REVOLUCIÓN RUSA

La revolución socialista que legalizó el aborto hace un siglo

Martes 12 de junio | 16:12

El derecho al aborto está relacionado con la salud y la vida de las mujeres. Eso mismo entendían aquellos y aquellas que dirigían la Revolución rusa, por eso, tan solo algunos meses después de terminada la guerra civil, una de las primeras legislaciones estuvo relacionada con la legalización del aborto. Con el tiempo se demostraría que fue la más avanzada en la historia en materia de derechos de las mujeres.

El decreto en el que se confirmaba la legalización decía: “Durante los últimos 10 años, el número de mujeres que se realizan abortos ha estado creciendo en nuestro país y en el mundo entero. La legislación de todos los países lucha contra ese mal mediante el castigo a las mujeres que se deciden por el aborto y a los médicos que lo practican. Este método de lucha no logra ningún resultado positivo. Empuja a la operación a la clandestinidad y convierte a las mujeres en víctimas de abortistas avaros, y a menudo ignorantes, que se aprovechan de esta situación clandestina”.

Esto significaba además que “bajo la ley soviética el feto no era considerado una persona con derechos. Una mujer que abortara en cualquier etapa del embarazo estaba exenta de procesamiento”. (Wendy Goldman, La mujer, el Estado y la revolución, Ediciones IPS, 2010). Un cambio radical en la legislación que hasta no hacía mucho tiempo, en 1885, definía el aborto como un “acto premeditado de asesinato” para la mujer que lo practicara.

¿Por qué en Rusia y hace casi 100 años?

Rusia de principios del Siglo XX era un país profundamente atrasado. Analfabetismo, sistema feudal de gobierno, pobreza extendida, no existía ni un sistema de salud ni uno de educación; el poder estaba en manos de los Zares y de la Iglesia.

Antes de la revolución casi no había derechos para las grandes mayorías de campesinos y obreros, muchos menos para las mujeres. La 1° Guerra Mundial, de la que Rusia había participado hasta 1917, había empujado a las mujeres a ser parte del mundo del trabajo, mientras los hombres estaban en el frente. Esto significó que cientos de miles se convirtieron en costureras, obreras de la alimentación, textiles, trabajadoras de la salud, educadoras y también en mineras, metalúrgicas, telefonistas, entre otras áreas de trabajo. Empezaron a jugar un nuevo rol social, ahora podían organizarse en sus lugares de trabajo, podían reconocerse y así participar de los eventos revolucionarios que tendrían por delante. De hecho, la Revolución Rusa que comienza con una huelga que logra voltear al Zar, se inicia con la movilización de las obreras textiles de la barriada de Viborg en vísperas del Día de la Mujer, justamente un 8 de marzo.

¡¿Quién podría pensar que un país de este tipo iba a ser, por mucho, el más avanzado en derechos de las mujeres?! León Trotsky decía que “si en realidad queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres” y eso fue lo que hizo la Revolución.

Significó una transformación absoluta en todos los aspectos de la vida, en particular para las mujeres. Los bolcheviques tomaron las iniciativas más revolucionarias en el mundo para la época, que fue expresión de una política previa cuando desde la II Internacional Comunista, dirigida por Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin habían proclamado el Día Internacional de la Mujer en 1910, como una apuesta para organizar de forma autónoma a las mujeres por sus derechos.

El gobierno de los soviets creó el departamento de mujeres del partido bolchevique, el Zhenotdel, para desarrollar desde allí políticas en materia de derechos de la mujer, la familia y los niños.

Decía Inessa Armand, dirigente bolchevique: “El poder soviético a pesar de la desorganización, el bloqueo, las agresiones ininterrumpidas de los guardias blancos (…) ya asegura parcialmente el mantenimiento público de los niños (…) La instrucción es en su totalidad gratuita, desde la escuela elemental hasta la universidad y las escuelas superiores (…) Se ha prohibido el trabajo infantil hasta los 16 años (…) Se libera a las madres de todo trabajo durante ocho semanas antes de dar a luz y otras tantas después; y durante todo este tiempo se les paga una cantidad que equivale a su salario habitual (…) Además, gracias a la creación de los comedores públicos, la cocina desaparece poco a poco de la economía doméstica. La cocina casera, tan glorificada por los burgueses, pero que desde el punto de vista de la economía no es en absoluto adecuada al objetivo, es para las campesinas y en especial para las obreras un castigo insoportable que les consume todo el tiempo libre, las priva de la posibilidad de ir a las reuniones, de leer y de tomar parte en la lucha de clases (…) El régimen soviético es el régimen de transición del capitalismo al comunismo, un objetivo que es imposible de realizar sin la emancipación absoluta de todos los explotados y entre ellos de las mujeres” (La obrera en Rusia, Bulletin Communiste, 1er año, nº 17, 8 de julio de 1920)

