PUEBLOS ORIGINARIOS

Rarámuris: los pies que vuelan, entre la pobreza y el despojo

Son conocidos por su extraordinaria capacidad a la hora de correr, sin embargo es una comunidad que vive muchas carencias y que se ve amenazada por el crimen organizado y el Estado.

Laura Aparicio

Pan y Rosas México

Viernes 16 de noviembre de 2018 | 22:54

Los rarámuris se encuentran principalmente en Chihuahua, en la sierra tarahumara al suroeste del estado y están distribuidos en 17 municipios. No cuentan con servicios públicos, tienen que acarrear agua de los poblados cercanos, y tampoco cuentan con atención médica hospitalaria cercana.

La comunidad se sostiene a través de la agricultura, la recolección, la caza y la producción de artesanías, sin embargo la agricultura es principalmente de autoconsumo y colectividad.

La palabra rarámuri etimológicamente significa “planta corredora”, y en un sentido más amplio quiere decir “los de los pies ligeros”, según el historiador Luis González Fernández. Esto hace alusión a la tradición que tienen de correr y desplazarse con rapidez y agilidad a través de las altas montañas de la sierra tarahumara durante trayectos largos de tiempo.

Los pies con alas

Esta capacidad los ha llevado a destacar en los maratones a nivel nacional e internacional, como es el caso de la corredora rarámuri Lorena Ramírez que conquistó el tercer lugar, de entre 2 mil 400 corredores de 38 países, en el maratón “Tenerife BlueTrail” realizado en España. Su padre y hermanos también han participado en diversas competencias corriendo más de 100 kilómetros en los llamados ultramaratones y quedando en los primeros lugares.

Entre los corredores rarámuri, también se encuentra Arnulfo Quimare que ha ganado el ultra maratón de las Barrancas del cobre en 3 ocasiones. Arnulfo, Miguel Lara Viñega, Ignacio Estrada y Silvino Cubesare participaron en una carrera en el sur de Francia, su trayecto comprende 131 kilómetros.

La familia Ramírez también triunfó con un 2do lugar y dos 1eros lugares, en la carrera “Polar Bear” que se realiza en Manitoba, Canadá con temperaturas extremas de hasta -20 grados centígrados.

Lo que no se dice…

Sin embargo, es un pueblo bastante golpeado por el hambre y la violencia, como sucedió en 2016 con la oleada de suicidios entre los jefes de familia por no tener con qué alimentar a su familia, esto debido al periodo de hambruna que azotó a la región por las sequías, el frío, los grupos del narcotráfico y la falta de apoyo gubernamental. Es un hecho de grandes dimensiones del que el gobierno no se hace responsable, ni siquiera se tiene cifras exactas.

Además se enfrentan a la explotación de los recursos naturales en territorios ancestrales para su comunidad y al robo de sus tierras por parte de los grandes terratenientes que las entregan al narcotráfico para la siembra de amapola y marihuana. Por esta razón, la comunidad se encuentra en riesgo al enfrentarse contra el despojo de sus tierras, tal es el caso de Julián Carrillo, líder de la comunidad Coloradas de la Virgen y luchador desde 2007 quien fue asesinado el pasado 24 de octubre de 2018, previamente habían asesinado a su hijo, su yerno y dos de sus sobrinos.

Julián había recibido varias amenazas de muerte, sin embargo continúo con su lucha. Amnistía Internacional asegura que en los últimos dos años han ocurrido por los menos 9 asesinatos de luchadores sociales en la zona, muchas otras amenazas no son denuncias por temor a las represalias.

El Estado es responsable de los asesinatos a luchadores sociales y defensores de la tierra, ya sea por acción directa o por omisión de los asesinatos a manos del crimen organizado, del cual se benefician.

De igual manera, la Red en Defensa de los Territorios Indígenas de la Sierra denunció -en agosto de este año- que rarámuris de la comunidad Laguna fueron desalojados por policías estatales de manera violenta, incumpliendo el compromiso del gobierno de apoyar las demandas de la comunidad, cuando protestaban contra un gasoducto Encino-Topolobambo de la empresa TransCanada.

Esta empresa comenzó un acuerdo desventajoso con los rarámuri a través de acuerdos por fuera de la comunidad y por medio de una consulta simulada, sin importar que son los más afectados por el gasoducto que atraviesa por Bocoyna, Carichí, Cusihuiriachi, Guazapares y Urique, entre otros municipios de la Sierra Tarahumara.

Las comunidades en la sierra tarahumara no sólo viven el hostigamiento del narcotráfico, el Estado y las trasnacionales, también se enfrentan al lucro de las mal llamadas asociaciones civiles, como es el caso de “Asentamientos Tarahumaras” que obliga a las familias a pagar las casas que construye (con patrocinio de algunas empresas) en lugares en donde los rarámuris ya estaban asentados desde antes de que existiera esta asociación, amenazándolos con sacarlos de sus casas si no pagan las cuotas.

La violencia contra las comunidades indígenas en México es un asunto generalizado, incluyendo la invasión de sus usos y costumbres, la exigencia del lenguaje “oficial” por encima de su lenguaje propio y las políticas de desconocimiento de su auto-organización; es indispensable la lucha por la autodeterminación de todas las comunidades indígenas del país y por el respeto a su dignidad.






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