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Nueva fiebre del oro: las trasnacionales tras el shale gas en México

El objetivo de la recientemente aprobada Reforma Energética del gobierno de Enrique Peña Nieto es que los grandes pulpos petroleros como la Royal Dutch, la Shell, Exxon Mobile y la British Petroleum extraigan ganancias millonarias del usufructo del petróleo en aguas profundas, los llamados pozos transfronterizos y la extracción y comercialización de hidrocarburos no convencionales altamente nocivos para el medio ambiente como el llamado shale gas.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Viernes 12 de septiembre de 2014

El Shale Gas

Para muchos apologistas del capitalismo, la utilización del gas de esquisto, cuya explotación se concesiona al capital privado en la nueva reforma de EPN, es una verdadera revolución. El shale gas, aunque similar al gas natural, se extrae de arenas bituminosas ubicadas en la roca sedimentaria y su utilización está en ascenso en Estados Unidos y Canadá, producto del abaratamiento de los costos para su extracción, originado por la innovación tecnológica.

Como muchos ecologistas, investigadores y comunidades afectadas han denunciado, su extracción genera grandes cantidades de metano que son liberadas a la atmósfera. Según Robert Howarth, profesor de la Universidad Cornell, el gas de esquisto genera entre 40 y 60 veces más emisiones de gases de efecto invernadero que el convencional. A corto plazo también deja una huella de gas invernadero mayor que el petróleo o el carbón.

El problema radica en que el mecanismo de perforación que se utiliza para su extracción es el de Fractura Hidráulica, que filtra gran cantidad de gases de efecto invernadero, contrario a lo que argumentan las compañías de hidrocarburos que están haciendo creer al público que el gas de esquisto sería el principio de una era energética sin emisiones cualitativas de dióxido de carbono. Pero esos beneficios quedan más que opacados por las filtraciones de metano tanto en el pozo, en el proceso de fractura, como en la entrega del gas y su envío al sistema de distribución.

Según el propio Howarth y sus colegas, entre el 4% y el 8% de las filtraciones derivadas de la Fractura Hidráulica son mucho más nocivas al ambiente que la quema de petróleo o carbón. Simplemente el metano, en comparación con el dióxido de carbono, tiene un potencial exponencialmente más alto de recalentamiento atmosférico durante los primeros 20 años después de ser emitido.

Los riesgos del Fracking

El método de Fractura Hidráulica o fracking, implica perforar verticalmente hasta 3000 metros en la roca y luego supone cavar de forma horizontal unos mil metros más. Una vez hecha la perforación, se introducen químicos y grandes cantidades de agua a alta presión. Así se libera el gas. Con las nuevas tecnologías la Fractura Hidráulica puede ser ejecutada en depósitos cada vez más profundos y alcanzar concentraciones de gas muy dispersas.

Sin embargo, desde los noventas para acá, muchas han sido las voces de alarma que alertan contra este mecanismo, no solo por la liberación de gases de efecto invernadero. De hecho, durante el 2011, el gobierno de Ohio tuvo que suspender el método producto de que varios sismos estuvieron asociados a la manipulación del registro geológico. Y es que el mecanismo, requiere inyectar por lo menos 10 millones de litros de agua y un porcentaje mucho mayor de químicos, ocasionando
un excedente residual inutilizable por su alto contenido tóxico. Si bien existen estudios sobre el impacto ambiental de la Fractura Hidráulica en general y la extracción de gas de esquisto en particular como el del antes citado R. Howarth, las investigaciones independientes escasean y las compañías de hidrocarburos vienen ganando la partida, ahora con importantes intereses puestos sobre México.

Una política tecnológica al servicio de los trabajadores y el pueblo, no de los Capitalistas

Solo esbozando apenas algunos de los problemas ambientales que genera la explotación de hidrocarburos en manos de los capitalistas, podemos dar cuenta de las graves consecuencias de la Reforma Energética. En tanto los medios de producción y el usufructo de los hidrocarburos estén bajo el mando de los grandes capitalistas, seguiremos avanzando inexorablemente hacia la devastación ambiental. En tanto la ciencia y la tecnología, estén al servicio de la ganancia y no de las grandes necesidades sociales, no habrá innovación tecnocientífica que permita detener la degradación ecológica a la que el capitalismo nos ha orillado.

¿Será posible vislumbrar un desarrollo tecnológico armónico con nuestro entorno y consecuente con las necesidades de las grandes mayorías en una perspectiva anticapitalista, socialista y revolucionaria? Si los empresarios nativos y extranjeros y sus fieles administradores del gobierno mexicano tienen una “política tecnológica” acorde a sus intereses, es fundamental que la clase obrera y sus aliados despleguemos una política tecnológica alternativa. Por ello, para que en un futuro podamos invertir en energías renovables y ecológicas, es fundamental que la lucha contra la privatización del petróleo y los hidrocarburos se proponga su estatización bajo el control de los trabajadores que son los protagonistas, agentes y creadores de los sistemas técnicos contemporáneos que mueven los resortes fundamentales de la economía global.






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