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SUPLEMENTO

Prólogo a la traducción rusa de Más allá del principio del placer de Freud

RESCATES: LEV VYGOTSKI Y ALEKSANDR LURIA

PSICOLOGÍA
Ilustración: Marito Ce

Prólogo a la traducción rusa de Más allá del principio del placer de Freud

Este año se cumplen 100 años de la publicación de Más allá del principio del placer de Freud, editado en 1920, una obra clave para el desarrollo del pensamiento del creador del psicoanálisis y que desde entonces ha dado lugar a un cúmulo de lecturas y debates dentro y fuera del movimiento psicoanalítico. En ese marco, publicamos en este número de Ideas de Izquierda el Prefacio a la traducción rusa del libro que escribieran Lev Vygotski y Alexander Luria, editada por la Sociedad Psicoanalítica Rusa en 1925 como parte de un extenso trabajo de publicación de las obras de Freud en el marco del naciente Estado obrero soviético luego de la Revolución de 1917.

I

Entre las grandes mentes de nuestro tiempo, la de Freud ha sido una de las más intrépidas. Una cualidad como esta fue siempre considerada como una virtud más acorde a un hombre práctico que a un académico o pensador. El coraje es necesario para un hombre de acción, pero parece que es necesario un monto mucho mayor de audacia para pensar. Constantemente, la investigación académica está poblada por tantas mentes indeterminadas, pensamientos tímidos e hipótesis indecisas que casi parece como si la prudencia y el seguir los pasos de otras personas se hubiesen convertido en atributos obligatorios del trabajo académico oficial.

Freud hizo su debut como un revolucionario. El grado de oposición que el psicoanálisis generó en los círculos académicos oficiales es acorde al hecho de que este fue culpable de haber infringido severamente antiguas tradiciones de la moralidad y la academia burguesas y de haber sobrepasado los límites de lo aceptable. Esta nueva idea científica y sus creadores fueron forzados a pasar muchos años en un duro aislamiento. La hostilidad más virulenta y la más abierta resistencia se erigieron contra la nueva ciencia en todos los niveles de la sociedad. Freud mismo dice que él “en lo sucesivo pertenecería al número de los que ‘han turbado el sueño del mundo’, según la expresión de Hebbel” [1]. Y esto es exactamente lo que pasó.

El alboroto alrededor de las nuevas ciencias disminuyó gradualmente. Hoy, cualquier nuevo trabajo en el campo del psicoanálisis ya no suscita más una recepción tan hostil. Si no totalmente, al menos parcialmente, el viejo hostigamiento ha sido reemplazado por una aceptación general de la nueva disciplina en una atmósfera de intenso interés, profunda consideración y fuerte curiosidad, que no puede ser negada ni por sus principales oponentes. El psicoanálisis ha dejado hace tiempo de ser solo una técnica utilizada en psicoterapia y se ha desarrollado hasta incluir un número de problemas generales básicos en psicología general, biología, historia de la cultura y todas las así llamadas Geisteswissenschaften [2].

Aquí en Rusia, en particular, la psicología freudiana es muy popular, no solo en círculos de iniciados, sino también entre el público lector en general. Durante los años recientes, casi todas las obras de Freud han sido traducidas al ruso y publicadas. Frente a nuestros ojos, está empezando a formarse en Rusia una nueva y original tendencia, la cual con la ayuda de la teoría de los reflejos condicionados intenta sintetizar la psicología freudiana con el marxismo y desarrollar un sistema de psicología freudiana reflexológica en el espíritu del materialismo dialéctico. Tal traducción de Freud en el lenguaje de Pavlov es un intento objetivo de decodificar la oscura psicología profunda, y es una prueba viviente de la gran vitalidad de esta teoría y su potencial investigativo, todavía no agotado.

