Política

REACCIÓN CATÓLICA

¿Por qué no se le reclama a Bergoglio que repudie el golpe de Estado en Bolivia?

Quienes se apoyan en la retórica “progre” del Papa denuncian a los militares y la Policía bolivianas, a sus mandantes burgueses, a la OEA y a Trump. Pero se “olvidan” del Episcopado andino y del silencio de Francisco.

Daniel Satur

@saturnetroc

Miércoles 13 de noviembre | 23:28

Los apologistas locales del Vaticano, adoradores de Francisco, suelen experimentar una excitación peculiar cada vez que el sumo pontífice habla de Latinoamérica con su retórica “progresista” y “antineoliberal”. Sin embargo, en los últimos días se les está complicando la cosa. Por un lado, levantan la voz para repudiar el golpe de Estado en Bolivia. Por el otro, se mantienen en silencio sobre el alineamiento deliberado de la Iglesia católica con los ejecutores de ese golpe.

No es la primera vez que se produce una sinergia entre los conceptos “Bergoglio” y “golpe de Estado”. Mucho menos entre “Iglesia” y “dictadura”. Vaya si Argentina lo sabe. Cada golpe de los instaurados en el Siglo XX contó con la aprobación, la justificación y la bendición de la jerarquía eclesiástica. Ni hablar de la última dictadura, la de 1976, a la que la historia terminó bautizando como “cívico-militar-eclesiástica”.

Las vueltas de la vida convirtieron en Papa a quien en los 70 fuera autoridad de la congregación jesuita en Argentina. Su pasado de complicidades con los crímenes del genocidio (incluyendo el robo de bebés) dio paso a un relato que por poco no lo termina ubicando del lado de las víctimas. Ahora, Bergoglio parece ser un especialista en progresismo y hasta hay quienes lo catalogan como “antisistema” y “revolucionario”…

Si te he visto…

El 8 de julio de 2015 Francisco viajó a Bolivia, en una visita que duró dos días. En su primer discurso público, al lado de Evo Morales, dijo: “Bolivia está dando pasos importantes hacia la inclusión de amplios sectores en la vida económica, social y política del país. Su constitución reconoce los derechos de las personas, las minorías y el medio ambiente, y provee a las instituciones de medios para promoverlos”.

Cuatro años y cuatro meses después, Morales está asilado en México tras renunciar a su cargo y Francisco mantiene un muy meditado silencio sobre el golpe cívico-militar-policial-eclesiástico que desde el domingo mantiene en vilo a Latinoamérica. Tan meditado es el silencio papal, que Jorge Bergoglio ni siquiera respondió al tuit que Evo le dirigió el sábado pidiéndole que intercediera ante quienes buscaban derrocarlo.

El domingo, pocas horas antes de que Morales se fuera de La Paz, Francisco le dedicó apenas unas palabras a la gravísima situación suscitada en el país andino. En medio del rutinario Ángelus, invitó a “rezar” por “la situación de la amada Bolivia” y pidió resolver la crisis “en un clima de paz y serenidad”. Esa fue la única referencia al tema y desde entonces la comunicación oficial vaticana no volvió a mencionarlo.

En ese mismo momento la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) lanzaba un video en el que el que su secretario general, monseñor José Fuentes Cano, decía abiertamente que “lo que sucede que Bolivia no es un golpe de Estado” y hasta llamaba “a la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas de la nación a cumplir con urgencia con su rol de defensa de la propiedad”, sabiendo que ello significaba represión, tortura y muerte.

A la buena de Dios

Alineados con la reacción racista y clasista, este martes los obispos volvieron a insistir. El vocero de la CEB, José Rivera, afirmó por CNN Radio que “no existe ningún motivo para hablar de un golpe de Estado”. Y agregó que los obispos están dispuestos “a participar de un diálogo nacional” con los golpistas al tiempo que le están pidiendo a Bergoglio que dirija un mensaje a Bolivia “para ayudar a generar un clima de mayor paz y entendimiento”.

En un nuevo comunicado conocido en las últimas horas, la Secretaría General del episcopado boliviano volvió a hacer un “llamamiento” a la “armonía” y a la “paz”, pidiendo que no haya “más agresiones”. El texto concluye proponiendo mirar “al futuro con esperanza” y seguir “construyendo a Bolivia”. Eso sí, que Morales ni piense en volver.

Si hacía falta algún gesto contundente para demostrar la consustanciación de la Iglesia católica con el golpe de Estado, allí está la imagen de la senadora Jeanine Áñez asumiendo la “presidencia provisional” de Bolivia rodeada de militares y antecedida por un enorme crucifijo, cirios encendidos y una Biblia abierta de par en par.

