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Mancera y el repudio popular ante la desaparición forzada de Marco Antonio

La desaparición forzada de Marco Antonio Sánchez Flores y el clamor general en redes sociales le abrió una incómoda crisis al gobierno de la Ciudad de México.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 31 de enero | 13:23

El enojo popular, un verdadero “ya basta” contra las autoridades, se multiplicó por decenas de miles de #DondeEstaMarcoAntonio, y se tradujo en una primera acción el pasado domingo, en El Angel de la Independencia de la Ciudad de México. La ciudad que, en el 2014, vio desfilar a cientos de miles exigiendo la aparición de otros desaparecidos, los 43 normalistas de Ayotzinapa, al grito de #FueElEstado.

El odio contra la policía y Miguel Ángel Mancera crecía y se viralizaba conforme avanzaba el fin de semana. Eso fue fundamental para que el joven estudiante de preparatoria apareciera a última hora del domingo, con signos de tortura y desorientado, a kilómetros de donde fue detenido y desaparecido por la policía capitalina.

La suerte de Marco Antonio podría haber sido como la de muchos otros jóvenes que desaparecen sin dejar rastro a manos de las fuerzas policiales o militares, tragados por la barbarie en este país. O como tantos estudiantes asesinados de la UNAM. El calvario de Marco Antonio -víctima de dos corporaciones policiales- es un signo de la criminalización contra la juventud en México.

Sin embargo, el repudio contra Mancera no se detuvo ante sus cínicas e increíbles explicaciones: cientos tomaron las calles el pasado lunes, y nuevamente la exigencia de renuncia recorrió las redes sociales, las mismas que Peña Nieto calificó antes de “irritantes”.

Y es que Mancera tiene un largo historial de represión y persecución contra la juventud y los movimientos sociales. Desde su asunción, “blindada” por miles de efectivos que desataron una brutal represión en diciembre del 2012, hasta el violento desalojo del magisterio combativo en el año 2013, pasando por las decenas de presos políticos bajo su mandato, muestran que de “demócrata” no tiene nada.

Ahora, la mancha para el jefe de gobierno es grande. Su administración aparece implicada en la desaparición forzada de un joven de 17 años. La fotografía de Marco Antonio con golpes en la cara, podría convertirse en un duro escollo en su carrera política.

Pero la pesadilla no es sólo para Mancera. La comparte con el partido que lo proyectó a la jefatura de gobierno. El PRD está en una carrera contra reloj para no perder la ciudad de México a manos de Morena, cuya directiva, por su parte, se cuidó mucho de no “desestabilizar” al jefe de gobierno. Esta situación puede disminuir aún más las posibilidades electorales de Alejandra Barrales, candidata de la coalición Por México al Frente, quien ahora sale en defensa del jefe de gobierno.

No es un hecho aislado

No, el de Marco Antonio es una muestra del carácter represivo del régimen político, que se ensaña contra la juventud y los trabajadores. En un país donde los crímenes de estado son moneda corriente y los desaparecidos se cuentan por decenas de miles.

Días antes, el magisterio michoacano lo vivió en carne propia, con la cárcel y el linchamiento contra [Alejandro Echevarría->https://www.laizquierdadiario.mx/Exigen-libertad-para-el-Mosh-excegeacheros-de-la-UNAM] y los demás maestros detenidos. En Mexicali, las protestas contra Constellation Brands son perseguidas y criminalizadas. Ahora, con la infame Ley de Seguridad Interior (LSI) quieren profundizar y legalizar la militarización, contra los trabajadores, la juventud y los luchadores sociales.

Lo dijo bien el padre de Marco Antonio:“no se qué puede pasar con la Ley de Seguridad Interior, que saca el ejército a las calles”. También los estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria 8, que denuncian la militarización y la LSI, mientras exigen que se esclarezca la desaparición forzada de su compañero y se castigue a los responsables.

Para lograrlo, solo podemos confiar en la organización independiente y la movilización en las calles. Para exigir verdad y justicia para Marco Antonio y sus familiares. Para que no haya un solo desaparecido más, acabar con las detenciones ilegales (como la de Jorge Eduardo Martínez Leyva) y arrancar de las cárceles a los presos políticos. Para poner un alto a la militarización del país y lograr la derogación de la Ley de Seguridad Interior.






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