Pero para Freud, con el reconocimiento de su trabajo, la “era heroica” no se transformó meramente en cosa del pasado, sino que requirió un coraje infinitamente mayor y aún mayor heroísmo que antes. Donde sea que antes había sido consignado a su propio “esplendido aislamiento” y organizado su vida como “como Robinson Crusoe en una isla desierta”, ahora se enfrentaba con nuevas y serias amenazas, tales como tergiversaciones de los principios básicos de la nueva teoría y la necesidad de la verdad científica de conformarse a las exigencias y gustos de la visión burguesa del mundo. En una palabra, si al principio la amenaza provino desde el lado enemigo, ahora viene desde los aliados. Y, de hecho, muchas de las luminarias “a quienes la residencia en el mundo subterráneo del psicoanálisis les ha provocado desasosiego”, lo abandonaron [3].

Esta lucha interna requirió un esfuerzo mucho más grande que la confrontación con los enemigos. La idiosincrasia fundamental de Freud yace en el hecho de que es lo suficientemente valiente para llevar cada idea a su conclusión lógica y final. No siempre consiguió llevar a otros con él en este difícil y atemorizante viaje y muchos lo abandonaron inmediatamente después del punto de partida y se salieron del camino. Este proceso de pensamiento maximalista dio como resultado el mantener a Freud esencialmente aislado como académico aún en la cima misma del creciente interés científico en el psicoanálisis.

La presente traducción del libro Jenseits des Lustprinzips [en alemán en el original, Más allá del Principio del Placer] (1920), que se ofrece al lector, es parte de un cierto número de obras menos conocidas de Freud. Incluso psicoanalistas ortodoxos a veces ignoran este trabajo; en cuanto concierne a círculos de lectores más amplios, tanto fuera como dentro de Rusia, se sigue encontrando cierto prejuicio que hay que clarificar y disipar.

Este libro alcanza conclusiones tan desconcertantes e inesperadas que, a primera vista, parecen como contradecir sensiblemente todo lo que nos hemos acostumbrado a considerar como una verdad científica irrefutable. Y, más aún, contradice algunos postulados fundamentales que habían sido planteados por Freud mismo en tiempos tempranos. Aquí, Freud desafía no solo la opinión general, sino que pone en cuestión su propia afirmación subyacente a todas las revelaciones psicoanalíticas. La audacia de su pensamiento llega a su cénit en este libro.

Nos hemos acostumbrado a considerar el principio de autoconservación de un organismo vivo y el principio de su adaptación a las condiciones del ambiente en el cual tiene que vivir como los principios explicativos básicos para todas las ciencias biológicas. El instinto de preservar la vida y la vida de las especies, así como la tendencia a adaptarse al ambiente por la vía mejor y más indolora, parecen ser las principales fuerzas impulsoras de todo desarrollo orgánico. En completo acuerdo con estas premisas de la biología tradicional, Freud había formulado antes una teoría sobre dos principios de la actividad psíquica. Denominó como principio del placer a la tendencia superior a la cual se subordinan todos los procesos psíquicos están subordinados. De todas maneras, la búsqueda del placer y evitar el displacer no dominan por completo y no son las fuerzas que dirigen exclusivamente el proceso psíquico. La necesidad de tener que adaptarse crea la necesidad de un cuidadoso conocimiento del mundo exterior; en este punto se introduce un nuevo principio de actividad psíquica, a saber, el principio de realidad, el cual a veces dicta una denegatoria de placer en beneficio de “algo más fiable, aún si es pospuesto” [4]. Todo esto es extremadamente elemental, una obviedad que todas luces pertenece a la esfera de las verdades evidentes e irrefutables.

Como sea, los hechos obtenidos por la investigación psicoanalítica impulsan la mente más allá de los estrechos confines de esta verdad evidente. Es este intento de la mente de llegar más allá de esta verdad “más allá del principio del placer”, lo que constituyó la fuerza creativa que impulsó este libro.