Rivera, el vocero de la CEB, confirmó que los obispos se venían reuniendo “en las últimas semanas” con diversos “representantes de partidos políticos, con comités cívicos y con embajadores”, dejando en claro que el alineamiento de la curia boliviana con los golpistas es casi total. Al mismo tiempo, negó que haya ataques de bandas fascistas a la población y que, por el contrario, “la violencia ha venido de grupos de choque” organizado por partidarios de Evo.

Foto EFE | Rodrigo Sura
Foto EFE | Rodrigo Sura

Violencia es callar

La retórica eclesiástica está inundada de referencias a la “no violencia”, a la “paz” y al “diálogo”. Pero en los hechos, cuando las papas queman, ese palabrerío termina encubriendo desde los “individuales” abusos sexuales de curas sobre niños y adolescentes hasta verdaderos genocidios perpetrados contra poblaciones a lo largo y ancho del planeta.

Frente al golpe de Estado en Bolivia, la Iglesia viene optando por un doble juego perverso. Mientras los obispos bolivianos disfrazan al golpismo con ropajes “cívicos” y “republicanos”, Francisco y sus subordinados de la Conferencia Episcopal Argentina hacen gala de su habitual silencio ensordecedor. Y dejan a sus acólitos al borde de un ataque de nervios.

Eduardo Valdés, diputado del Parlasur, exembajador en el Vaticano y hombre muy cercano a Bergoglio, por estos días viene dando diversas entrevistas periodísticas. Allí denuncia la destitución violenta de Morales e identifica (con mucha razón) a la Organización de Estados Americanos (OEA) y al gobierno de Donald Trump como parte de la avanzada golpista. Sin embargo, del silencio cómplice del Vaticano, ni una palabra.

El lunes, en una sesión del Parlasur en Motevideo, Valdés y otros legisladores lograron que se votara un proyecto de repudio “al golpe cívico militar en curso en Bolivia”. Allí denuncian “la estrategia de violencia política extrema instrumentada por las milicias privadas con la complicidad de mandos militares y policiales”. Del posicionamiento golpista de la Conferencia Episcopal Boliviana, nada.

Una actitud similar ha adoptado el dirigente social Juan Grabois, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos y la CTEP. “No se puede hacer silencio frente a la intervención militar que provocó el derrocamiento de un gobierno”, dijo Grabois en declaraciones al programa “Corea del centro” del canal Net TV, conducido por María O’Donnell y Ernesto Tenembaum. Pero del silencio de Francisco, su amigo personal, tampoco dijo nada.

El dirigente social también identificó con claridad a casi todos los golpistas, desde las Fuerzas Armadas y la Policía bolivianas hasta Donald Trump y las grandes corporaciones mediáticas. Casi todos. La Conferencia Episcopal Boliviana no estaría entrando en su acusación.

Valdés y Grabois son dos referentes identificados con Bergoglio. Ellos mismos se encargan permanentemente de mostrar públicamente ese vínculo estrecho con el Papa. Por eso, sus palabras (y sus omisiones) no son iguales a las de cualquier dirigente. Pero no son los únicos.

El presidente electo Alberto Fernández también condenó con énfasis el golpe de Estado en Bolivia. En esa línea, este miércoles las bancadas del Frente de Todos de Diputados y Senadores votaron junto a otras fuerzas políticas un proyecto que condena el derrocamiento de Evo. Pero el hábil Fernández sabe dónde decir una cosa y dónde callarla.

Mientras en el Congreso el peronismo repudiaba el golpe en Bolivia, en la sede porteña de la Conferencia Episcopal Argentina el presidente electo se reunía con obispos y dirigentes de algunos movimientos sociales. A Fernández lo acompañaba el miembro del Opus Dei Gustavo Béliz. Entre los dirigentes sociales estaba Grabois. Allí se habló de la pobreza, de la llamada “economía popular” y del lugar que tendrían esos dirigentes sociales en el próximo Gobierno.

En ese momento, a miles de kilómetros de distancia, Jeanine Áñez sonreía tras la cruz, la Biblia y los velones. Pero para alivio de monseñor Jorge Lugones, titular de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, ¿curiosamente? en la reunión Bolivia no fue tema de conversación.

¿Podrán explicar quienes se apoyan en la retórica “progre” del Papa y denuncian el golpe en Bolivia las razones del silencio de Francisco? ¿Qué hay detrás del meditado callar de Bergoglio sobre los acontecimientos nefastos que envuelven al país andino? Tal vez la larga historia de relaciones entre la Iglesia y las clases dominantes tenga algunas respuestas para dar.






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