Sociedad

LA CIENCIA EN DEBATE

P-hacking o la maquila de la ciencia chatarra

Es cada vez más usual encontrar en diarios y noticieros informes que dicen: “Un estudio científico ha demostrado que…”, trayendo algún “dato curioso” de algún estudio realizado por científicos.

Miércoles 5 de octubre de 2016 | Edición del día

Ha sido tan exitosa esta forma de divulgación, que se ha vuelto tema de conversación para muchos e incluso ha creado secciones enteras en diarios y noticieros. De esta manera nos presentan informes que dicen que las mujeres que comen chocolate durante la gestación van a tener hijos más inteligentes; que tomar café puede producir cáncer; que tomar café ayuda a prevenir el cáncer; que nos enamoramos sólo gracias al sentido del olfato; que la gente inteligente es la que se acuesta a dormir más allá de las 10:27 de la noche; que sólo el alto consumo de grasas dañan nuestra salud y no el del azúcar (…); y muchas otras cosas que pueden ser tan contradictorias o riesgosas como estas.

Estos datos tomados a la ligera parecen inofensivos, en esencia no afectan a nadie en particular y pueden incluso brindar una sensación de explicación para muchos. Así mismo el calificativo de “ha sido demostrado por la ciencia” les brinda una legitimidad casi inexpugnable, como si bastase sólo con enunciarlo de esta manera para ser una verdad incuestionable. Pero detrás de todas estas cosas subyacen ciertas prácticas y procesos que no son nada inocentes y que, muy por el contrario, generan concepciones erradas y a largo plazo pueden crear problemas dentro de la sociedad.

¿Qué es el p-hacking?

El p-hacking, también conocido como pesca de datos (Data fishing), es una práctica que se ha ido instalando en el mundo académico científico y que busca la obtención de resultados de una manera un poco acrobática. El p-hacking es un proceso de “pesca de datos” que supone la comprobación de forma automática de un gran número de hipótesis sobre un único conjunto de datos mediante una exhaustiva búsqueda de combinaciones de variables que podrían mostrar una correlación.

Las pruebas convencionales de significación estadística (p) se basan en la probabilidad de que una observación pueda surgir por casualidad, así se puede aceptar cierto margen de riesgo con resultados erróneos, este margen se conoce como significación. Cuando se llevan a cabo un gran número de pruebas algunas producen resultados falsos que pueden ser tomados como positivos si se altera un poco el margen de error que se han permitido. Por lo tanto 5% de hipótesis elegidas al azar pueden llegar a ser significativas al nivel de 5%, 1% pueden llegar a ser significativas al nivel de significación del 1%, y así sucesivamente sólo por casualidad.

Cuando se ponen a prueba suficientes hipótesis, es prácticamente seguro que algunas falsas o erróneas aparezcan como estadísticamente significativas. Ya que casi todos los conjuntos de datos, con cualquier grado de aleatoriedad, tienen la probabilidad de contener algunas correlaciones ficticias. Si los investigadores no son cautelosos utilizando estas técnicas, pueden ser fácilmente engañados por los resultados. Este peligro es inherente a las comparaciones múltiples y es muy común en las prácticas estadísticas de pesca de datos. Por otra parte, los subgrupos a veces se exploraron sin alertar al lector del número de interrogantes que se trataron, lo que puede conducir a conclusiones falsas o a malas informaciones.

La ciencia bajo la presión de la producción en serie.

Si se mira esta práctica con más detenimiento se puede observar que está muy ligada a la presión por producir conocimiento en serie, algo así como la banda ensambladora de una fábrica, de una maquila del saber científico. Al igual que los diversos ámbitos de producción, la generación de conocimiento también se ve envuelta por la mercantilización y capitalización del sistema en el que vivimos.
Lo que se evidencia es cómo los investigadores se ven presionados a generar resultados de manera permanente y a inundar el mundo académico de artículos (papers) cuyo diálogo interno es limitado o inexistente. Esto se suma al hecho de que los investigadores son premiados por descubrir algo nuevo y no por revisar algo ya hecho, coartando de esta forma los recursos dispuestos para la investigación. Así, si se desea hacer carrera en el mundo científico hay que producir a toda costa –y casi bajo cualquier criterio- para obtener ayudas o reconocimientos.