Pero, de acuerdo con Freud, aún más elemental que este principio, y por más paradójico que pueda sonar, es el instinto de muerte, el cual es un principio básico primordial y universal común a toda la materia viva. Uno tiene que diferenciar entre dos tipos de instintos. El más accesible a la observación y que ha sido estudiado por largo tiempo es Eros en su más amplio sentido, la Libido, el cual incluye no solo la pulsión sexual y sus variadas manifestaciones, sino todo el instinto de autoconservación; “estos componen la pulsión de vida”. La otra forma de instinto, de la cual el sadismo puede ser considerado un ejemplo típico, puede ser designado como pulsión de muerte. Como dice Freud en otro libro, el propósito de este tipo de pulsión es el de “conducir la vida orgánica de vuelta al estado inanimado”; por ejemplo, su meta es “restablecer un estado de cosas que fue interrumpido por la emergencia de la vida”, regresar toda vida a la existencia inorgánica de la materia [5].Al mismo tiempo, todas las tendencias positivas protectoras de la vida tales como la lucha por la autoconservación, etc., son consideradas como instintos componentes, cuya función es asegurar que el organismo pueda continuar su recorrido individual hacia la muerte y prevenir toda probabilidad extraña de su retorno a la existencia inorgánica. Al mismo tiempo, toda vida representa una tendencia a restaurar el equilibrio energético interrumpido de la vida, como rodeos [Umwege] hacia la muerte; esto equivale a una lucha perpetua y un compromiso entre dos instintos irreconciliables y opuestos.

Una construcción tal como esta produce una resistencia natural por dos razones. En primer lugar, Freud mismo [1920, p.59] señala que este trabajo contrasta con algunos de sus otros argumentos. Estos no habían sido más que traducciones directas y exactas de observaciones empíricas en el lenguaje de la teoría. Pero en este caso, la reflexión suplanta frecuentemente la observación, “el pensamiento especulativo reemplaza al magro material empírico”. Así, uno puede fácilmente tener la impresión de que en este caso estamos tratando con una especulación metafísica antes que con proposiciones científicamente confiables. Por lo que no es difícil poner un signo igual entre lo que Freud mismo llama el punto de vista metapsicológico y uno metafísico.

En segundo lugar, en este punto, cualquiera puede considerar que inevitablemente surge otra objeción contra la esencia misma de estas ideas. Surge la sospecha de que quizá estos conceptos están permeados por la psicología de un pesimismo desesperado y que el autor puede estar intentando contrabandear la decadente filosofía del Nirvana y la muerte bajo la apariencia de principios biológicos. La sugerencia de que el único propósito de la vida es la muerte, ¿no implica nada más que dinamitar la mismísima fundación de la biología científica, la ciencia de la vida?

Ambas objeciones llevarían a cualquiera a acercarse al presente trabajo con extremada cautela y alguien puede aún encontrar que no hay lugar para él dentro del sistema del psicoanálisis científico y que se puede prescindir de él en la construcción de toda psicología freudiana reflexológicamente estructurada. Como sea, todo lector cuidadoso no encontrará difícil convencerse de que ambas objeciones son infundadas y que no resisten la más mínima crítica.

Freud mismo [1920, p.57] señala la infinita complejidad y la oscuridad de los problemas que investiga. Él llama a este campo de estudio una ecuación con dos cantidades o misterios desconocidos, donde no ha penetrado ni siquiera un haz de luz de una hipótesis. Los métodos científicos que utiliza ponen fuera de juego completamente cualquier acusación sobre la naturaleza metafísica de sus especulaciones. Es, de hecho, especulación, pero científica. Es metapsicología, no metafísica. Este trabajo es un paso más allá de las fronteras del conocimiento empírico, pero no hacia el reino de lo trascendental y suprasensorial, solo hacia el dominio de lo hasta ahora insuficientemente explorado y esclarecido Lo que es discutido es lo todavía no descubierto, no lo no cognoscible. Freud mismo [1920, p.37, 60] insiste en que su único objetivo es obtener resultados sobrios. Él estaría muy feliz solamente con cambiar el lenguaje metafórico de la psicología por terminología fisiológica y química si esto no conllevara un renunciamiento a todo intento de describir el fenómeno bajo estudio. La biología es una tierra de posibilidades ilimitadas, y el autor está dispuesto a conceder que sus posiciones bien pueden terminar siendo derrotadas.

