Cultura

A 42 AÑOS

Mario Roberto Santucho: lecciones de batalla

El 19 de julio de 1976 un Grupo de Tareas del Ejército argentino asesinó al líder del Ejército Revolucionario del Pueblo, Mario Roberto Santucho.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Jueves 19 de julio de 2018 | 09:59

El procedimiento, encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, irrumpió en el departamento de la calle Venezuela 3149, de Villa Martelli, terminando con la vida de Santucho y donde caerán muertos también el propio Leonetti y Benito Urteaga, mientras que los militares secuestrarán a Liliana Delfino, compañera de Santucho, el hijo de dos años de Urteaga y la compañera de Menna, Ana María Lanzillotto embarazada de seis meses. Santucho fue exhibido por los genocidas como un trofeo de guerra en Campo de Mayo y sus restos aún continúan desaparecidos.

Santucho fue una víctima del plan de exterminio de toda una generación de luchadores obreros y populares que enfrentaron al imperialismo y a la burguesía nativa. En el caso de Santucho se trata del máximo dirigente de una de las fuerzas militantes con más peso en la vanguardia militante de la época.

El Cordobazo de mayo de 1969, marco la irrupción violenta de las masas y planteó la posibilidad de una generalización de la insurrección obrera y popular y el enfrentamiento abierto con la burguesía y su Estado. Todo el período revolucionario de 1969 a 1976 sólo se puede entender por la existencia a veces abierta a veces latente de tendencias a la insurgencia obrera y popular como se manifestó en los levantamientos que terminaron hiriendo de muerte a la dictadura de la autoproclamada Revolución Argentina hasta la huelga general política de junio y julio de 1975.

Santucho planteó en cambio que el Cordobazo había encendido la mecha de la guerra revolucionaria y que era necesario construir un ejército guerrillero para enfrentar a las Fuerzas Armadas y el imperialismo y constituir una Frente de Liberación Nacional, lo que llamaban una estrategia de poder. El PRT-ERP rechazaba la autoorganización de las masas y la creación de organizaciones de combate surgidas de la lucha de clases para reemplazarlas por el ideal de una zona liberada que Santucho copiaba del general vietnamita Vo Nguyen Giap, líder de la lucha militar contra la ocupación francesa y noerteamericana. Siguiendo a este general el PRT-ERP buscaba transformar su guerra de guerrillas en una guerra de liberación nacional, para lo cual necesitaba asentarse militarmente en un territorio al que declaraban zona liberada provocando la intervención de las FFAA y el imperialismo. Por estas consideraciones el PRT-ERP se decide a conquistar un territorio liberado en Tucumán.

Para Santucho la acción de las masas genera espontaneidad y crea condiciones para la guerra revolucionaria cuyo organizador efectivo es el ejército guerrillero. El ERP era concebido como el doble poder de las masas y por sus tareas, era definido como una fuerza antiimperialista de carácter amplio que tenía por objetivo la liberación nacional. Complementariamente el PRT plantea la necesidad de un Frente de Liberación Nacional con las fuerzas progresistas del peronismo, el radicalismo y la izquierda reformista que se hiciera cargo del poder. La conjunción de estas dos fuerzas y la creación de comités de base del movimiento obrero que fungían como organizaciones de superficie del PRT-ERP, junto al partido que era representante del proletariado, constituían la estrategia de poder de Santucho.

El impacto de la revolución cubana, la guerra de Vietnam y el ejemplo combatiente del comandante Ernesto Che Guevara explica en parte la fortaleza que tenia en la vanguardia radicalizada de la época el guerrillerismo. El PRT-ERP logró gran inserción en fábricas, barrios y universidades, pero su eje no va a ser la organización obrera independiente sino la construcción del ejército guerrllero y la lucha militar contra las FF.AA. La militancia del PRT-ERP se situaba por fuera de las necesidades de organización de los trabajadores, de la lucha por influir en su conciencia y la autodefensa de la vanguardia obrera contra las bandas fascistas de la derecha peronista. Santucho rechazaba la consigna de milicias obreras para enfrentar a los fascistas como una política espontaneísta ya que debía estar subordinada a la construcción del ejército guerrillero (Poder burgués, poder revolucionario).

El cáncer que impedía que los trabajadores avanzaran era su dirección política peronista y la burocracia sindical. Pero el PRT-ERP no se planteaba la conquista de la independencia política de los trabajadores y la revolución socialista mediante la construcción de un partido revolucionario de la clase obrera que luche por la creación de un doble poder desde las organizaciones creadas por las masas en su lucha contra la burguesía y el Estado. La concepción teórico-política del PRT-ERP planteaba en cambio la emergencia de un gobierno de frente popular, de conciliación de clases, que representara la unidad antiimperialista restaurando en el terreno de una izquierda que se reclama heredera del pensamiento y la acción de Ernesto "Che" Guevara, la revolución por etapas y la conciliación con fracciones de la burguesía que el revolucionario argentino-cubano condenaba violentamente.

El PRT-ERP concluyó del Cordobazo, cuando las masas tendían a la insurrección contra los militares, que había que separarse de la lucha de clases y hacer un ejército antiimperialista; el PRT-ERP creyó que las huelgas de junio y julio de 1975, cuando la clase obrera enfrentaba a un gobierno peronista y disputaba el poder de la fábrica al patrón, que había que hacer un frente de conciliación de clases alrededor del Partido Comunista (que planteaba gabinete cívico-militar para sostener a Isabel Perón) y Montoneros (que planteaba la reconstrucción del programa nacionalista burgués del FreJuLi).

La estrategia del PRT-ERP era de conjunto una concepción pequeñoburguesa que reemplazaba al sujeto político y social de la revolución, la clase obrera y su partido revolucionario, por el partido y el ejército guerrillero. La lucha de clases por la guerra de aparatos.

Las lecciones de batalla de la generación setentista fueron escritas con sangre y desde el reconocimiento de entrega y pasión es que hay que rescatarlas para la preparación de la presente generación, que vindique a los caídos con la victoria de la revolución socialista.






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