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DEBATE

Los socialistas ante la candidatura del EZLN-CNI

La propuesta de la dirección zapatista, en torno a que el Congreso Nacional Indígena ponga a consulta entre sus bases la candidatura de una mujer indígena para el 2018, generó un importante debate político que cruzó a la izquierda y centroizquierda mexicana y la intelectualidad.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Lunes 5 de diciembre de 2016 | Edición del día

La propuesta de la dirección zapatista, en torno a que el Congreso Nacional Indígena ponga a consulta entre sus bases la candidatura de una mujer indígena para el 2018, generó un importante debate político que cruzó a la izquierda y centroizquierda mexicana y la intelectualidad.

La dirección del Morena y personalidades pertenecientes a este partido -como John Ackerman- criticaron la decisión zapatista, considerando que la misma divide a la izquierda hacia el 2018, y que debilita objetivamente la candidatura de López Obrador que estiman tiene más posibilidades de disputar la presidencia. Incluso hubo quienes, como Jaime Aviles, sugirieron que el EZLN es un invento de Carlos Salinas de Gortari.

Por su parte, un amplio espectro de organizaciones y personalidades de izquierda -muchas de las cuales suscribieron en su momento la VI Declaración de la Selva Lacandona- manifestaron su apoyo a la iniciativa del EZLN y el CNI, definiendo a la misma como “anticapitalista”, aún sin conocer los resultados de la consulta del CNI ni la propuesta política y programática que levantará la candidatura.

Los partidos del régimen político (desde el PAN hasta el Morena) se encuentran ya en carrera hacia el 2018, lo cual es una expresión del desgaste de la administración de Enrique Peña Nieto, pero también de que las instituciones de la “alternancia democrática” apuestan a desviar, hacia las próximas elecciones, el descontento obrero y popular. Por eso es fundamental que toda discusión sobre qué alternativa política presentar para las elecciones del 2018, esté al servicio de desarrollar la movilización de los trabajadores y los sectores populares del campo y la ciudad, para golpear al gobierno y sus planes, que ahora, con el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, se recrudecerán. Y para eso es crucial levantar una perspectiva independiente, contra el poder de los capitalistas y sus partidos.

Enfrentemos a este régimen proscriptivo

Como sabemos, este régimen es profundamente antidemocrático. Los trabajadores y la izquierda estamos vedados de participar en los procesos electorales. Las candidaturas independientes implican tiempos y requisitos que vuelven lograr el registro de candidaturas una verdadera proeza, como la que tuvimos que llevar adelante desde la Fórmula 5 Anticapitalistas a la Constituyente.
El Movimiento de los Trabajadores Socialistas resolvió, en su reciente Congreso, proponer una gran campaña unitaria, denunciando las trabas proscriptivas y exigiendo el derecho de todas las organizaciones de izquierda y de los trabajadores a constituirse como partido político y participar en los procesos electorales si así lo quieren. Porque estamos en contra de que sólo los partidos del régimen político y al servicio de los empresarios -que reciben dinero de las arcas de las grandes empresas así como de los carteles del narco- puedan presentarse a elecciones.

Llamamos a las organizaciones de izquierda, a los sindicatos que se reclaman opositores y democráticos, así como a las organizaciones indígenas y campesinas -como el EZLN y el CNI- a impulsar esta gran campaña, así como a apoyar este derecho democrático elemental.

En ese marco defendemos el derecho democrático de la izquierda y las organizaciones de trabajadores, campesinos e indígenas pobres, a presentar sus candidatos independientes en las próximas elecciones, incluyendo por supuesto la candidatura independiente propuesta por el EZLN al CNI, así como las iniciativas impulsadas por organizaciones como la Organización Política de los Trabajadores o el MTS.

Una candidatura que exprese las luchas obreras y populares

Durante los últimos años, México vio importantes luchas de trabajadores, que evidenciaron que existe una fuerza social de decenas de millones de asalariados que mueven todos los resortes de la sociedad. Consideramos que una candidatura verdaderamente independiente para el 2018 debería expresar la lucha de los maestros contra la Reforma Educativa que conmovieron al país con sus cuatro meses de paro en varios estados. Debería expresar también la lucha de los y las obreras de las maquiladoras de Ciudad Juárez que irrumpieron el año pasado contra las condiciones de súper explotación y por el derecho a la libre sindicalización y que buscaron, a traves de la precandidatura obrera de Antonia “Toñita” Hinojos, una participación electoral independiente. Una alternativa a los partidos patronales debería expresar las luchas mineras y de otros sectores de los trabajadores que comienzan a despertar a nuestra clase, así como la que llevaron adelante los trabajadores agrícolas de San Quintín.

En ese sentido, una mujer trabajadora -por ejemplo- enarbolando un programa obrero contra la crisis que se avecina y contra el régimen político que defiende los intereses capitalistas, podría ser un símbolo que exprese las luchas del último periodo y que unifique tras de si a organizaciones obreras, campesinas y populares, así como de la izquierda socialista. Una candidatura obrera que recupere las demandas más sentidas del país: contra la desaparición forzada, la militarización, los feminicidios, echar abajo las Reformas Estructurales.

