Mundo Obrero

MAGISTERIO

¿Por qué los maestros nos oponemos a la reforma educativa?

Publicamos los testimonios que nos hicieron llegar dos maestras que impulsan el boletín Nuestra Clase.

Jueves 30 de julio de 2015

Eva Parra, maestra de secundaria, integrante del boletín Nuestra Clase

A partir de la aprobación de la “reforma educativa” en 2013, decenas de miles de maestros a lo largo y ancho de la república mexicana salimos a las calles a demostrar nuestro repudio ante esta medida.

Recientemente, la lucha magisterial se ha activado nuevamente. No sólo se están movilizando compañeros maestros que se reivindican de la CNTE, sino también están presentes los que, al sentir las primeras consecuencias de la aplicación de la reforma, han presionado a sus direcciones sindicales o las han rebasado para movilizarse, como sucede en el Estado de México, Baja California, Veracruz, etc.

Entre los docentes el rechazo a la reforma es generalizado, incluso entre quienes no lo demuestran activamente. En las escuelas se respira un clima de inconformidad e incertidumbre frente a una reforma que atenta contra nuestros derechos, nos despoja de la estabilidad en el empleo y la seguridad laboral.

Aunado a esto, los maestros y maestras estamos preocupados por el tipo de educación que desde el Estado quieren imponernos. Esta reforma profundiza un modelo educativo pro-empresarial que apunta hacia la generación de estudiantes sumisos y acríticos.

Aunque la reforma no haya implicado todavía un nuevo cambio en el plan y los programas de estudio, todo el lenguaje que utiliza hace explícito hacia donde quieren llevar a la educación. Utilizar términos empresariales como calidad, eficiencia, eficacia, etc., ha significado someter a las escuelas a un modelo de “toyotismo” educativo que las considera como si fueran fábricas que producen tornillos.

Por otro lado, con la autonomía de gestión, que responsabiliza a los padres de familia de la manutención de las escuelas y la figura de los Consejos de Participación Social, que permite la injerencia de empresas privadas al interior de los centros escolares, se propicia que el Estado se desentienda de su obligación de financiar la educación pública y apunta hacia la privatización.

Selegna, maestra de secundaria, integrante del boletín Nuestra Clase

Por la defensa de nuestro empleo y la cancelación de la evaluación punitiva. Porque no es una reforma educativa, sino laboral y administrativa, que coarta la libertad de expresión y el derecho a manifestarse.

Porque con un "examen" estandarizado con el que pretenden evaluarnos, no se genera "calidad" ni se termina con el rezago educativo; además, dicho examen no toma en cuenta las características y necesidades de cada entidad.

¿Quién quiere presentar un examen bajo amenaza, que está diseñado para no ser aprobado? Sin embargo, no tenemos miedo ni nos oponemos a ser evaluados; pero en dichos exámenes no hay un sustento teórico-pedagógico y metodológico; son memorísticos, para recitar los acuerdos y leyes, dejando a un lado lo más importante, la cuestión humanista.

También la guerra mediática se ha encargado de culpar a los maestros como los responsables, de los problemas que aquejan al sistema educativo. Siendo éste el chivo expiatorio.

Por otra parte, hay mucho descontento, debido al acoso laboral que se vive al interior de las escuelas: como la supervisión excesiva, la carga burocrática (portafolios de evidencias, planificación didáctica argumentada, exámenes de recuperación... entre otras), la privatización paulatina de la educación, ir delegando sutilmente a los padres la parte económica de las escuelas con los comités de participación social.

Por último, no hay libertad de expresión, porque quienes se oponen al régimen, son violentados, levantados, encarcelados o desaparecidos, como en el caso de los 43 normalistas.

Por eso en respuesta a todo lo anterior, los maestros hemos salidos a las calles a manifestarnos en contra de la privatización de la educación y de la imposición.






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