En este marco, el derecho al aborto estaba estrechamente relacionado con la necesidad de cuidar la vida de las mujeres. A pesar de que la guerra mundial y la guerra civil posterior habían implicado una perdida 7 millones y medio de rusos y rusas, este derecho se proclamó igual, porque por más que fuera necesario poblar nuevamente al país, no podía hacerse bajo imposición y castigo para con las mujeres. Para las y los bolcheviques legalizar el aborto era una política de salud pública de primer orden.

Por su parte, Alejandra Kollontai, una de las dirigentes bolcheviques más destacadas, escribía que “en nuestra República de trabajadores tenemos una disposición desde el 18 de noviembre de 1920 que legaliza la interrupción del embarazo. (…) Nuestro país no está densamente poblado, sino débilmente (…) ¿Y por qué podemos legalizar el aborto en esta situación? Porque mientras no se hayan asegurado las condiciones de vida de las mujeres, los abortos seguirán practicándose (…) Hoy se practican abortos en todos los países y ninguna ley lo puede impedir con eficacia. Para la mujer siempre hay algún medio, pero esa ayuda “secreta” destruye la salud de nuestras mujeres (…) un aborto practicado por un cirujano en condiciones normales no supone en absoluto ningún peligro para la salud de la mujer (…)”. Y afirmaba: “hemos encontrado la respuesta a esta cuestión – que para las mujeres de todos los estados burgueses esta sin resolver”. (La mujer en el desarrollo social, Ed. Guadarrama, Barcelona, 1976)

¿Cómo se implementó?

Las mujeres en Rusia podían abortar por su sola decisión. Tenían que presentarse ante una oficina de tipo ministerial para solicitarlo, ya que la legislación indicaba que debía realizarse únicamente en hospitales públicos, para garantizar las condiciones asépticas del mismo. La petición ante una oficina de estado tenía que ver con establecer prioridades ya que los recursos eran absolutamente escasos: “los criterios eran formulados según una jerarquía basada sobre la posición de clase y la vulnerabilidad” afirma en su libro Wendy Goldman. Y agrega que: “una vez que la mujer obtenía el permiso para practicarse un aborto, la operación en sí era relativamente segura. Las mujeres rara vez morían por abortos realizados en un hospital”.

Casi un 50% de las mujeres abortaban por ser pobres, lo que les impedían hacerse cargo de un hijo/a, un 15% porque decidían no tener otro hijo y un 12 % lo hacía por problemas de salud. Además de las condiciones extremas de pobreza en la que se vivía después de la guerra, una de las razones que llevaba a las mujeres a abortar era la decisión de no tener más hijos. Esto estaba relacionado con los cambios que traía la revolución: se ampliaban sus horizontes, ya no tenían como único destino las labores del hogar y la maternidad, sino que la nueva vida revolucionaria transformaba las expectativas de las mujeres; podían estudiar, trabajar, participar en política y ser parte de la construcción del estado obrero.

En aquella época no existían casi los métodos de anticoncepción, por eso el aborto era algo muy común entre todas las mujeres. Con esta legislación los bolcheviques querían evitar la clandestinidad, que lo único que garantizaba era la muerte para las mujeres. Si bien ésta no dejó de existir por el enorme déficit que había para atender a todas, en muchas de las principales ciudades se garantizó masivamente esta práctica en instituciones de salud públicas.

Hay que decir que las bolcheviques pensaban que la necesidad de recurrir al aborto iba a tender a disminuir cuando la vida material mejorara y permitiera a las mujeres que quisieran ser madres tener hijos en mejores condiciones de vida, a medida que se fueran desarrollando las conquistas de la Revolución. Entendían el aborto, tener hijos/as y el cuidado de los niños como una cuestión social, no individual, porque el estado obrero debía ocuparse de ellas.

Casi cien años después el aborto es una práctica que se sigue realizando a diario en todo el mundo. La experiencia de Rusia suma motivos para luchar por el aborto legal en nuestro país y demuestra que solo con la fuerza de las mujeres organizadas y en las calles podremos lograr “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir”.






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