Géneros y Sexualidades

DEBATE

Para enfrentar la violencia hacia las mujeres hay que enfrentar al Estado capitalista

Linchar y castigar, ¿es eso justicia para las víctimas de violencia? Un debate sobre la política punitiva de un ala del feminismo está sobre la mesa ahora que la oleada global violeta del #8M empuja la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

Yara Villaseñor

Socióloga UNAM - Integrante del MTS

Miércoles 4 de abril | 19:03

El pasado #8M se movilizaron millones de personas alrededor del mundo en más de 170 países. La consigna del Paro Internacional de Mujeres fue “si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, articulando la lucha contra el patriarcado a la lucha por acabar con la explotación capitalista.

Esta oleada violeta fortalece en el imaginario social la posibilidad de organizarnos para luchar contra la violencia hacia las mujeres, pero ¿cuál es la mejor estrategia para enfrentar la alianza entre patriarcado y capital?

La relación entre patriarcado y capitalismo ha configurado una situación estructural de violencia sistemática contra el 99% de las mujeres -es decir, sobre todo para las mujeres pobres y trabajadoras.

Las madres y familiares de víctimas de feminicidio han luchado por justicia durante décadas. La respuesta ha sido la tipificación del delito de feminicidio, el fortalecimiento de medidas punitivas, y el “reconocimiento” estatal de las mujeres como víctimas individuales de una violencia que no se reconoce como producto de condiciones estructurales sino que es aislada en un relato de “amor pasional”. Así sucedió con la joven trabajadora asesinada en Reforma 222 por pedirle el divorcio a su ex pareja o con el caso de Lesvy Berlin Osorio en Ciudad Universitaria de la UNAM.

Esto mientras las políticas represivas del mismo Estado, y la militarización financiada desde Washington, han redundado en un crecimiento exponencial de la violencia contra las mujeres, como se evidencia en el alza de los feminicidios en las últimas décadas.

Esta escalada represiva, en la que se enmarca la reaccionaria campaña de Rectoría de la UNAM contra el narcomenudeo, nos responsabiliza de la violencia que generan las políticas de un gobierno al servicio de los empresarios y las trasnacionales.

A la par, mantiene en la impunidad a las instituciones de un sistema que se basa en proteger con la fuerza de la ley, la propiedad privada y los privilegios de un 1% de hombres y mujeres construidos sobre la explotación del 99% de la población, más crudamente de las mujeres.

Esto al tiempo que sobre la población femenina de la clase trabajadora y los sectores populares pesan además múltiples formas de opresión para mantenerlas en un lugar de inferioridad respecto a los varones, como la desigualdad salarial, un mecanismo funcional para avanzar en el incremento de la precarización laboral de las mayorías al tiempo que las mantiene divididas.

De esta forma, el Estado revictimiza a las mujeres, evitando que se organicen contra el verdadero carácter de la violencia patriarcal, su carácter estructural y la responsabilidad institucional en la actual situación de violencia que viven el grueso de las mujeres pobres y trabajadoras.

El objetivo es desviar nuestra lucha, institucionalizarla y descomprimir el descontento con soluciones cosméticas y muestras de “buena voluntad”. El resultado de aislar el fenómeno de violencia contra las mujeres del régimen social y político que legitima y reproduce esta violencia solo lleva a la despolitización del movimiento y a reforzar la idea de que somos “víctimas impotentes”.

En esto, tienen responsabilidad las corrientes y “colectivas” que, aunque se presentan como muy “radicales” en la lucha contra el machismo, despliegan una política punitiva que, como planteamos más abajo, es funcional al Estado y en particular al fortalecimiento del aparato represivo, lo cual no puede más que ir en contra de la lucha y las demandas de millones de mujeres.

Por eso no podemos depositar en las instituciones responsables de la violencia, nuestras esperanzas de justicia. Por eso necesitamos construir un potente movimiento de mujeres en las calles que convoque a organizaciones sindicales, políticas, de izquierda, de derechos humanos, trabajadores y estudiantes a movilizarse contra la violencia patriarcal.

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Por un movimiento de mujeres junto a las trabajadoras y con independencia del Estado

Con su “exigencia de castigo” al Estado responsable de la militarización, de la represión y tortura sexual en Atenco, de los crímenes de Ayotzinapa, de la aprobación de las reformas estructurales, del asesinato a sangre fría de Nefertiti y Grecia en Veracruz, de la represión y asesinato de cientos de periodistas y luchadores sociales, las feministas “radicales”/separatistas fortalecen al Estado capitalista al impulsar una política punitiva y reaccionaria opuesta al desarrollo de un movimiento de mujeres combativo, en las calles y con independencia del gobierno.

Buscan construir espacios supuestamente apartados de “los agresores” (separando a la sociedad entre víctimas y victimarios) pero su principal objetivo es fortalecer el aparato represivo del Estado para imponer castigo, aparato que luego se volverá en contra de luchadores y luchadoras sociales.

