Cultura

TRIBUNA ABIERTA

No Te Va Gustar: entre la lluvia y el reclamo por Santiago

La banda uruguaya presentó su nueva placa, “Suenan las alarmas”, en un Hipódromo de Palermo colmado y asediado por las inclemencias del tiempo, y otorgando espacio, al igual que otros artistas, a la demanda que hoy tiene ya eco internacional.

Lunes 11 de septiembre | 10:23

Con insistencia se había anunciado el inicio “puntual” del show para las 20, en medio de la ansiedad y la incertidumbre de los seguidores por la condiciones del tiempo anunciadas para la noche del sábado. Sin embargo, horas antes se confirmó desde las cuentas oficiales de la banda su realización, y a las 20:25, con el grueso de la gente ya ubicada dentro de un predio cuyo castigado suelo daba cuenta del agua caída en las horas previas, sonaron los primeros acordes de “Y el mundo me comió a mí”.

No obstante, cinco minutos antes del inicio, las luces se habían apagado abrupta y totalmente, pero no para dar paso a la entrada estelar de los músicos, sino para llenar las pantallas gigantes de signos de interrogación blancos sobre un fondo negro, que finalmente formaron el rostro de Santiago Maldonado, con la pregunta que por estas horas (y desde hace más de un mes) todos nos hacemos: “¿dónde está?”.

Acto seguido, entonces, estalló el sonido de las sirenas dispuestas en distintos puntos del escenario para dar marco al concepto de su último disco, “Suenan las alarmas”, cuya gráfica la banda uruguaya ilustrara con misiles teledirigidos al mismo corazón que ayer encabezaba el escenario emplazado en el Hipódromo, y que sus integrantes enmarcaran en “este contexto de incertidumbre internacional, social, política y personal”, definiendo a sus 12 canciones como “un refugio, algo que intente proteger el espíritu y el corazón”.

Concretado el electrizante puntapié inicial del show, la lista de temas, ejecutadas con un sonido impecable, combinó temas del nuevo disco (“Desde que era un pibe”, “Pegame más fuerte”, “Quería ser como él”), con clásicos aclamados por el público, de sus discos más lejanos en el tiempo y no tanto (“Al vacío”, “A las nueve”, “El error”, “Destierro”, “Sin pena ni gloria”).

En medio de ese recorrido, llegó uno de los puntos más fuertes de la noche. En las redes sociales se había propuesto una votación entre dos temas de los primeros discos de la banda, “Ya entendí” y “El oficial”, para ser incluidas en la lista de temas. La elección del público inclinó la balanza por escaso margen por la primera alternativa, tal como expresó Emiliano Brancciari antes de interpretarla.

Sin embargo, acto seguido, anunció que se iba a tocar también la segunda opción, en la que se describe y denuncia un clima desesperantemente represivo que algún desprevenido podría creer escrita en 2017, y finaliza con una frase/grito contundente: “el ritmo de las balas sigue marcando el compás”. Pero a esa frase de por sí elocuente, se la ilustró copando las pantallas, otra vez, la imagen de Santiago.

Y en una continuidad difícilmente casual, el siguiente tema fue introducido por Emiliano con la advertencia: “cualquier similitud con la realidad, es pura consecuencia”. Sonó entonces, con aires mexicanos, “Los villanos”, inspirada según confirmó semanas atrás Emiliano en la actual realidad Argentina (Hecho en Bs. As., n° 204), y que en su estribillo reza: “Ay mi Dios, ¿cómo puede ser? No lo entiendo, todo otra vez…salir de la ruina, para volver”, por haber dejado entrar a “los villanos, de los feos, de los malos”.

Con esta interesante canción, la banda uruguaya daba cuenta una vez más de su costado más sensible a las problemáticas políticas y sociales: es el caso de la violencia de género en “Nunca más a mi lado”, la manipulación mediática en “El mismo canal”, la lucha por los recursos naturales en “Por el agua”, el poder concentrado en “La puerta de atrás”, la pedofilia en el ámbito eclesiástico en “Sólo vino”, por no hablar de “Tirano”, “No te quiero acá”, la flamante “Guante blanco”…inquietudes, por supuesto, poco visibilizadas por las cadenas de difusión masiva, que prefieren enfocarse en sus letras menos críticas y de mayor impacto comercial.

Promediando el show, sin embargo, la lluvia parecía empezar a ganarle la pulseada al espectáculo preparado por la banda y el entusiasmo del público. Luego de una primera media hora sin precipitaciones y un segundo tramo con una llovizna tolerable, cuando se cumplía alrededor de una hora de show, la intensidad de la lluvia se tornó insoportable y los rayos aparecían cada vez más amenazantes detrás del escenario, mientras que el terreno (descubierto) se convertía en una especie de charco gigante intransitable.

Por tal motivo, la banda comenzó a interpretar temas probablemente previstos para el cierre, más precisamente “No hay dolor”, “Cero a la izquierda” y “Tan lejos”, con un paisaje lluvioso ideal para la filmación de un videoclip pero difícil de afrontar (e incluso peligroso) para el público; situación que evidentemente fue advertida desde el escenario, desde donde se llegó a anunciar que la despedida era inminente.

Sin embargo, y a pesar de la retirada de parte del público, la lluvia cesó y pronto se pudo retomar el trayecto del recital “largo” que Emiliano había anunciado al inicio. Volvió a hacerse presente el último disco con uno de sus cortes, “Para cuando me muera”, junto a clásicos como “Clara” e incluso un potpourri de canciones postergadas en los shows en vivo como “Nada fue en vano”, “Religión pagana”, “Los indiferentes” e “Hijo de las armas”. En medio, otra buena noticia: el anuncio de un próximo encuentro, el 16 de diciembre, en el Estadio Único de La Plata.

El último tramo, ya sin la amenaza de la tormenta, fue una intensa seguidilla de hits y clásicos (con las nuevas canciones prácticamente ausentes), dándose vida a “Chau”, “Paranoia”, “Arde”, “Memorias del olvido”, “Te voy a llevar” (cita ricotera a “Todo un palo” incluida), “Con el viento / Fuera de control”, “El camino”, “Nada para ver” y “Más mejor”, para cerrar con el himno “No era cierto”.

Para ese entonces, la mayoría que había decidido enfrentar la lluvia bailaba y festejaba triunfal la coronación a un accidentado pero intenso espectáculo de dos horas y media, a cargo de una banda que es parte y protagonista indiscutible de la escena nacional del rock, y que, siempre comprometida con el contexto, no se privó de aprovechar su espacio para sumar su voz (tal como Divididos y La Renga días atrás) al reclamo popular por Santiago Maldonado, desaparecido en democracia y en manos de las fuerzas de seguridad.






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