¿No significa esto entonces que las propias dudas del autor sobre sus suposiciones las privan de cualquier valor científico o significación? De ninguna manera. El autor [Freud, 1920, p.59] dice que él mismo no está, igualmente, del todo convencido de la verdad de sus presuposiciones y que no quiere inclinar a otros a aceptarlas también. No está seguro de cuánto cree él mismo en ellas. Piensa que en este punto uno debería deshacerse completamente del “factor emocional de la convicción”, eso es todo. Esto demuestra la verdadera naturaleza y el valor científico de las ideas expresadas en este trabajo. La ciencia no consiste exclusivamente en juicios prefabricados, respuestas halladas, tesis viables y hechos confiables y reglas. Incluye, en igual medida, la búsqueda de la verdad, el proceso de descubrimiento, suposiciones, experiencia y riesgos. El pensamiento científico difiere del pensamiento religioso en que aquel no demanda una creencia en sí mismo como prerrequisito. “Es seguramente posible arrojarse uno mismo hacia una línea de pensamiento”, dice Freud [1920, p.59], “y seguirla donde sea que lleve, por simple curiosidad científica”. Freud mismo dice “que el psicoanálisis intentó muy duramente no convertirse en un sistema” [6]. Y si en este viaje nos esperan pensamientos vertiginosos, entonces debemos mostrar coraje para continuar esta empresa sin miedo, como una caminata por los senderos alpinos con riesgo de caer al precipicio en cualquier momento. Nur für Schwindelfreie, “solo para aquellos libres de vértigo”, de acuerdo con la bella frase de Lev Shestov, se abren estas rutas alpinas en filosofía y ciencia [7].

En una situación tal como esta, cuando el autor mismo está listo para desviar su camino en cualquier momento y es el primero en tener dudas sobre la verdad de sus ideas, obviamente no hay lugar para comentarios del tipo de que este libro supuestamente está saturado con la filosofía de la muerte. En él no se hallará filosofía de ningún tipo; sus orígenes están en la ciencia exacta y está dirigido hacia la ciencia exacta, pero lo que hace es dar un salto gigante y vertiginoso desde el punto más extremo de los hechos científicos firmemente establecidos hacia la desconocida esfera más allá de lo obvio.

Pero no se debe olvidar que, en general, el psicoanálisis tiene como su objetivo hacerse camino hacia más allá de lo aparente y, en cierto sentido, el rol de todo conocimiento científico no es solo verificar lo obvio, sino descubrir hechos que son más creíbles y reales que lo que es evidente; del mismo modo que los descubrimientos de Galileo nos llevan más allá de lo obvio, así también deben hacerlo los descubrimientos del psicoanálisis.

Los malos entendidos son propensos a ocurrir, aunque más no sea porque cierta terminología psicoanalítica utilizada por el autor tiende a ser un poco ambigua cuando es aplicada a los conceptos biológicos y químicos. El instinto de muerte y el esfuerzo hacia la muerte que es adscripto a toda la materia orgánica viva puede de hecho, a primera vista, fácilmente parecer un retorno a la filosofía pesimista. Pero la razón de ello es que, hasta ahora, la psicología siempre tuvo el hábito de tomar de la biología sus conceptos básicos, principios explicativos e hipótesis, y aplicar estos y los que hasta ese momento habían sido aceptados como válidos para los organismos vivos simples a la esfera de la psicología. Parece que, por primera vez, en este caso la biología tiene una deuda con la psicología y el pensamiento científico ha quedado simplemente en reversa, delineando sus conclusiones a partir del análisis de la psicología humana y aplicándolos a las leyes universales de la vida orgánica. En este caso, la biología toma prestado de la psicología. Por esto, es muy necesario señalar que términos tales como instinto, pulsión, etc. pierden su carácter original de potencias psicológicas, y pasan a significar solo tendencias generales a ser halladas en una célula viviente, sin dependencia de ninguna evaluación filosófica dela vida y la muerte dentro del marco de la mente humana. Sin excepción, Freud atribuye tales instintos a procesos químicos y fisiológicos dentro de la célula viviente y solo los utiliza para designar la dirección de la restauración del equilibrio energético.

