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MAGISTERIO

Maestros: ¿intelectuales orgánicos de la clase trabajadora?

Este es un tema que surge a raíz de una pregunta ¿qué papel tiene el magisterio en la sociedad moderna actual?

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Martes 19 de mayo | 15:50

Karl Marx planteaba que la sociedad está dividida en clases sociales: burgueses y proletarios. Los primeros tienen el monopolio de los medios de producción, los segundos solo tienen su fuerza de trabajo para sobrevivir.

El magisterio también pertenece “a la clase de trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir” de la que hablaba Karl Marx en el Manifiesto Comunista.

El magisterio es una parte dentro de las filas de los proletarios que es especial. La clase dominante requiere que la mayoría de los desposeídos se mantenga explotada. De ahí que la educación que da la burguesía al proletariado busca perpetrar su relación de explotación y dominación cultural y espiritual.

Para Karl Marx el magisterio es parte del proletariado pero al mismo tiempo es un trabajador de la cultura: es un proletario intelectual.

En ese sentido, la escuela es una institución de control, dominio y que, en la sociedad capitalista, busca la dominación espiritual y cultural de la burguesía sobre el proletariado.

La educación que recibimos en este sistema es una educación que busca, digamoslo de un modo cruel, que las personas sólo tengan acceso a ciertos conocimientos para conseguir un trabajo para sobrevivir y hacerlo bien, pues para la burguesía los proletarios necesitan sumirse en la pobreza espiritual. Eso no quiere decir que Marx se oponía a que el Estado tenga como responsabilidad la de otorgar educación gratuita y digna, simplemente plantea que ésta tiene un límite para pensar el cambio del mundo.

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Subversión de la cultura dominante

El magisterio es un proletariado intelectual. Produce y reproduce ideas o cultura y sus medios de producción son el saber. Podríamos decir que, más bien, desde el Estado se busca que “reproduzca” las ideas o la cultura de la clase dominante. Produce hegemonía, en términos de Antonio Gramsci.

Es por ese motivo que no hay “educación neutral”: la escuela es una relación social una estructura eminentemente política. El maestro, por lo tanto, no es neutral tampoco: o ayuda a la subversión o al control de las clases dominadas.

La escuela es una relación eminentemente política: para la burguesía es una fábrica de ideas, de cultura, de moral, de concepción del mundo y una empresa de ideología de la clase dominante.

Los maestros críticos, además de luchar por sus propios derechos como proletarios, deben concebirse como un sector de los intelectuales que tienen la misión específica de ser representantes de la subversión de las ideas dominantes apoyando a toda su clase.

Es decir, el maestro debe romper con la cadena de contenidos educativos y debe pelear en el terreno de la cultura para dar medios y herramientas intelectuales para la liberación del proletariado.

Antonio Gramsci les llamó "intelectuales orgánicos" a aquellos que defendían el punto de vista, los intereses, las angustias y padecimientos desde el punto de vista de una clase. La burguesía tiene un sin número de intelectuales y técnicos a su servicios: periodistas, académicos y hasta científicos.

El magisterio, según Gramsci, podría jugar un papel de intelectuales orgánicos del proletariado. Siempre y cuando pueda poner su pensamiento creativo y todo su ser pensante al servicio de la lucha de los trabajadores. Esto es hoy más necesario que nunca, cuando los empresarios y sus representantes políticos buscan descargar los costos de la crisis económica, agravada por la pandemia, sobre la espalda de los trabajadores, con millones de despidos, rebajas salariales y mayor precarización laboral.

Antonio Gramsci y una educación desde una perspectiva revolucionaria

Sabemos que esta práctica liberadora o distinta tiene enormes límites en los marcos de la escuela y el sistema educativo actual, pero es una aportación que debe hacerse e ir más allá en la lucha por un mundo enteramente nuevo. La educación pública y gratuita también es un derecho que se ha conquistado con décadas de lucha, mismo que debemos defender y ampliar.

Son aquellos que militan, en el terreno de la cultura, por la subversión de la educación, quienes usan ésta como una herramienta para, desde las aulas y más allá, intentar aportar prácticas para la liberación de los hijos e hijas de las y los trabajadores. En última instancia, militantes en todos los terrenos, ideas, cultura y valores por la revolución del mundo como lo conocemos.






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