Internacional

NADA QUE FESTEJAR

No queremos ser una estrella más de la bandera yanqui

Este jueves 15 de septiembre, Enrique Peña Nieto (EPN) saldrá al balcón de Palacio Nacional a dar el “grito” en conmemoración del inicio del proceso de la Independencia. El cinismo y la hipocresía del gobierno y la “clase política”, garantes de la actual dependencia de los Estados Unidos, no tienen límites.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Viernes 16 de septiembre de 2016 | Edición del día

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Hace apenas dos semanas, Peña recibió al magnate Donald Trump, candidato republicano a la Casa Blanca, xenófobo y racista, enemigo declarado de los millones de migrantes mexicanos y centroamericanos que son explotados del otro lado de la frontera. Peña Nieto, el mismo que saldrá al balcón del Palacio Nacional, recibió a quien pretende construir un nuevo muro en la frontera, y que encima propone que lo pague México.

Y hubiera recibido a Hillary Clinton, la candidata demócrata que quiere profundizar lo que hizo su correligionario Barack Obama, el “deportador en jefe” que endureció la política anti migrantes. Pero Hillary desairó a Peña y prefirió concentrarse en la campaña electoral.

Cinismo e hipocresía porque bajo este gobierno se profundizó la entrega del país a las trasnacionales imperialistas. Porque desde que asumió EPN se aprobaron las reformas estructurales dictadas por los organismos financieros internacionales, como la energética, que pone a disposición de las grandes empresas extranjeras los recursos estratégicos del país. Bajo el PRI y su emblema tricolor, se avanzó aún más en la recolonización de México, tanto es así que la embajadora estadounidense pretende “dar el grito”; y no se trata de un enunciado fallido, los políticos y los empresarios yanquis consideran que México es suyo.

La “clase política”, cómplice y parte de la entrega

Y mientras Peña se desvivía por recibir a los candidatos presidenciales -sin siquiera medir los costos internos que esto le provocaría-, en las semanas previas Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón y una de las precandidatas panistas para el 2018, asistía sin más a la convención demócrata. El PAN, aunque haya criticado con claros fines electorales la reunión con Trump, compite con los priistas a ver quién es más proimperialista.

Bajo Fox y Calderón, Estados Unidos no sólo dictó el curso de la política económica, sino que mostró su injerencia en todos los planos: político, diplomático y militar, profundizando lo hecho en los anteriores sexenios priistas. En particular, fue la llamada “guerra contra las drogas” propugnada por la administración estadounidense la base de la militarización impulsada por Calderón, que arrojó cientos de miles de asesinados, desaparecidos y desplazados; en su mayoría trabajadores, jóvenes y pobres.

Bajo priistas y panistas, y al calor de la dominación de Estados Unidos, crecieron las redes de trata, los feminicidios y todo tipo de fenómenos terribles, resultado de un sistema cada vez más reaccionario. Bajo este régimen degradado de democracia asesina del PRI, el PAN y el PRD, los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos.

Los perredistas, por su parte están muy lejos de cuestionar la subordinación y entrega. Como parte del Pacto por México, avalaron la política económica y las reformas de Peña Nieto. Lejos de ser de “izquierda”, nunca denunciaron la opresión imperialista. A lo sumo se limitaron a proponer “renegociar” el Tratado de Libre Comercio y otros pactos que nos atan a los Estados Unidos, como si se pudiera “renegociar” con Estados Unidos, responsable de la expoliación económica y de la ofensiva reaccionaria en toda América Latina, como fue en los años 70 con las dictaduras militares y como es ahora.

Este 15 de setiembre, Peña Nieto y la “clase política” al servicio de los empresarios solo quieren festejar la mayor subordinación y dominación imperialista. Con ellos, los trabajadores y el pueblo no tenemos nada que celebrar.

No seremos una estrella más de la bandera yanqui

Para muchos jóvenes y trabajadores, el Morena es una alternativa de oposición a los tres grandes partidos. Sin embargo, López Obrador, más allá de sus menciones a Benito Juárez, se cuida mucho de pronunciarse contra los “invasores” contemporáneos. En los últimos años ha reafirmado su voluntad de mostrarse como una opción “responsable” para los Estados Unidos.

Ante la visita de Trump se limitó a criticar a EPN por “involucrarse en las elecciones estadounidenses” y al revés de lo que esperaban muchos de sus seguidores, no se lanzó contra el magnate. Sin siquiera un atisbo de retórica nacionalista, López Obrador les dice al establishment estadounidense que él tampoco sacará “los pies del plato”.

En cambio, desde el Movimiento de los Trabajadores Socialistas y desde La Izquierda Diario México, sostenemos que hay que denunciar la entrega y subordinación del país al imperialismo estadounidense, perpetuada por los partidos de este régimen político al servicio de los grandes empresarios y de las trasnacionales.

Hay que denunciar el Tratado de Libre Comercio y todos los acuerdos y pactos económicos políticos y diplomáticos (como el TPP) que nos atan a Estados Unidos, así como a cualquier otra potencia imperialista. Hay que luchar por expropiar sin indemnización a todas las trasnacionales que fueron beneficiadas por los distintos gobiernos federales y locales del PRI, PAN y PRD, en el sector energético, bancario y todas las áreas de la economía.
Y hay que dejar de pagar la deuda externa, mediante la cual se expolia al país y se redoblan las cadenas que nos atan.

La clase trabajadora, junto a sus aliados, la juventud combativa y los oprimidos del campo y la ciudad, debe encabezar la movilización contra la opresión imperialista, así como contra el gobierno y el régimen político, los agentes de Washington y sus planes.
Lejos de los discursos que lanzan aquellos “opositores” que pretenden renegociar bajo las garras del imperio, nosotros sostenemos que hay que luchar y movilizarnos, porque no queremos ser una estrella más de la bandera yanqui.

Por eso, impulsamos una gran campaña contra el muro que quiere construir Donald Trump. Y para luchar también contra el actual muro fronterizo y las políticas migratorias de Washington.

Para que el “Abajo el Muro!” se escuche a ambos lados de la frontera. Que sea tomada en sus manos por la poderosa y multiétnica clase obrera de EE.UU. y por los millones de migrantes que mantienen en funcionamiento al gigante del norte.

Porque si nuestros enemigos son las trasnacionales y los empresarios nacionales o extranjeros, nuestros hermanos son los trabajadores estadounidenses, con quien nos une la lucha contra la explotación y la opresión.

Este 15 de septiembre no festejemos junto a los representantes locales de las trasnacionales. Marchemos contra Peña Nieto, y preparemos una gran lucha contra la entrega y la recolonización del país al imperialismo.






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