Internacional

DECLARACIONES DE CARSTENS

México y Trump: ¿un diciembre tormentoso?

Agustín Carstens, el renunciante pero aún en funciones jefe del Banco de México, formuló en reciente reunión con panistas, uno de sus vaticinios: “se avecina una tormenta”. Un pronóstico que no sorprende, y que se huele en el ambiente nacional.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 7 de diciembre de 2016 | Edición del día

Las declaraciones de Carstens fueron rubricadas, en el último comunicado del Banxico. Allí se enuncian entre los factores de riesgo el bajo crecimiento de la economía y la inestabilidad que pueda generarse por la elevada participación de inversionistas extranjeros en la tenencia de deuda pública. Los precios del petróleo a la baja, el impacto de la elevación de las tasas de interés y el fortalecimiento del dólar respecto a la moneda nacional, son otros elementos de alto impacto que pueden dinamizar una crisis en la economía, la cual se potenció por “la retórica proteccionista que prevaleció durante la campaña presidencial estadounidense y la incertidumbre sobre las acciones de política”.

Aunque la institución oficial afirmó que son elementos de fortaleza la “capitalización del sistema financiero nacional” y la línea de crédito flexible otorgada por el Fondo Monetario Internacional por 88 mil millones de dólares, el reconocimiento que hace el Banxico del difícil panorama, expresa lo profundo de las contradicciones abiertas.

Si el bajo crecimiento mundial y sus consecuencias en Estados Unidos empujan de por sí a la baja a la economía nacional para el 2017 (con recortes de las previsiones al 2.3% según la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico), el factor estructural detrás de este negro panorama es el posible cambio en las condiciones que hicieron posible un relativo crecimiento “macroeconomíco” en México, superior al que vivió en los últimos años la mayor parte de los países de la región latinoamericana.

Renegociación del TLC: la “suma de todos los miedos”

El Tratado de Libre Comercio permitió que México se convirtiese en una plataforma de producción vinculada a las necesidades de las multinacionales industriales estadounidenses, con un intercambio comercial, sólo en la rama automotriz, arrojó números de casi 120 mil millones de dólares en el 2015.

La producción asociada al comercio transfronterizo permitió contrarrestar, en el país, los efectos de la crisis económica internacional iniciada en el 2008. Después de una caída estrepitosa del 4.7% del producto interno bruto en el 2009, vino un trienio con niveles de 3.9 al 5% de crecimiento, para estacionarse entre el 2 y el 3% desde el 2014.

Esto dinamizó la inversión extranjera directa, que se orientó hacia la creación y ampliación de parques industriales localizados en la frontera norte y también en estados del Bajío y el centro del país, además de la iniciativa impulsada por Peña Nieto, para beneplácito de las trasnacionales, de las Zonas Económicas Especiales en estados del sur como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, basadas en el despojo de los pueblos originarios y su transformación en mano de obra barata para las grandes empresas.

Aunque muchos analistas destacan que la caída del peso favorece a las exportaciones mexicanas, la “era” Trump parece vaticinar un desalentador y complicado escenario. En caso de concretarse la renegociación del TLC y el alza de los aranceles, impactarán en las exportaciones, que ya de por sí vienen descendiendo en este 2016. Aunque estas medidas estarán sujetas a las negociaciones que Trump deberá establecer con las trasnacionales, difícilmente las cosas queden como hasta ahora. Ese es el trasfondo de la crisis que se avecina.

Deuda pública, talón de Aquiles de un gobierno cuestionado

No es menor el reconocimiento que hace el gobierno de Enrique Peña Nieto. El fortalecimiento del dólar y una acción consciente por parte de la administración estadounidense para atraer capitales, representan una pesadilla para la política económica gubernamental. La deuda pública -que se disparó en los últimos dos años y llega al 50% del PIB- puede convertirse en su talón de Aquiles. La mención a que “la materialización potencial de estos riesgos adquiere particular relevancia debido a la importante participación de inversionistas del exterior en la tenencia de la deuda pública mexicana” parece el augurio de una crisis de la deuda motivada por una retirada de estas “posiciones”. En caso de concretarse, podría impulsar una dinámica aún más crítica de la economía nacional, con consecuencias insospechadas para el gobierno priista.

Éste la tiene complicada. Peña Nieto viene de un año donde perdió las elecciones y se convirtió en segunda fuerza nacional, resignando estados claves como Veracruz. Y en el cual su popularidad esta en los niveles más bajos de los últimos 20 años cuando aún faltan dos años para el cambio de gobierno. Peña Nieto quiere que el año se acabe, pero sabe (o debería saber) que el que viene no será mejor. Aunque el priista intentará enfrentar la crisis que se avecina redoblando la entrega y subordinación a las trasnacionales (como se ve en la reciente ronda de licitación de los campos petroleros), la apertura de una crisis económica podría dar pie a nuevos procesos de resistencia obrera y popular.

En el último año, sectores de trabajadores realizaron importantes acciones; desde las y los obreros maquiladores de Ciudad Juárez hasta la resistencia magisterial que recorrió una veintena de estados. Existe además un profundo descontento popular y juvenil, que se potencia con el sentimiento antiTrump, y que crecerá con las deportaciones que se anuncian.

El gobierno y los partidos del régimen político intentarán que la crisis la paguen los de abajo. Esto puede impulsar la lucha tanto de los sectores que mencionamos antes, como de quienes aún no han salido a las calles. El 2017 que se avecina, traerá crisis y una mayor ofensiva sobre los trabajadores. Pero también puede abrir una nueva resistencia obrera y popular.




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