Esta situación es preocupante ya que el conocimiento científico necesita del tiempo para la reflexión concienzuda y del diálogo entre la comunidad de investigadores para la corroboración. Los nuevos avances de la ciencia deben ser revisados, comparados, criticados, replicados, reafirmados o refutados. Todo esto necesita de un tiempo prudente y de una labor colaborativa. No se trata entonces de publicar resultados porque sí, con estudios muy recortados en su indagación sobre algún aspecto (más allá de su pertinencia), ni de asumir dichos resultados como los “grandes descubrimientos” de la ciencia.

Aunque es cierto que muchos grandes descubrimientos de la ciencia se dan gracias a una importante cuota de serendipia (es decir que a veces se puede llegar a conclusiones importantes a través de una experimentación o pesquisa que no buscaba inicialmente ese resultado), es siempre necesario que estas hipótesis estén acompañadas de evaluaciones y réplicas. De esta manera se puede decir que algunos de estos resultados pueden ser válidos y conducir la investigación hacia nuevos horizontes, el problema reside en presentarlos como algo acabado y, peor aún, promover políticas o prácticas usándolos como fundamento.

En muchos medios estos estudios son presentados como una especie de verdad científica. Lo cual es preocupante en la medida en que no sólo están mostrando como una ley general un estudio parcial, sino que en muchas ocasiones los estudios son tergiversados con fines premeditados, como promover una idea un una gama de productos. Así, los estudios son leídos muy superficialmente, tomando como realidades absolutas algunos aspectos que sólo habían sido sugeridos o centrándose simplemente en el título del artículo y elucubrando a partir de él. De esta forma el conocimiento es presentado en un marco muy semejante a un “programa de chismes”, que nos lleva a lo que conducen los chismes: a asumir suposiciones como verdades.

Al lado de los medios se pueden encontrar algunas compañías e industrias que, patrocinando la producción de este tipo de investigaciones, buscan promocionar de manera indirecta sus productos. Centros de investigación pueden presentar unos resultados parciales sobre la correlación entre un aspecto y un componente y de esta manera ganar la aprobación social de sus productos.

Es muy lucrativo para una gran compañía de bebidas y refrescos patrocinar un estudio que busca la correlación entre la deshidratación y la capacidad de conducir de las personas y que señala que conducir deshidratado es equivalente a conducir con ebriedad. Si en un noticiero dicen que la ciencia estipula que los chocolates pueden generar beneficios para el periodo de gestación en las mujeres, es muy probable que muchas de ellas salgan a comprar los productos de estas grandes industrias del cacao.

En defensa de una ciencia para la humanidad.

El conocimiento es una importante herramienta de la que disponen los seres humanos y este tipo de prácticas lo ponen en un lugar complicado, un lugar del que hay que sacarlo. La trivialización de la difusión científica, sumado a la alienación en la que ya se encuentra la investigación, genera desinformación y malas interpretaciones. Y esto puede conducir a asuntos más complejos como la deslegitimación del pensamiento científico y crítico. Lo cual lleva a razonamientos tan ilógicos como la negación del cambio climático contemporáneo y la correlación entre vacunas y autismo.

El conocimiento que la ciencia produce no debe ser algo sacralizado o, peor aún, algo que quede confinado al espacio reducido propio de sus realizadores. Y mucho menos al de los grupos que financian y monopolizan sus investigaciones. Muy por el contrario es más que necesaria su difusión, de modo que el conocimiento sea una propiedad común de la humanidad. “Mientras más ciencia nos pertenezca a todos nosotros, es menos probable que esta sea mal utilizada” Neil deGrasse Tyson.








Temas relacionados

Ciencia   /    Ciencia y Tecnología   /    Sociedad

Comentarios

DEJAR COMENTARIO