Debería plantear, ante los partidos de los capitalistas, que es fundamental que se ponga en movimiento esa enorme fuerza -la clase obrera- sin la cual es impensable terminar con el capitalismo y la penetración imperialista. Y proponer que la clase que produce la mayor parte de la riqueza social, que mueve los resortes de la economía en México y que ha crecido al calor del Tratado de Libre Comercio, encabece la alianza obrero-campesina-indígena. Es fundamental que los indígenas y los campesinos pobres se unan con el movimiento de las ciudades, en particular con el movimiento obrero, que a su vez debe superar la división criminal que las direcciones charras han impuesto, como sucedió en 1994 donde éstas dieron la espalda al levantamiento zapatista. Así como con los jóvenes que vienen movilizándose como en el #YoSoy132 y el movimiento por Ayotzinapa. Esa es la vía para enfrentar el aislamiento y la militarización con que el estado quiere asfixiar a las comunidades zapatistas y las luchas contra el despojo.

Para eso, desde el MTS creemos que es imprescindible un pliego que dé respuesta a las demandas irresueltas del campesinado mexicano, los pueblos originarios y el proletariado agrícola que ha crecido bajo el TLC. Esto implica luchar por la expropiación de los agrobusiness, que someten a condiciones bárbaras de explotación y opresión a millones en el campo, y contra los que se han rebelado los jornaleros en Baja California. Requiere también levantar la bandera de una verdadera reforma agraria, retomando la demanda de Emiliano Zapata (“la tierra es de quien la trabaja”), por el pleno derecho a la autonomía y contra el despojo con el que las trasnacionales pretenden apropiarse de los bienes comunales y los recursos naturales y que es resistido por los pueblos indígenas. Junto a la lucha contra la militarización en el campo y contra la agresión a las bases del EZLN y del Congreso Nacional Indígena y por la libertad de sus presos políticos, son demandas que pueden soldar una poderosa unidad de los trabajadores con los campesinos e indígenas pobres para intervenir de forma independiente hacia el 2018. Las organizaciones obreras y campesinas, así como el propio EZLN y el CNI, deben hacer propias estas demandas, para luchar de forma consecuente contra el régimen y el gobierno al servicio de los empresarios.

Esto, a la par que se enfrenta la ofensiva imperialista sobre el país, base del salto en la explotación y la opresión que sufren millones en el campo y la ciudad. Para eso, es clave levantar una orientación internacionalista y de unidad de las filas obreras más allá de las fronteras. Porque en Estados Unidos, muchos de los migrantes que trabajan en la industria agrícola son jornaleros indígenas. Este sector -junto a la juventud que protesta contra Trump, contra la violencia policial, los trabajadores de la campaña del aumento de salarios a 15 dólares la hora- son parte de los aliados naturales de la clase trabajadora y los sectores populares en México.

La lucha contra el poder de los capitalistas

Esto abre una importante discusión, ya que plantea el problema de cómo acabar con la explotación y la opresión capitalista. La primera declaración emitida por la dirección zapatista se concentra esencialmente en denunciar la privatización de los recursos naturales y el despojo de territorios, a la par que menciona a los “malos gobiernos” y “sus” empresarios. Como ha hecho en otras ocasiones, el EZLN plantea “construir una nueva nación por y para todas y todos, de fortalecer el poder de abajo y a la izquierda anticapitalista, de que paguen los culpables por el dolor de los pueblos de este México multicolor.”. Sin embargo, la dirección zapatista planteó muchas veces -y recientemente en un comunicado donde aclaran que “no cambian su posición”- que su estrategia no es acabar con el poder de los capitalistas ni luchar por un gobierno de los explotados y oprimidos.

Pero una perspectiva verdaderamente anticapitalista, que se exprese en una candidatura para el 2018 y el programa que se difunda entre las grandes mayorías trabajadoras, debe plantear la lucha por un gobierno de los trabajadores, los campesinos e indígenas pobres y el pueblo. Una alternativa de poder que rompa con la dominación imperialista y expropie a los capitalistas y terratenientes, a las trasnacionales y las empresas del agrobusiness. Sin eso, no hay forma de resolver hasta el final las demandas de las grandes mayorías. Sólo un gobierno de los trabajadores y el pueblo podría, por ejemplo, brindar los créditos baratos y los recursos técnicos que necesitan los campesinos pobres, expropiando a la banca y la industria para ello. Podría detener el despojo, garantizar el derecho a la autonomía y el acceso a la tierra que niega el actual régimen político.

En el caso de EZLN, optar por el “éxodo a una sociedad alternativa”, conviviendo con el poder capitalista en lugar de buscar destruirlo, abrió la puerta a propuestas como las que formuló en la VI Declaración de la Selva Lacandona, de “luchar por una nueva constitución”. Las mismas -en el marco de una estrategia que no lucha por el poder para los explotados y los oprimidos- sólo pueden llevar a una democratización o reforma del mismo régimen que se repudia.

El debate sobre una candidatura independiente para el 2018, que abre la propuesta del EZLN, requiere una profunda discusión estratégica. Lo que está a debate es cómo luchar por los intereses de las grandes mayorías trabajadoras y cómo presentar una alternativa real -en el terreno electoral pero también en la movilización y la lucha de clases- frente a los partidos de los empresarios.

Para los socialistas del MTS eso implica una perspectiva revolucionaria, que inscriba en su programa la lucha contra el régimen y el poder de los capitalistas, contra la dominación imperialista y por un gobierno de los trabajadores, los campesinos y el pueblo pobre.

 






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