Cultura

CRÍTICA DE CINE

“Nadie nos mira”: libertad, autenticidad y diversidad en el último filme de Julia Solomonoff

La tercera película de la realizadora argentina Julia Solomonoff es un desgarrado e intimista poema sobre la dificultad de un inmigrante latino por integrarse en los círculos artísticos de Nueva York, al tratar de participar en una película cuyo rodaje se pospone.

Eduardo Nabal

Periodista y crítico de cine, Burgos

Jueves 21 de junio | 17:43

Con su habitual gusto por el ritmo pausado y los planos muy cuidados la realizadora de “El último verano de la Boyita” sigue de cerca el agridulce y difícil periplo de Nico (Guillermo Pfennig) un joven actor en series argentinas que desea integrarse en una producción estadounidense pero apenas puede sobrevivir cuidando niños, con la ayuda de sus amigos, esperando un rodaje que no llega y vagando por las calles de la gran ciudad, convertida ya en una mezcolanza de razas pero despiadada en sus oportunidades para la gente que llega de fuera sin algo seguro.

La extraordinaria sensibilidad audiovisual de la realizadora y el impresionante trabajo de Pfennig, lleno de matices e intensidad, intentado ocultar su fracaso en la gran urbe y ante las grandes productoras da como resultado un filme hecho de bloques de secuencias, pero también de esos planos largos y estéticamente sugerentes que tanto gustan a la realizadora de “Hermanas”.

Sin cargar demasiado las tintas, Solomonoff muestra la difícil supervivencia en la ciudad del joven protagonista agarrado a un sueño que no se cumple y tratando de prolongar su estancia entre rascacielos, parques infantiles y pisos compartidos con amigos y amigas que poco a poco le van retirando su ayuda.

Nico, el protagonista, es un joven gay y aspirante a gran actor, aunque la película no aborda tanto la homofobia como la dificultad de cualquier tipo de inmigrante por integrarse en la jungla urbana del mundo del celuloide y su industria.

Compuesta a través de la ternura y desarmante humanidad, “Nadie nos mira” cuenta sin aspavientos, pero con pulso firme y caligrafía fina una batalla desigual de un actor argentino contra un mundo de intereses en el que busca un lugar en el sol, ejerciendo de cuidador a tiempo parcial en un mundo donde las barreras por la raza, la clase y el género están muy delimitadas.

La realizadora no escatima situaciones de tensión y melancolía, aunque también ofrece momentos de comedia irónica y una hermosa relación del personaje con el paisaje, los diferentes escenarios por los que transita y el paisanaje más inmediato llegando a construir un poema a la vez triste, lírico, tenso y antiheroico sobre una derrota que no deja de ser una inteligente requisitoria contra los modos de establecimiento del sistema capitalista y su ambivalente trato dado a los extranjeros.

Aunque Solomonoff, uno de los grandes nombres del cine argentino, no ha alcanzado la reputación crítica de su compatriota Lucrecia Martel, comparte una forma de hacer más personal, tal vez más accesible y siempre comprometida con la libertad, la autenticidad y la diversidad.






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