Así se vio en la asamblea separatista en la Facultad de Economía de la UNAM, con la propuesta de vincular este movimiento al Ministerio Público para “hacer efectivas” las denuncias contra los agresores. ¡Que diferente esto a las movilizaciones de cientos de miles por Ayotzinapa al grito de “Fue el Estado”, o de las marchas encabezadas por las maestras, que protestaban contra la represión de Mancera y Peña Nieto desde el 2013 en adelante!

El feminismo separatista/radical es enemigo acérrimo de impulsar un potente movimiento de mujeres que se juegue a conquistar como aliados a todos aquellos que viven la opresión y la explotación.

Lejos de considerar enemigos a las y los capitalistas y sus gobiernos y considerar aliados a todos aquellos y aquellas que enfrentan sus políticas, excluyen a los varones de la lucha contra la violencia hacia las mujeres, dividen a la juventud, a los trabajadores y a los sectores en lucha con argumentos tan derechistas y reaccionarios como que una asamblea de mujeres “no debe discutir cosas como la lucha de clases o el problema del narco, que no nos atañen en la lucha contra la violencia”.

El separatismo en la UNAM

Las exigencias de las tomas de las Facultades de Filosofía y Letras, de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en marzo y los pronunciamientos impulsados contra el acoso, no cuestionaron el sistema antidemocrático de gobierno de la Universidad, al pelear por ampliar las facultades de un protocolo que fortalece su actuar inquisitorial y al exigir castigo individual como única salida frente a la violencia. Esa fue la “pelea” reaccionaria que dieron las llamadas separatistas en la UNAM.

Su accionar es funcional a lo que quieren las autoridades universitarias –recordemos que la rectoría está en manos del PRI- y los partidos del gobierno que interviene dentro de la universidad. No es casual que éstos, por primera vez en muchos años, en lugar de buscar frenar estas medidas, se montaron en la lucha legítima de miles de compañeras para llevar esta demanda a un cauce institucional sin salida que empantanará toda lucha futura por nuestros derechos.

La principal pelea de estas colectivas no es contra el Estado. Es contra la izquierda. A Pan y Rosas nos “acusan” de politizar la lucha de las mujeres –igual que lo hace contra familiares y activistas la oscurantista Iglesia católica en el ámbito de la lucha contra las desapariciones forzadas–, de organizar a trabajadoras y trabajadores contra la violencia, de formar políticamente a cuadros que enfrenten los ataques de los empresarios y sus agentes. Lanzan calumnias y mentiras contra nuestros compañeros y nos acusan de “defender violadores”.

Buscan “expulsarnos” de espacios antidemocráticos que nada tienen de representativos -de donde, además, echan a trabajadoras y maestras-, como sucedió en la asamblea de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM este 3 de abril. Cabe mencionar que esta asamblea tuvo una reducida asistencia (muy detrás de las movilizaciones contra la violencia y el feminicidio) y no contó con asambleas de base previas que respaldaran el espacio desde los planteles. 

Las organizaciones y activistas democráticos, feministas y de izquierda tienen que repudiar estos métodos, que acallan el debate de estrategias políticas para el movimiento de mujeres, así como a toda compañera trabajadora, estudiante y académica que busque construir un espacio democrático e independiente de las autoridades universitarias y el Estado para organizarnos contra la violencia.

Nosotras no daremos ni un paso atrás, y tampoco los compañeros que pelean codo a codo con nosotras por acabar con el feminicidio, la precarización laboral y todo tipo de violencia, incluyendo la explotación capitalista.

En esta nueva oleada violeta, que a nivel internacional hizo vibrar el mundo el #8M con el Paro Internacional de Mujeres, y que copó las calles en Argentina, Turquía, el Estado Español, desde Pan y Rosas luchamos contra el patriarcado y también contra el capitalismo, impulsando la construcción de franjas revolucionarias en el movimiento de mujeres que enfrenten toda política reaccionaria que fortalezca al Estado que nos oprime y explota. Que al mismo tiempo busque obtener toda conquista que mejore las condiciones de vida de las mujeres pobres y trabajadoras, como el aborto legal, seguro y gratuito, la igualdad salarial y el trabajo digno.

Nuestra perspectiva es anticapitalista y revolucionaria, es por la emancipación de las mujeres y del conjunto de la humanidad. Peleamos por acabar con la división patriarcal que divide las filas de hombres y mujeres de la clase trabajadora, por impulsar un potente movimiento de mujeres combativo e independendiente del Estado. Porque el movimiento estudiantil retome las mejores lecciones de autoorganización y de unidad entre estudiantes y trabajadores levantando como propia la bandera contra los femicidios y la violencia patriarcal. Súmate a militar con Pan y Rosas en tu centro de estudio y de trabajo.






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