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MAGISTERIO

Paros magisteriales y una perspectiva de lucha nacional

Con un paro de maestros en Baja California y el anuncio de paro indefinido de la Sección 7 en Chiapas, la CNTE debe apostarse al desarrollo nacional del movimiento magisterial.

Maestro Arturo Méndez

Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Viernes 30 de agosto

Desde hace algunas semanas, la Sección 7 del SNTE en Chiapas, adherida a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), anunció un paro indefinido de labores en respuesta ante la falta de solución a las demandas de los maestros del estado.

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El magisterio chiapaneco viene exigiendo el pago de salarios adeudados, el otorgamiento de plazas que garanticen estabilidad laboral y la solución de cientos de problemas relacionados con la educación indígena, entre otras demandas, además de que se ha pronunciado en desacuerdo con la reforma educativa de la 4T.

En esta lucha, la Sección 7 ha desconocido a las autoridades educativas locales por no respetar la bilateralidad en su relación con el magisterio, pues convocaron unilateralmente a la cadena de cambios de adscripción.

En la Asamblea Nacional Representativa del 17 de agosto, la CNTE acordó apoyar el paro en Chiapas, y resolvió poner a consulta de las bases en otros estados la realización de acciones como paros de 24 horas, movilizaciones y concentraciones para acompañarlo cuando estalle.

Recientemente, Pedro Gómez Bahamaca, dirigente de la Sección 7, anunció que esperarán hasta el 10 de septiembre para obtener respuestas significativas del gobierno, o de lo contrario estarán listos para manifestarse y seguirán en la ruta del paro indefinido.

Para el 10 de septiembre se tiene programada la séptima reunión de la CNTE con AMLO, en la que los maestros tratarán el tema de Chiapas.

Del noroeste al sureste, unidad magisterial contra la continuidad neoliberal

El estado de Chiapas no está solo en el padecimiento de múltiples problemas relacionados con la educación, como lo muestran el atraso en los pago a maestros en Michoacán, la falta de plazas en Guerrero o las escuelas que no han terminado de reconstruirse en la CDMX luego del terremoto del 2017.

Simultáneamente, en todo el país ha comenzado a implementarse la Nueva Escuela Mexicana y se espera la votación de las leyes secundarias de la nueva reforma educativa para el próximo periodo de sesiones, que inicia el 1 de septiembre. Todo como parte de un plan de continuidad y profundización neoliberal en la educación pública.

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Pero en el caso de la 7, se trata de una sección ganada por la CNTE a los charros del SNTE en 2013, que durante todo el sexenio pasado mostró una gran combatividad en la lucha contra la reforma educativa peñista y que ahora viene denunciando la represión del gobierno de Rutilio Escandón (Morena) contra los normalistas de Mactumatzá, de la Jacinto Canek (cuyo cierre decidieron autoritariamente las autoridades municipales) y otros sectores.

Así, mientras los charros del SNTE le rinden pleitesía al gobierno de la 4T y se ofrecen como agentes para implementar las nuevas políticas educativas, desde el sureste los maestros chiapanecos amagan con estallar un paro que puede sacudir la pasividad en la que el gobierno logró poner al magisterio nacional a golpe de promesas y discursos.

Mención aparte merecen los maestros de Baja California, que ante la situación crítica que atraviesan por pagos atrasados, impusieron en las secciones 2 y 37 del SNTE el estallamiento de un paro laboral para resolver sus demandas.

Leer: Baja California: Con paro laboral maestros exigen pago de adeudos a profesores interinos

La lucha magisterial que resurge en el noroeste y se anuncia en el sureste puede desarrollarse si la CNTE se apuesta consecuentemente a la unidad, si se apoya en esas medidas de fuerza para extenderlas, en primer lugar, a los estados en los que concentra sus fuerzas, como Guerrero, en donde la CETEG acaba de enfrentar una brutal represión, y desde ahí se propone impulsar decididamente una política para la reactivación del movimiento magisterial en todo el país, junto a otros sectores de trabajadores y populares que vienen enfrentando las políticas del gobierno y la descomposición del régimen, como el Tren Maya, la hidroeléctrica de Huexca, la persecución de la Guardia Nacional contra migrantes o la violencia policial contra las mujeres.

Un movimiento con independencia política del gobierno, más allá de las mesas de diálogo con AMLO, para imponer nuestras demandas; en lucha contra los charros por la democratización del SNTE y contra la continuidad neoliberal de la nueva reforma educativa; en defensa de los derechos de los maestros, por mejores condiciones laborales y por una transformación real de la educación en México.

La movilización nacional convocada por la CNTE para el 6 de septiembre puede ser un escenario propicio para impulsar esta política.

*Maestro de secundaria e integrante de la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase.






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