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MAGISTERIO

Pongamos en pie una gran agrupación magisterial que defienda nuestros derechos y la educación pública

Urge poner en pie una agrupación de maestras y maestros combativos que defienda la educación pública y luche por las demandas de los trabajadores de la educación.

Lunes 16 de abril | 13:25

Los resultados de la reforma educativa son miles de despidos, precarización laboral, represión, autoritarismo, evaluaciones punitivas, privatización y degradación de la educación pública.

Este año de elecciones, los desprestigiados partidos patronales nos prometen que si triunfan en las urnas atenderán nuestros reclamos, pero sabemos que son los responsables de la aplicación de los planes de las trasnacionales y los organismos financieros internacionales, como la OCDE.

Si no hacemos algo, nos esperan más explotación y miseria para los trabajadores y el pueblo. Por ello, quienes integramos la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase les proponemos organizarnos a todas y todos los maestros que están hartos de esta situación.

¿Por qué luchamos?

Peleamos contra la reforma educativa que, lejos de mejorar la “calidad de la educación”, liquidó nuestros derechos laborales, como la plaza de base, condicionando nuestra permanencia en el empleo a las evaluaciones punitivas, así como propicia la privatización de la educación.

Defendemos la educación pública, laica y gratuita. Sin embargo, sabemos que actualmente responde a los intereses de los empresarios que requieren mano de obra barata y dócil. Frente a ello, aspiramos a una educación al servicio del pueblo trabajador, de alto nivel académico, que emane de nuestras verdaderas necesidades. Que seamos nosotros, los docentes, junto a los padres y madres de familia, los alumnos y las organizaciones obreras y populares, quienes definamos democráticamente qué se enseña, para qué y cómo.

Por eso estamos en contra del Nuevo Modelo Educativo, que profundizará la degradación de la educación pública. Nos oponemos a la desaparición de los talleres en secundaria; a la disminución de horas y contenidos en distintas asignaturas; a la liquidación de plazas para orientadores, trabajadores sociales y médicos escolares; así como al cierre de los turnos vespertinos, de las telesecundarias y secundarias para trabajadores.

Sabemos que para desempeñar adecuadamente nuestra labor es necesario mejorar las escuelas. Los sismos del año pasado evidenciaron las malas condiciones en las que se encuentran. La mayoría ponen en riesgo la seguridad de alumnos y maestros. En muchos casos, han sido los padres de familia quienes han asumido los gastos de las reparaciones.

Cientos de escuelas siguen sin reabrirse y corren el riesgo de permanecer cerradas para siempre. Su reconstrucción, adecuado mantenimiento y equipamiento para garantizar actividades artísticas, deportivas y recreativas, así como el derecho de los alumnos a una alimentación adecuada, no puede ni debe correr a cuenta de los padres y madres de familia. El Estado debe garantizarlo.

Luchamos contra el hacinamiento en las aulas, pues un docente no puede atender adecuadamente a más de 15 alumnos por grupo. Por ello nos oponemos al cierre de los turnos vespertinos y bregamos por la construcción de más y mejores escuelas.

Frente a la carga excesiva de trabajo, los asfixiantes cursos que nos obligan a tomar fuera del horario laboral y que nada tienen que ver con lo que enfrentamos en las aulas, luchamos por laborar 6 horas 5 días a la semana, 4 horas frente a grupo y 2 para planificar, evaluar y elaborar material didáctico, con salario de tiempo completo. Asimismo, pensamos que la actualización de las y los maestros debe realizarse dentro del horario laboral y responder realmente a nuestras necesidades.

Leer: ¿Cómo afecta la reforma educativa a los maestros de nuevo ingreso?

Frente a la carestía de la vida, luchamos por salarios que cubran el costo de la canasta básica y aumenten automáticamente de acuerdo con la inflación.

Para conseguir todo esto, es indispensable aumentar el presupuesto educativo, lo que puede hacerse dejando de pagar la deuda externa e imponiendo impuestos progresivos a los grandes empresarios, así como luchando para que todo funcionario público cobre lo mismo que una maestra.

Cuando alzamos la voz, somos reprimidos. Por eso, peleamos por la reinstalación de los maestros cesados por oponerse a la “reforma educativa”. Rechazamos la criminalización del magisterio y de los movimientos sociales, así como la Ley de Seguridad Interior que nos depara más represión y militarización. Asimismo, exigimos la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Peleamos también contra el feminicidio y la violencia contra las mujeres, que somos mayoría en el gremio magisterial. No podemos permanecer pasivos mientras asesinan y desaparecen a maestras y estudiantes al amparo del Estado.

¿Qué alternativa tenemos las y los maestros?

Para pelear por estas demandas es necesario poner en pie una gran agrupación que retome las mejores experiencias de lucha del magisterio.

Que junto a la CNTE y la base magisterial, se proponga recuperar nuestro sindicato, para que sea independiente del Estado y los partidos patronales y realmente sirva para defender nuestros derechos laborales.

Lo anterior implica enfrentar a los charros del SNTE, conquistando nuestro derecho a hacer asambleas periódicas en nuestros centros de trabajo, que nos permitan tomar decisiones sobre nuestros problemas y reivindicaciones.

Pero sabemos que el ataque no es sólo al magisterio, pues la mayoría de los trabajadores dejan la vida en sus centros de trabajo, en terribles condiciones laborales y a cambio de salarios miserables. La juventud sufre la criminalización, falta de acceso a la educación y trabajo precario.

El magisterio debe aliarse con las y los trabajadores de distintos sectores, con las mujeres y los jóvenes que también están siendo atacados por los empresarios y sus gobiernos, no sólo en el país, sino a nivel internacional. Necesitamos seguir el ejemplo de las y los docentes que en Oklahoma están pelando contra los planes de Donald Trump.

Leer: Huelga docente en Oklahoma, conflicto que brinca el muro de Trump

Sabemos que muchos maestros confían en Andrés Manuel López Obrador y en su promesa de echar atrás la reforma educativa. Sin embargo, AMLO ya dijo que sólo pretende hacer modificaciones a la Ley del Servicio Profesional Docente para “eliminar la evaluación punitiva”, cuestión que no es suficiente, pues el desmantelamiento de la educación pública y gratuita continúa por mandato de los organismos financieros internacionales.

Nuestras demandas no se pueden conseguir sin abrogar al conjunto de la reforma educativa, yendo en contra de los grandes empresarios y las trasnacionales. No obstante, el candidato presidencial del Morena ya dijo que garantizará la estabilidad de los negocios capitalistas, mientras se alía con patrones, políticos de la “mafia en el poder” y charros, como Elba Esther Gordillo, de quienes no podemos esperar nada bueno.

Los trabajadores debemos contar con una herramienta política propia, que defienda nuestros intereses, sin patrones ni charros sindicales.

Debemos movilizarnos, confiando sólo en nuestras fuerzas y no en que las instituciones o votando a los partidos del régimen se resolverán nuestros problemas. El magisterio debe prepararse para, junto al resto de los explotados y oprimidos, enfrentar al gobierno de turno y al régimen político para conquistar nuestras demandas.

Esta lucha puede empezar en el aula y la escuela, pero debe seguir en la calle. Te invitamos a organizarte con Nuestra Clase y a sumarte a esta gran tarea.






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