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Las nuevas reformas del Papa y el rol de la Iglesia

Mientras prepara su gira por Cuba y Estados Unidos, el Papa anunció la reforma por decreto del proceso de nulidad del matrimonio. La Iglesia católica busca recuperar su influencia.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Jueves 10 de septiembre de 2015

A partir del [nuevo decreto papal (motu proprio), el proceso de nulidad del matrimonio se agilizará, anulando la doble sentencia, y se realizará de forma gratuita. El Papa Bergoglio, autoridad máxima del Vaticano, se encargó de aclarar que la institución sigue considerando indisoluble el matrimonio y mantiene el divorcio como un pecado.

Como parte de las discusiones abiertas con el sínodo de la familia, inaugurado en diciembre de 2014, Bergoglio avanza en su objetivo de restaurar la imagen de una institución milenaria, socia añeja de las clases dominantes y beneficiaria de grandes favores de Estados y gobiernos.

“No se tocó ningún punto de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio”, aclaraba Bergoglio en diciembre de 2014 al diario argentino La Nación, que expresaba las dudas de los sectores que veían con preocupación el sínodo extraordinario, que terminó sin renovaciones ni revoluciones. La Iglesia siguió, y sigue, siendo la misma institución oscurantista, quizás con un rostro más amable.

La Iglesia no reconoce ni alienta la ruptura de la “unión sagrada”, el divorcio sigue siendo un pecado. El decreto de Bergoglio solo busca “poner a tono” y mostrar a la Iglesia más cercana a los problemas de la población. Algo similar buscaron los anuncios de “perdón” para las mujeres que se han practicado abortos y los gestos hacia las personas divorciadas que vuelven a casarse. A comienzos de este año, el Papa había dicho, “la Iglesia no condena eternamente a nadie”, en referencia a la exclusión de los divorciados del sacramento de la comunión.

Cambios para fortalecer a la Iglesia como actor político

“Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla”, dijo el Papa. Y en un claro mensaje a los obispos que plantean objeciones a los cambios, afirmó, “¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas...”.

Su objetivo es claro: recuperar el terreno que ha perdido la Iglesia católica a causa de sus vetustas normas. Sin embargo, no deben confundirse estos objetivos con una supuesta “modernización” o “cambio” en la institución. Su esencia misógina y patriarcal sigue inmodificada, como el mismo Papa lo reconoció, la doctrina sigue igual, todo sigue igual.

Bergoglio es muy claro cuando explica el por qué es necesario reformar las normas de la Iglesia: “la presión reformista de un enorme número de fieles” que, según él, se alejan de “las estructuras jurídicas de la Iglesia a causa de la distancia física y moral”. Y a la vez que se agiliza el proceso de nulidad, Bergoglio anunció que el mismo será gratuito, como un gesto de “generosidad”.

Lejos de cualquier espejismo, la Iglesia católica sigue teniendo una fuerte injerencia en los asuntos de la vida social, y no es intención del Sínodo, de Bergoglio ni de ningún gobierno que esto se modifique. La Iglesia católica obstaculiza leyes y modifica códigos (como en Argentina con el Código Civil), presiona a los legisladores para que voten de una forma u otra (como en Francia para abolir el matrimonio entre personas del mismo sexo).

Por este motivo que no hay que confundir los gestos de Bergoglio, incluso aquellos resistidos por sectores más conservadores, con nada parecido a una revolución de la Iglesia. Sus medidas buscan recuperar el rol de esa institución como “pacificadora” y contenedora ante cualquier potencial “desorden” social que tanto preocupa a las clases dominantes.

Desde la vista a Brasil en 2013, con su famoso “Hagan lío”, pasando por el Sínodo de 2014 y la última gira en América latina, Bergoglio ha dejado claro que busca que la Iglesia juegue un rol político activo. Su hiperactividad, anuncios y gestos confirman el objetivo de recomponer el rostro de la institución (golpeada por la corrupción y los abusos) en un escenario de crisis social y económica, donde los políticos de las clases dominantes enfrenta diversos cuestionamientos (señalados como una casta, plagados de corrupción, criticados por su banalización y farandulización).

En este marco, el Papa ha sido un actor clave del “deshielo” entre EE. UU. y Cuba: no solo colaboró durante las conversaciones secretas entre ambos países sino que se convirtió en un nexo fundamental de las negociaciones. Esta gira por Cuba y EE. UU. fortalecerá la posición de la Iglesia como intermediario en el proceso de restauración capitalista en la isla y restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.






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