El valor y el mérito de cualquier hipótesis científica son mesurados por su ventaja práctica, esto es, su contribución al progreso y su utilización como principio explicativo de trabajo. En este sentido, la mejor evidencia del total valor científico de la hipótesis de una Todestrieb [en alemán, pulsión de muerte, N. del T.] primaria, es el desarrollo subsecuente de las mismas ideas en el libro de Freud Das Ich und das Es (“El yo y el Ello”) [8], donde la teoría psicológica sobre la estructura compleja de la personalidad, sobre la ambigüedad y el instinto destructivo, etc. está directamente referida a las ideas desarrolladas en el presente libro.

Pero la audaz hipótesis de Freud hacia conclusiones biológicas generales muestra aún más promesas. De una vez y para siempre rompe completamente con cualquier concepto teleológico en las esferas de la psicología y la biología. Cada instinto es causalmente dependiente de su condición previa, la cual se esfuerza por restituir. Cada instinto tiene un carácter conservador y es empujado hacia atrás y no hacia adelante. Y es así como es lanzado un puente (hipotético) desde la ciencia de los orígenes y desarrollo de la vida orgánica hacia aquella que trata con la materia inorgánica. Por primera vez en esta hipótesis, la totalidad orgánica está tan decisivamente integrada en el contexto general del mundo.

Freud está dispuesto a conceder que “en cada partícula de sustancia viviente”, en cada célula, ambas clases de instintos coexisten en porciones desigualmente mezcladas. Y solo como resultado de la combinación de los organismos unicelulares más primitivos para formar formas multicelulares de vida, “el instinto de muerte de la célula singular puede ser exitosamente neutralizado y los impulsos destructivos ser desviados hacia el mundo exterior” [9]. Tales ideas abren enormes posibilidades para el estudio de la sublimación social de estos instintos de muerte. El organismo social “multicelular” crea grandiosas e incontables posibilidades para neutralizar y sublimar este instinto de muerte transformándolos en impulsos creativos del ser humano social [10].

En vista de todas estas razones, pensamos que el nuevo libro de Freud, a causa de su extraordinario coraje y la originalidad de su pensamiento, será recibido tanto en círculos de iniciados como por el lector general con la atención y el interés que se merece. Este interés no debería, de ningún modo, depender de si la hipótesis planteada encuentra aprobación o recibe confirmación empírica en el curso de la subsecuente investigación y escrutinio crítico. El mismísimo descubrimiento de América -“un continente más allá del principio del placer”- por Colón, prestó un gran servicio, aún si este no produjo un mapa geográfico exacto del nuevo continente o lo colonizó. Después de todo, la búsqueda de la verdad es más fascinante, más iluminadora, más fructífera y valiosa que la verdad ya descubierta y prefabricada.

II

Aún antes de la aparición de la traducción rusa de este libro, una viva discusión de los problemas planteados en él comenzó en los círculos académicos rusos. Entre las opiniones que se expresaron había planteos de que Freud había abandonado su posición inicial y de que en este libro él había tomado un camino que divergía ampliamente del pensamiento materialista contemporáneo.

Nosotros pensamos que un abordaje más fructífero de este libro no justifica aquellas sospechas. En Jenseits des Lustprinzips, Freud desarrolla ideas que había presentado en una profundidad y amplitud mayor como piedras fundamentales del psicoanálisis, pero ahora nos invita a su laboratorio del pensamiento. Esencialmente, todo en este libro proviene lógicamente de las ideas más tempranas de Freud, pero qué nuevas, y a veces cuán impactantes y originales nos parecen todavía estas páginas.

