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Los 400 conejos ebrios: Guapacho borracho sin nada qué perder

Los 400 conejos ebrios fundamentan su propuesta en la relación entre los músicos y el público: la fiesta como un espacio para manifestar y construir identidad y movimiento. ¿Cómo se ha visto afectado su hacer musical en medio de una crisis que exige aislamiento?

Nancy Cázares

@nancynan.cazares

Lunes 10 de agosto | 18:21

Foto de portada: Abigail Calavera @abigailcalavera

Fiesta. Música. Comunidad. Los 400 conejos ebrios son un grupo originario del sur de la Ciudad de México, encabezado por su fundador Carian López, guitarrista y vocalista de la banda. Actualmente está integrada por Gabriel Tepichín (bajo), O’Malley (batería) y Miguel "Huesos" (percusiones), sin embargo, muchos y variados han sido los instrumentos y voces que, a lo largo de más de 9 años de trayectoria, se han hecho parte de una propuesta a la que llaman "guapacho borracho" o, en son de broma, "progre xochimilca" [1]

Somos un uroboros guapachoso. Antes creíamos hacer música para la banda, pero ahora sabemos que la banda se hace para la música y que los 400 somos todos.

Rock, funk, punk, jazz, salsa, cumbia, blues, surf, ska, electrónica, metal, "creo que identificar géneros es buen entrenamiento, pero cuando se trata de tocar, no hay necesidad de encasillar nada", señala Gabriel. Y es que los ritmos y géneros son el camino y no el fin para esta banda que transita por ellos con gran fluidez. Entre el baile y la fiesta flotan ideas que llaman a no creer en todo lo que nos dicen "los dueños del sol".

Que la gente pueda reunirse a pesar de los prejuicios y los estigmas sociales que nos alejan [...] aún si no nos volvemos a encontrar.

 

 Al escuchar temas como "Nada qué perder", "Los dueños del sol" (disponibles en distintas plataformas) o "El burócrata", no es difícil pensar en esa juventud que ha abierto los ojos y que no le gusta lo que ve a su alrededor. O’Malley espera con su música "que el público se identifique con lo que escucha, que forme parte de la experiencia y tenga conciencia de que es parte de un todo". 

Entre sus letras habita también esa juventud que es lanzada al mercado laboral sin experiencia y con la sensación de estar dejando la vida para beneficio de alguien más. Todo mientras la publicidad intenta convencerle de que debería sonreír y "echarle ganas" y la familia, la escuela y el trabajo le presionan para cumplir una larga serie de roles de los que se alimenta la bestia. 

En su material ...Alavoz, incluyen una versión del tema del cantautor poblano Victor Aguilar, "36 horas" (como las que se purgan por una falta administrativa). En sus presentaciones en vivo, este tema demuestra su vigencia entre la desconfianza y el repudio a la policía que persigue, hostiga y extorsiona a jóvenes por su aspecto y que criminaliza en ellos no sólo la juventud sino también la pobreza.

El patrón, el empresario, los partidos en el poder, pero también el desánimo y el hartazgo forman parte de una mirada desengañada, "Vivo esperando el momento de saber quién soy. Cuando busco ya no encuentro más que frustración al verlos bebiendo, sirviéndose, viviendo bien a costa del sol".

Esta mirada defraudada reserva, sin embargo, una potente energía festiva que encuentra su fuerza - nos dice Carian- "en cada grito, cada baile, cada maroma y empujón". De este intercambio, del movimiento y la comunión, surgen letras y nuevas mezclas de ritmos, "como un espejo" en donde músicos y asistentes se miran y se reconocen. 

La fiesta, como espacio de expresión cultural y simbólica, es clave en esta sinergia en donde actúan en conjunto la música y los sentidos. Miguel, percusionista de la banda desde hace un año, habla de un "efecto conejo": una suerte de conexión entre el público y los músicos que les unifica en una experiencia de infinitas posibilidades.

Es intenso, es rítmico. "Mágica Música Mística".

 

Gabriel, miembro de la banda desde hace casi cuatro años, piensa que "si algo hay en la música más allá de las letras, los gustos personales y su lenguaje, es que tiene la capacidad desinteresada de atraer y reunir gente [...] Lo apreciamos, pues gracias a ustedes es que somos".

Conejos en cuarentena

La crisis sanitaria desatada por el covid-19 afectó de manera particular al sector artístico en México. Agrupados en espacios como No Vivimos del Aplauso, algunos artistas organizados han expuesto a lo largo de estos meses de pandemia las condiciones que enfrentan trabajadores del arte de distintas disciplinas, sin ingresos fijos ni seguridad social de ningún tipo. 

