los vendedores no se pueden sentar durante toda la jornada ni permanecer en las bodegas si no se está acomodando la mercancía. Además, los jefes pueden decidir que los trabajadores no permanezcan en la tienda para que en lugar de eso salgan a conseguir solicitudes de tarjetas SEARS. Hay una cuota que cubrir amenazando con sanciones si no se llega a la meta.

La empresa promete crecimiento laboral en un programa llamado “plan de vida y carrera” el cual en la realidad es una mentira, los puestos de superiores son elegidos por favores y obediencia al jefe. Los puestos intermedios -que hacen las veces de “capataces” como jefe de departamentos- conllevan un salario relativamente mayor. Sin embargo, tienen mucho mayor presión directa de los supervisores y gerentes, pues la función de estos jefes de departamentos es presionar a sus subordinados para aumentar todos los días y en cada momento los números de ventas.

En las ventas especiales o los turnos nocturnos el trabajo se hace más extenuantes, el horario es de 9:30 am a 12.30 am. No hay servicio de transporte más que para los jefes, el resto de los trabajadores debe regresar a sus domicilios exponiendo atravesando la ciudad por la noche.

Dentro de las distintas áreas, los trabajadores de dulcería y envoltura son los trabajadores con menor salario y jornadas igual de largas y agotadoras.

¿Y si se organizan?

Los trabajadores de esta cadena, al igual que de otros sectores de servicios no tienen por qué soportar estas condiciones de trabajo.

No es la patronal quien le hace “el favor” a los trabajadores de brindar trabajo sino los trabajadores quienes producen la riqueza que se apropian los patrones.

De los trabajadores depende que se muevan las tiendas, los supermercados, las fábricas o los transportes. Si se organizan, si se unen, pueden pelear por mejores condiciones de trabajo, mayor salario y enfrentar a los empresarios y sus políticos.

Hay que romper el miedo y organizarse. En muchos sectores y en diferentes países los trabajadores comienzan a rebelarse contra sus patrones.

Las condiciones de trabajo en SEARS ameritan una respuesta de parte de los miles de trabajadores que todos los días -y muchas veces por las noches- laboran para poder llevar comida a sus casas.

Es necesario dejar atrás la competencia entre ellos que han impuesto los directivos. Slim y sus gerentes crean mecanismos para dividir a las trabajadoras y los trabajadores, y de esa manera poder explotar hasta la última gota de energía que tiene cada uno. Pero son ellas y ellos quienes garantizan el funcionamiento de esta cadena de tiendas departamentales que le reporta millones de pesos al magnate Carlos Slim. Es la fuerza de las trabajadoras y los trabajadores la que puede poner un alto a la superexplotación.




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