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Peña Nieto, ante las nuevas acusaciones de Trump y el “No” de Hillary Clinton

Peña Nieto en el ojo de la tormenta: a pesar de su servilismo, quedó mal con todos. Donald Trump vuelve a la carga, Hillary Clinton dijo “no” a la invitación.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 7 de septiembre de 2016 | 00:25

El gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) no lo pudo hacer peor, y el desarrollo de los acontecimientos sólo agravó las cosas. Invitó a México a Donald Trump, candidato republicano y uno de los personajes más odiados en el país. Trump le “pagó” el favor, ridiculizándolo ante la opinión pública mundial al decir que el muro de la ignominia y la xenofobia lo pagaría México. Ahora lo acusa de “violar las reglas del juego”, mientras que la candidata demócrata Hillary Clinton rechazó la invitación.

Un torpe juego con caras consecuencias

La jugada de Peña Nieto – propuesta por su secretario de Hacienda, Luis Videgaray–, fue poco pensada y le está costando cara. Lejos de congraciarlo con ambos candidatos estadounidenses y quedar bien parado “gane quien gane”, lo dejó mal con todos. No sólo en casa –como explicamos aquí– sino también ante el establishment del vecino del norte, país que es el principal “socio” económico y comercial al que México está unido por múltiples lazos de subordinación y entrega.

Por su parte, Trump no dejó de cuestionar al gobierno mexicano: ahora afirma que Peña Nieto “violó algunas reglas del juego”. El republicano está aprovechando la visita para posicionarse ante su electorado, en sintonía con su estrategia y su discurso xenófobo y “anti-México”.

El hecho es que el enrarecimiento de las relaciones entre Donald Trump y Los Pinos no tiene muchos antecedentes. Vaticina –en caso de que los republicanos remontasen los números electorales desfavorables y llegasen a la Casa Blanca– una relación nada cordial con el gobierno mexicano.

Hillary: marcando el límite

La visita de Hillary Clinton a México habría significado para Peña Nieto un respiro, y la esperanza de compensar el descalabro provocado por la reunión con Trump. Podría presentar sendos encuentros como un acercamiento a dos bandas para ratificar la “sociedad privilegiada” de ambos países.

Sin embargo, Clinton –cercada por el escándalo de los correos electrónicos con información clasificada enviada desde su cuenta privada de e-mail mientras cumplía con las funciones de secretaría de Estado– tiene otras prioridades: recomponer su popularidad interna, mantener una imagen de centro, y asegurar su triunfo sobre el candidato republicano, como se plantea aquí. Una visita a México representaba un riesgo innecesario. Prefiere mantenerse al margen del traspié de EPN, quien, evidentemente, deberá arreglárselas solo.

Considerando que Peña Nieto habló una y otra vez de su “amigo” Barack Obama, la actitud de la candidata demócrata, desairando la invitación, debería ser visto como todo un gesto político en Los Pinos.

Gane quien gane, mayor subordinación y entrega

La torpeza de la jugada de EPN seguramente requerirá una operación diplomática por parte del gobierno mexicano.
Al calor de estos hechos, hay que considerar lo que puede esperarse para después de las elecciones estadounidenses. La orientación xenófoba y racista de Trump ya es conocida. En el caso de Clinton, mientras continuará la política contra los inmigrantes de la actual administración, puede esperarse una agresiva política exterior: como se plantea aquí, republicanos especialistas de política exterior la apoyan como una firme garantía en la defensa de los intereses estadounidenses en el globo. A su vez, ambos candidatos han manifestado su intención de renegociar el TLC con mejores condiciones para Estados Unidos, o sea, condiciones aun más leoninas para el pueblo trabajador a uno y otro lado de la frontera.

La jugada fallida de Peña Nieto mostró la profunda subordinación al imperialismo estadounidense y sus principales partidos. Enseñó el servilismo de la actual administración, que es continuidad de los anteriores gobiernos priistas y panistas.

Gane quien gane, la recolonización del país por parte de las trasnacionales y la entrega de los recursos estratégicos se profundizará. Esto lo defiende Peña Nieto, pero también el conjunto de los partidos del Congreso de la Unión quienes –aunque cuestionen con fines electorales el encuentro con Trump– avalan e impulsan la subordinación política y económica a los EE.UU.

Es momento de transformar la indignación existente con la visita de Trump, en un gran movimiento antiimperialista en las calles, encabezado por los trabajadores junto a la juventud combativa y los sectores populares. Para luchar contra la entrega del país al imperialismo estadounidense y para que no seamos una estrella más de la bandera yanqui.






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