En ningún lugar plantea el autor que sus propuestas son absolutamente correctas; él mismo no está seguro acerca de su validez y, dando a conocer sus ideas, solo desea delinear conclusiones biológicas generales basadas en datos provenientes de aspectos de la vida psíquica que ha investigado previamente. ¿A dónde conduce esto? ¿Qué tendencias que pueden tener aplicaciones metodológicas generales se ocultan debajo de estas a veces incomprensibles conjeturas?

Hay una sola tendencia en la raíz de todas las propuestas que se encuentran en este libro, a saber, un intento de producir un esquema biológico general para la vida psíquica. Freud no está enteramente feliz con principios psíquicos tales como, por ejemplo, “el principio del placer”, el cual de acuerdo con el psicoanálisis regula todo el comportamiento humano; él está buscando una conformidad biológica más profunda y más generalmente significativa con las leyes de la naturaleza y la encuentra en el principio general de la preservación del equilibrio, “una tendencia general, observada en el mundo inorgánico a mantener siempre un nivel distribuido de tensión energética”. Estabilidad y regresión a la existencia inorgánica, estas son las tendencias básicas de la biología pura, cuyos ecos hallamos en las profundidades del psiquismo humano (“la compulsión a la repetición de estados anteriores”) [11].

Como sea, estos extraños procesos hallados en la vida psíquica no son atributos especiales del “espíritu”; estos solo nos dicen algo acerca de la existencia de leyes de más largo alcance que incluyen tanto la actividad psíquica como procesos biológicos más fundamentales. En este trabajo, la psicología es incorporada dentro de la órbita de fenómenos biológicos más generales y la misma tendencia que juega su rol en el mundo inorgánico está reflejada en esta psicología. Para nosotros, un concepto tan disonante como la “pulsión de muerte” (Todestrieb) debería significar nada más que una afirmación certera del eco de alguna ley más profunda de la naturaleza biológica, un intento de escapar de un concepto puramente psicológico de “instinto” y de descubrir su verdadero significado biológico.

Desde un abordaje puramente psicológico de los principios de la vida y los instintos psíquicos a un abordaje biológico, este es el camino que toma Freud para expandir sus hipótesis más tempranas.

De todos modos, si la tendencia biológica conservadora a preservar el equilibrio inorgánico está oculta en las capas profundas de la vida psíquica, ¿cómo puede puede explicarse el desarrollo de la humanidad desde sus formas elementales a sus formas superiores? ¿Dónde debemos buscar las raíces de la tormentosa progresión del proceso histórico? Freud nos brinda una respuesta altamente interesante y materialista. Por ejemplo, si en los profundos recovecos de la psique humana aún subyacen tendencias conservadoras de la biología primordial y si, en el análisis final, aún Eros está consignado a estas, entonces las únicas fuerzas que pueden hacer posible para nosotros el escape de este estado de conservadurismo biológico y las cuales pueden impulsarnos hacia el progreso y la actividad, son las fuerzas externas, en nuestros términos, las condiciones externas del ambiente material en el cual el individuo existe. Son estas las que representan la verdadera base del progreso, son estas las que crean a la personalidad real y hacen adaptarse y funcionar nuevas formas de la vida psíquica; finalmente, son estas son las únicas que suprimen y transforman los vestigios de la vieja biología conservadora. En este aspecto la psicología de Freud es rigurosamente sociológica y se acerca a otros psicólogos materialistas que se encuentran en mejores circunstancias que Freud para revelar y validar el contenido de los fundamentos materialistas de esta teoría.

Así, de acuerdo con Freud, la historia de la psique humana expresa dos tendencias, la conservadora-biológica y la progresiva-sociológica. Es a partir de estos dos factores que es compuesta toda la dialéctica del organismo y ellos son responsables del “espiral” de desarrollo distintivo del ser humano. Este libro representa un paso hacia adelante y no hacia atrás en el camino de la construcción de un sistema total, monista, y luego de haber leído este libro un dialéctico no puede dejar de percibir su enorme potencial para una comprensión monista del mundo.

