Internacional

CONTRA LA REFORMA DE LAS JUBILACIONES

Más de un millón y medio en las calles de Francia en una gran jornada de movilizaciones y huelga

En el día 36 de huelga contra el presidente Emmanuel Macrón, se desarrollaron movilizaciones masivas en las principales ciudades de país y el régimen reprimió con saña.

Viernes 10 de enero

Francia estalló en protestas hace más de dos meses tras el anuncio del proyecto de la reforma jubilatoria por parte del presidente Emmanuel Macron. El proyecto prevé eliminar los 42 regímenes de jubilación del país para unificarlos en uno solo y elevar la edad jubilatoria de 62 a 64 años. Los franceses no solo tendrán que trabajar más para cobrar menos sino que muchos perderán conquistas históricas que se obtuvieron con años de lucha.

Este jueves 9 de enero se desarrollaron movilizaciones llamadas por los sindicatos en decenas de ciudades francesas donde confluyeron ferroviarios, trabajadores de buses y metro, chalecos amarillos y estudiantes y docentes. A su vez, 7 de las 8 refinerías de combustible siguieron paralizadas por los huelguistas.

Nuevamente, la movilización fue muy importante, según la central obrera CGT, más de 1,7 millones de manifestantes en toda Francia.

Para este nuevo día de movilización, una vez más, se vio la "batalla" por los números. La CGT anunció 370.000 manifestantes solo en París, mientras que el ministerio del interior contó 56.000.

Por la mañana se vivió un ambiente muy combativo en la estación norte de París, los usuarios dieron muestras de apoyo a los huelguistas, ya que también está en juego su futuro.

Los trabajadores de la compañía nacional de trenes y del transporte metropolitano (SNFC y RATP por sus siglas en francés) mantuvieron las medidas de fuerza, que ya suman 36 días consecutivos, la huelga más larga en varias décadas.

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Además, docenas de asociaciones de profesionales que ven peligrar sus regímenes especiales de jubilación también realizaron medidas de fuerza esta semana.
En París, la provocación de la Policía empezó desde el inicio cuando intentó cortar literalmente la columna de manifestantes a la mitad. Pusieron una doble línea de policías antidisturbios, buscando aislar las columnas de los trabajadores ferroviarios y RATP, del resto de los manifestantes.

Cerca de la estación ferroviaria de Saint-Lazare, la Policía también golpeó y persiguió a los manifestantes con extrema violencia. Su objetivo era evitar que los manifestantes llegaran a su punto de concentración en París que era la Place Saint-Augustin.

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En Marsella la convocatoria a la movilización superó la del 17 de diciembre y llegó a juntar a 220.000 manifestantes según la CGT, superando también las movilizaciones del 5 y 10 de diciembre.

Los sectores en huelga que se movilizaron masivamente fueron los trabajadores ferroviarios, portuarios, refinerías, docentes, abogados y chalecos amarillos. Las calles desbordadas muestran lo ridículo del número oficial anunciado por la prefectura que cifró la participación en esta ciudad en 20.000 manifestantes.

Al menos 120.000 personas salieron a las calles en Toulouse, según la CGT, participaron los huelguistas de los correos, hospitales, la empresa de electricidad, abogados, trabajadores de Air France, y chalecos amarillos, entre otros.

A su vez, el Ministerio de Educación volvió a movilizarse masivamente con tasas de huelga de alrededor del 40% y el 50% de los huelguistas según el sindicato Snuipp-FSU. En París, según los sindicatos, casi el 60% de los docentes parisinos estaban en huelga.

En París, la marcha, además de masiva, fue combativa, resistiendo los embates represivos sin amedrentarse. Los trabajadores en huelga de la SNCF y RATP, estuvieron a la cabeza de la movilización, acompañados por refinadores en huelga en Grandpuits, maestros, empleados de servicios públicos, empleados de energía, la Biblioteca Nacional de Francia, abogados e incluso la Ópera.

A pesar de la huelga y las jornadas con movilizaciones, Macron no da el brazo a torcer. La reforma fue una de sus promesas fundamentales de campaña y ceder sería una demostración de enorme debilidad, además de una desilusión para su electorado. Su estrategia de alargar el conflicto para erosionar el apoyo popular a las medidas de fuerza no dio el resultado esperado, pero de todas maneras las huelgas tienen menos apoyo que al inicio, como era esperable.

Si tras dos meses de intensa lucha los trabajadores franceses no lograron derrotar los planes del gobierno, esto se debe principalmente a las divisiones impuestas por sus direcciones sindicales, muy en particular la CFDT que ha venido dividiendo las acciones de lucha y ni siquiera convoca a marchar. Las combativas bases obreras y de trabajadores estatales, e incluso del sector privado, que vienen sosteniendo una huelga histórica, tienen que fortalecer sus organizaciones y avanzar en la coordinación. Esto permitiría imponerle a las direcciones burocráticas la unidad de todo el movimiento obrero, única forma de ponerle un freno al avance del capital sobre los derechos conquistados.






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