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¿Qué hay detrás del protocolo sanitario de la UAM?

Las autoridades de la UAM presentaron un protocolo de salubridad sin consultar a la parte sindical ¿Qué consecuencias tiene para los trabajadores? ¿En qué marco se da esta situación?

Martes 30 de junio | 23:21

En medio de la “nueva normalidad” las autoridades universitarias agrupadas en la Asociación Nacional de Universidades e instituciones de Educación Superior (ANUIES), vienen discutiendo una serie de lineamientos junto con la Secretaria de Educación Pública para implementar en el conjunto de la educación media superior y superior.

En estos lineamientos, las autoridades apuestan por un modelo hibrido entre clases presenciales y teletrabajo, que tiene profundas consecuencias para los trabajadores, ya que su aplicación implicaría la modificación unilateral de las condiciones laborales reguladas por los diferentes Contratos Colectivos de Trabajo.

Leer: ¿Qué regreso a la normalidad propone la ANUIES?

En la misma sinfonía, la presentación del “protocolo sanitario” de la UAM encubre un ataque a las condiciones laborales de los trabajadores académicos y administrativos, ya que no solo decide de manera unilateral los protocolos de salubridad que deberían discutirse bilateralmente mediante la Comisión Mixta General de Higiene y Seguridad, sino que contempla cambios que impactan en las funciones y las condiciones de trabajo de distintos departamentos.

Esta situación es continuidad de una serie de medidas que violentan el Contrato Colectivo de Trabajo como la no contratación de más de cien académicos temporales, la aprobación del Proyecto Emergente de Enseñanza Remota, que implica un avance en la precariedad docente y que es expresión de los acuerdos que impulsa a nivel nacional la ANUIES -violando la autonomía universitaria- y el recorte al presupuesto universitario por 110 millones de pesos, exigido por la SEP.

El ataque al que se apuestan las autoridades universitarias no es menor, por ahora nos dejan a los trabajadores como simples espectadores mientras generan una propuesta de lineamientos de salubridad que no contemplan la opinión de la base trabajadora y modifica condiciones laborales de vigilantes, intendentes, secretarias, servicios escolares, bibliotecarios, reporteros redactores, académicos y el funcionamiento en los CENDIS, por mencionar algunos casos.

Una respuesta a la altura del ataque

En medio de la pandemia, los sindicatos burocráticos como el de Pemex o el metro, por hablar de sectores esenciales que no pararon, avalaron mediante las comisiones mixtas de higiene y seguridad protocolos que no tomaron en cuenta la opinión de los trabajadores de base, realizando protocolos de salubridad formales. Esta situación tuvo graves consecuencias para los trabajadores: solo en Pemex, se confirmaron más de 3 mil 157 casos positivos y han fallecido 546 trabajadores.

En el caso del STUNAM dónde cerca de 5 mil trabajadores continuaron laborando -en su mayoría vigilantes- ha habido brotes, por ahora controlados, donde se ven claramente las limitantes de los protocolos sanitarios de las autoridades, que no garantizaron insumos suficientes para todos los trabajadores, ni tampoco el pago del bono por riesgo de trabajo, pactado previo al cierre de las dependencias.

Leer: Vigilantes de la UNAM se movilizan, exigen pago del bono por riesgo

Esto da cuenta de claros ejemplos dónde la no participación de la base en la formulación de protocolos de salubridad, puede implicar altos riesgos para nuestra salud y la de nuestras familias. Pero la pandemia, al ser un fenómeno internacional que impone condiciones similares en los centros de trabajo de todo el mundo, nos obliga a ver otras experiencias para abrevar y saber qué medidas han tenido impactos positivos.

Es el caso de los test para controlar y aislar los brotes de Covid-19, una cuestión fundamental para que Corea del Sur pudiese aplanar la curva de contagios y controlar eficazmente la pandemia, cuestión que López Gatell ha negado, pese a estar entre las recomendaciones de la OMS.

En ese sentido, el sindicato de Volkswagen Puebla acordó en asamblea exigir a la patronal test rápidos para los trabajadores previo a la vuelta a trabajar, la aplicación de los test dio como resultado más de cien trabajadores positivos y que en su mayoría eran asintomáticos.

Consideramos que los test rápidos pueden ayudarnos a focalizar y aislar de manera eficiente los casos positivos de Covid entre nuestros compañeros y evitar brotes en dependencias o unidades, por lo que deberíamos valorar esta medida acompañado de la exigencia de garantizar insumos necesarios para todos los trabajadores y con las especificaciones de cada departamento.

A la par, consideramos que la situación extraordinaria que imprime la pandemia, nos obliga a no solamente exigir la bilateralidad en la planeación de los protocolos sino la democratización de la toma de decisiones de la Comisión Mixta General de Higiene y Seguridad mediante la participación activa de la base trabajadora en la formulación de las propuestas, nadie más que los trabajadores de base conocen las necesidades de cada departamento, esto claramente se puede articular con la asesoría de expertos en el tema, donde nuestros compañeros académicos pueden jugar un rol importante.

Pero como el protocolo sanitario no solo contempla medidas de salubridad, sino una apuesta por profundizar el ataque a nuestras condiciones laborales, es necesario que convoquemos asambleas departamentales de manera virtual, hay decenas de ejemplos en el país y el mundo de la efectividad de las asambleas virtuales, la pandemia no puede ser sinónimo de pasividad, menos cuando las autoridades están anunciando un duro ataque.

A la política de las autoridades y la inmovilidad de nuestra dirección sindical, hay que oponerle la organización desde la base trabajadora, es por eso que consideramos fundamental comenzar a coordinarnos y prepararnos para enfrentar la posición de las autoridades universitarias que, en medio de una histórica crisis económica, no dudaran en intentar descargar sus consecuencias en nuestras espaldas, imponiendo condiciones laborales cada vez más precarias combinado con la dilapidación de nuestro poder adquisitivo frente a la inflación.

Solo la unidad de la base trabajadora puede ser capaz de frenar los planes de las autoridades.






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