Economía

AMÉRICA DEL NORTE

Nada que celebrar con la ratificación en México del T-MEC con EE.UU. y Canadá

Este miércoles se ratificó en el senado mexicano, pocos días después de que el gobierno de López Obrador aceptó impedir el paso de migrantes al norte del Río Bravo a cambio de Trump no le impusiera aranceles a importanciones desde México. Está pendiente en los congresos de EE.UU. y Canadá.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 20 de junio | 15:26

Todos los grupos parlamentarios en México ratificaron la modernización del TLCAN (NAFTA), que ahora se llama T-MEC. Los gobiernos de los países socios habían llegado a un acuerdo sobre el texto definitivo en octubre de 2018, luego de tensiones provocadas por Trump, como la imposición de aranceles al aluminio y al acero, retirados posteriormente.

El T-MEC, que sella un intercambio comercial entre EE.UU., México y Canadá valorado en 1,2 billones de dólares, se acordó al final del gobierno de Peña Nieto. La actual administración de López Obrador participó en las negociaciones a través de Jesús Seade.

López Obrador celebra la ratificación y afirmó que es una muestra de la unidad en el país. El tratado es un gesto al capital internacional para atraer inversiones, con todas las garantías para beneficiarse de la precarización laboral y los bajos salarios que rigen en México, así como las facilidades para que las trasnacionales se apropien a su antojo de recursos como el agua y el suelo.

Sí hay “unidad”, como dice López Obrador. Pero “unidad” de quienes gobiernan al servicio de los empresarios, como lo explicita Gustavo Madero, líder de la bancada del Partido Acción Nacional, la derecha vinculada a la Iglesia católica, quien declaró “Hay una coincidencia plena de la importancia de aprobar el tratado, ya que es el motor más importante de la economía”.

La ratificación del T-MEC en México tiene lugar poco después de que bajara la tensión ante la crisis abierta por Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos si el gobierno de López Obrador no endurecía la política migratoria para impedir que los migrantes –en su mayoría provenientes de Centroamérica- lleguen a EE.UU.

Lo que siguió fue una muestra más de la subordinación y el servilismo del gobierno mexicano ante el imperialismo estadounidense. A prueba por 45 días, López Obrador ordenó el envío de 6 mil efectivos de la Guardia Nacional –integrada por policías, militares y marinos- a custodiar la frontera sur con Guatemala.

Brindis online de los poderosos

Trump felicitó a López Obrador vía Twitter y aclaró: “Ahora le toca a nuestro Congreso hacer lo mismo”. No obstante, no está claro que el asunto fluya a su gusto, porque en las elecciones legislativas del pasado noviembre, los demócratas recuperaron la mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que los republicanos conservaron el control en el Senado.

La relación comercial de México con EE.UU. es fundamental. La estructura industrial de toda la frontera norte y de algunos estados del centro está desarrollada en función de la maquilación de mercancías, cuyos insumos provienen del vecino del norte y cuyos productos terminados van al mismo mercado: EE.UU. es el destino de más del 80% de sus exportaciones y durante el primer trimestre del año el saldo comercial alcanzó los 203 millones de dólares. Las trasnacionales estadounidenses ocupan el primer lugar en inversiones en México y son, en conjunto, el primer socio comercial,.

Con la firma de este acuerdo, la imposición del arancel del 25% a las importaciones de acero y del 10% al aluminio no se resolvieron. A su vez, la industria automotriz, la más dinámica en México, fue la que tuvo que resignar más beneficios.

Las nuevas reglas de origen –el porcentaje de insumos de origen regional que se incluyen en cada producto terminado- determinan que entre el 40% y el 45% del contenido de los automóviles debe estar fabricado por trabajadores que ganan al menos 16 dólares por hora trabajada, un límite para las fábricas de autopartes que operan México, que gozan de mayores ganancias por los bajos salarios que imperan al sur del Río Bravo.

Luis de la Calle, un exnegociador comercial mexicano, declaró a The New York Times que el entusiasmo del presidente López Obrador, por el acuerdo marca un cambio completo y repentino a su prolongada oposición al libre comercio y un sorprendente giro para un político que se oponía firmemente a las políticas de libre mercado de México en el pasado.

La ratificación del acuerdo –centrado en garantizar mayores beneficios a las trasnacionales estadounidenses– en el marco del apriete de Trump por la cuestión migratoria implica que se mantiene y se profundiza el sometimiento de México a los dictados del imperialismo estadounidense.

Asimismo, continuará la aberrante situación de que a través de las fronteras pasan mercancías legales e ilegales –como armas y drogas– sin problema y con aval total de las autoridades de los países socios, pero se impide el paso a las personas migrantes –adultos, niños y ancianos– que huyen de Centroamérica ante la violencia y la miseria que imperan allí, producto de la aplicación de los planes neoliberales dictados desde Washington.






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