Integrantes de Los 400 conejos ebrios nos cuentan cómo han vivido la cuarentena con el cierre de espacios y las medidas de distancia social. ¿Qué piensan de la "virtualización" de eventos?, ¿cómo es la "nueva normalidad" para estos músicos?

Carian: La "nueva normalidad" es difícil porque no hay trabajo escénico y el reunirnos es complicado, pero creemos que no tan difícil como para otras personas que son el sostén familiar, que están en un tratamiento médico o en situación de calle. Afortunadamente, nuestras preocupaciones sólo son sobrevivir, ensayar y no enfermarnos, y si acaso, manejar la ansiedad diaria de no saber realmente qué significa esta "nueva normalidad" que, de entrada, sólo parece una versión más surrealista, inhumana y desvergonzada de la pasada "normalidad" pero ahora usando de pretexto nuestra la salud para imponer/ perpetuar los mismos sistemas que siempre nos han hecho daño.

Gabriel: Los modos de vida han cambiado [...] Es un tema complicado y no lo llamaría "normalidad"; la normalización siempre tiene un proceso de banalidad e indiferencia. Parte de lo que veo son consecuencias de la desigualdad que ha existido en la sociedad".

A propósito de la virtualización de eventos, O’Malley nos cuenta que ésta "ha sido hasta el momento el nuevo modus operandi de toda la artisteada que, por el momento, se encuentra más que golpeada por el covid. Es una salida momentánea".

Para Gabriel, la virtualización es un recurso poco efectivo si se considera el objetivo de integración y generación de experiencias de los músicos. "No es lo mismo tocar a través de una pantalla y sin el equipo necesario para "sonar bien", a tocar en vivo con toda la energía, el público reunido saltando, bailando, cantando y haciendo cosas que jamás imaginarías ver."

Carian, por su parte, mira la virtualización como un escenario en donde resaltan las distintas perspectivas sobre la música y sus objetivos como herramienta de cohesión social. Para él, "el hecho de "virtualizar" los eventos es un error. Una acción que busca frivolizar las artes escénicas en general, al punto de querer convencernos de que sólo existen como "entretenimiento/distracción", minimizando o dejando de lado la capacidad que tienen como semilla de cambio para el pensamiento y las acciones de quienes experimentan la reciprocidad que sólo se genera compartiendo "arte" en vivo, viviendo lo inevitable. "

El cierre de espacios, la suspensión de todo evento que signifique aglomeraciones y su impacto han alcanzado a Los 400 conejos ebrios. Anímicamente, la situación de aislamiento ha generado entre los integrantes de la banda, como una muestra de una realidad que se replica por todo el país, enojo y tristeza.

"Es un golpe durísimo", nos dice Miguel sin rodeos, "para un músico que no toca, el mundo se le viene encima". Al mismo tiempo, sin embargo, ha sido una oportunidad muy importante de reflexión. Para el percusionista, el tema de si la virtualización es algo positivo o negativo tiene su centro en tanto su incapacidad de ser una vía que supla el ritual de la fiesta. "No hay vibra, no hay conductos, no hay nada más que una pantalla".

El golpe no ha sido sólo moral, sino también económico. Al respecto, Gabriel refiere problemas con su espacio en Tepepan, pues "gran parte de las ganancias de los eventos, tanto con los conejos como con shows o huesos, las destinamos a nuestro espacio y no ha habido nada de eso [...] Hemos planeado distintas maneras de integrarnos a lo digital desde otros quehaceres y con otras personas, porque a fin de cuentas los conejos no sólo se quedan en el ámbito musical."

Es así que, recientemente, lanzaron un proyecto para difundir una serie de videos "infográficos" que buscan generar interés en distintos temas, oficios y saberes. No son tutoriales, explican, sino una bengala para generar redes entre quienes buscan formas de salir del paso en medio de una crisis cuyo fin no se ve muy cercano. 

Los 400 conejos ebrios se han presentado en infinidad de eventos, festivales, muestras y conciertos. Solidarios, han participado en espacios político-culturales como el Primer Festival por la Democratización de la UNAM en Ciudad Universitaria o el Festival América Latina en Llamas, en solidaridad con la lucha de los pueblos de América Latina en contra de la represión y la tortura sexual realizado en las inmediaciones de la Alameda Central, en la Ciudad de México. Cero decibeles y Multiforo Cultural Alicia son algunos de los espacios en donde se ha presentado esta banda, así como en apoyo a distintas propuestas artísticas y literarias. Para los 400 conejos ebrios la diversidad es el verdadero elixir de los dioses.







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