Es innecesario aceptar todos y cada uno de los muchos postulados de Freud, y no es necesario compartir todas sus hipótesis, pero lo que es importante es poder descubrir una tendencia general dentro de las nociones singulares (quizá no todas de igual valor), y lograr utilizarlas para una explicación materialista del mundo.

Pero una cosa ha logrado definitivamente este trabajo, y es que la psicología ha perdido su especificidad mística. Freud reveló que las mismas leyes biológicas generales que gobiernan el resto del mundo se aplican a esta también y que esta ha sido totalmente desacreditada como portadora de una importancia “superior” [1920, p.60]: “Las deficiencias en nuestra descripción probablemente se esfumarían si ya estuviéramos en posición de reemplazar nuestros términos psicológicos por otros fisiológicos o químicos”.

La ciencia burguesa está dando nacimiento al materialismo; tal trabajo es a menudo dificultoso y prolongado, pero solo tenemos que hallar en sus entrañas en qué lugar se van mostrando brotes materialistas, encontrarlos, rescatarlos y darles un buen uso.

Publicado por primera vez en Freud, S., Po storonu principa udovol’stvija [en ruso, Más allá del principio del placer], Sovremennye Problemy, Moscú, 1925. Las anotaciones y los números de páginas están referidos a la traducción castellana de José L. Etcheverry. Ordenada, comentada y anotada por James Strachey. Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1985. El texto original de Freud fue editado en 1920. Traducido por Juan Duarte de Van der Veer, R., y Valsiner, J. (Eds.), The Vygotsky Reader, Blackwell, Oxford, 1994. La presente edición fue publicada en el libro Carpintero, E. (comp.), El psicoanálisis en la revolución de octubre, Buenos Aires, Topía, 2017.

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NOTAS AL PIE

[1Se refiere a las propias palabras de Freud en su Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914). Referencia a las palabras dirigidas por Kandaules a Gyges en Friedrich Hebbel, Gyges und sein Ring (acto V, escena 1). Nota de James Stratchey. Ver el volumen 14, ob. cit.].

[2en alemán, “ciencias del espiritu" o “humanísticas”, N. del T.

[3Todo este resumen está basado en la propia descripción romántica de Freud en su Sobre la historia del movimiento psicoanalítico. Los términos “espléndido aislamiento”, “era heroica”, la comparación con “Robinson Crusoe en una isla desierta”, y la frase sobre “el mundo subterráneo del psicoanálisis” fueron usadas por Freud para graficar la alegada resistencia general contra sus ideas. Ver pp. 22, 66 del Vol. 14, ob. cit.

[4Parafrasea un pasaje de Más allá del Principio del Placer (1920). Ver p.10 del Vol.18, ob. cit.

[5Citado del texto de Freud El yo y el Ello (1923, p. 40). Ver Vol. 19, ob. cit.

[6Posiblemente una paráfrasis de un pasaje de unos de las artículos de la Enciclopedia de Freud (1923). Ver pp.253-4 del vol. 18, ob. cit.

[7Cita de Shestov, L., Apofeoz bespochvennosti (1905), Izdatel’stvo Leningradskogo Universiteta, 1991, p.180; En castellano, Apoteosis de lo infundado. Intento de pensamiento adogmático, Hermida Editores, Madrid, 2015. Uno de los temas mayores de Shestov y el motivo de la segunda parte de su libro era que el pensamiento metafísico realmente interesante requiere dejar de lado los dogmas de la lógica y la ciencia y esto solo es accesible para aquellos que no temen los senderos alpinos de la especulación.

[8Disponible en traducción rusa, Leningrado, 1924 [Nota al pie del original ruso, N. del T.].

[9Esta cita y la que sigue están tomadas de El yo y el Ello, 1923, p. 41. Ver vol. 19, ob. cit.

[10El término ’multicelular’ es utilizado por Freud en Más allá del principio del placer. Ver p. 50 del vol. 18, ob. cit.

[11Paráfrasis de la argumentación de Freud en Más allá del principio del placer. Ver pp. 36-7 del vol. 18, ob. cit.
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