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#PRIMAVERACATALANA

La primavera catalana y la crisis del Régimen del 78

La primavera catalana se inicia como parte un nuevo ciclo de movilizaciones, frente al hartazgo de las consecuencias de la crisis que atraviesan a todos los sectores de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud en todo el Estado.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Martes 27 de marzo | 10:32

El nuevo lema hecho hashtag: #primaveracatalana, recorrió las redes tras estos días de acelerado cambio de la situación en Catalunya. Parecía que se estaba normalizando la situación en que el Régimen golpea, encarcela y deja a Catalunya sin Govern, hasta que otro golpe confiado de la judicatura, gobernantes y Rey, rompe nuevamente la normalidad catalana.

Entre el frío y la nieve poco común en Barcelona, comenzó el calor primaveral de las movilizaciones masivas, con cortes de carretera y otros fuegos y barricadas que la autodefensa obliga a utilizar contra la represión policial.

Pero esta “normalidad” tampoco discurría en el resto de Estado, tras las manifestaciones de los pensionistas, las concentraciones contra las leyes mordazas o las manifestaciones contra la corona. O el profundo movimiento de mujeres, que el 8M canalizó la rabia de la juventud y la clase trabajadora convocando a más de 3 millones en las calles por las ciudades de todo el Estado y a más de 5 millones de trabajadores y trabajadoras que hicieron paros.

Porque no hace falta ser mujer para luchar contra la violencia machista, los recortes sociales, la brecha salarial y la precariedad laboral. Como no hizo falta ser inmigrante para salir a defender a los trabajadores manteros que se movilizan contra la represión del racismo institucional. Y porque hoy los estudiantes y la juventud pueden ver reflejado su futuro en los trabajadores, muchos de ellos también jóvenes, que luchan contra la precariedad haciendo huelgas como la de Amazon o las trabajadoras de la limpieza de los hoteles, como Las Kellys.

El movimiento democrático catalán estalla otra vez. Y en un momento en el que no hace falta ser independentista para sentir la rabia de la violencia y la represión del aparato judicial, que te impide hacer un tuit de denuncia a la Corona parásita y llena las cárceles de presos políticos, artistas y raperos. O la policial, que te mata por vender en la calle, o secuestra urnas a golpes de porra para así, impedir votar en un Referéndum.

El inicio de la primavera catalana y la dirección del procés

En este contexto se inicia la “primavera catalana”. Por eso, el único camino para hacer frente a la represión y efectivizar el mandato del 1-O pasa por la movilización social y por la vinculación de esta profunda e intensa lucha democrática, con las demandas más sentidas de las mujeres, de la juventud y del conjunto de la clase trabajadora, catalana y de todo el Estado.

Es decir con un programa que atienda a los principales problemas y demandas sociales, que tumbe al Régimen del 78, sus instituciones y sus partidos. Pero ¿hacia dónde está llevando la energía del pueblo catalán, la dirección del procés?

Un Parlament disuelto y tres meses sin Govern catalán, desde el 27O y desde que las elecciones del 21D dieron nuevamente fuerza a los partidos independentistas. Meses de inquietud, cárceles, exilios, que dejaron tocada prácticamente a toda la dirección del procés, que no se preparó ni resistió para defender el mandato popular del 1-O.

Fuerza y disposición sobran, tal como lo vimos en las manifestaciones masivas y en las huelgas del 3N y 8N. Pero esta energía se fue disipando ante una dirección que se fue bajando del mandato popular del 1-O. Todos los partidos independentistas, la ANC y Omnium, han vaciado las calles limitándose a convocar alguna protesta simbólica, confiando en que Llarena, Rajoy y la corona “dialogarían” calmada y pacíficamente.

Pero la ofensiva represiva se fue intensificando. Días antes de la estocada judicial del pasado jueves, el discurso de investidura fallida de Turull no había hecho referencia alguna a la República, al 27-O o al derecho de autodeterminación. Su propuesta de gobierno se había limitado a restaurar la institucionalidad autonómica y a que se paralice el 155. Y para ello no dudó en buscar diálogo con Rajoy y hasta con Felipe VI.

Todas estas experiencias que está atravesando el movimiento democrático catalán, empiezan a dar luz a grandes franjas dentro de su seno. La lección principal: que cumplir el mandato del 1-O implica enfrentarse seriamente al bunker monárquico del 78 que nunca va a sentarse a negociar nada; algo por lo que hasta las fuerzas neorreformistas como Podemos o los comunes abogan.

Y este enfrentamiento requiere la fuerza de la clase trabajadora y popular. E implica unir las demandas democráticas con las demandas sociales, tal como vienen ocurriendo estos meses en las calles también catalanas, con el 8M y el movimiento de mujeres pronunciándose contra el 155; la solidaridad de los trabajadores manteros de Barcelona con los de Madrid, o con la huelga de Amazon.

El problema de la dirección del procés es que unir estas demandas democráticas con las sociales, implica luchar contra ellos mismos, es decir, contra los responsables de los recortes y privatización de la educación y la sanidad, el aumento brutal de las tasas de las universidades o los desahucios, que en Catalunya se aplicaron fuertemente también.

Este es el peligro de fondo con el que se encuentra la dirección del procés. Las calles encendidas llevan a experiencias cada vez más aceleradas, que pueden desarrollarse y si no, quedarán latentes. En Catalunya es evidente cuando, a pesar de que salen a defender a los presos políticos dirigentes del procés, en las últimas manifestaciones los palos no vinieron de la policía nacional popularmente llamadas “fuerzas de ocupación”, sino de la policía autonómica, los mossos d’esquadra.

No tardarán las direcciones soberanistas en criminalizar a los CDRs y a la juventud combativa harta de tanta violencia institucional, precariedad y pobreza. Y hartos también de que la República catalana no sea defendida y entregada a negociaciones o “pactos democráticos” cada vez más alejados de las demandas democráticas del pueblo catalán.

Por otro lado, la “vaga general” (huelga general) es el grito principal que acompaña al de “Presos políticos libertad”. Sectores de la clase trabajadora catalana fueron rompiendo el corset del corporativismo impuesto por CCOO y UGT, por eso hicieron huelgas y paros el 3N, 8N, ¡e incluso la del 8M! muy a pesar de las direcciones de los mayoritarios.

Se empieza a despertar la juventud combativa, las mujeres, junto a la fuerza principal, la clase trabajadora, con nuevas e iniciales experiencias que obligan a la izquierda independentista, a la izquierda política y sindical a dar una perspectiva que ayude a romper con las direcciones burguesas del procés. Una perspectiva sin “manos extendidas” a los partidos garantes de la pobreza y el paro.

La lucha por la República catalana, para vencer, será con la clase trabajadora al frente y en alianza con la del resto del Estado o no será. Para vencer la ofensiva represiva del Estado español, acabar con el 155, conseguir la libertad y el desprocesamiento de todos los presos políticos y el ejercicio efectivo del derecho a decidir, el movimiento catalán necesita retomar la movilización por la República ¿Cuál? Una república de las trabajadoras y los trabajadores en la perspectiva de acabar con el Régimen del 78 y poder establecer una libre federación –con el derecho a la separación- con el resto de los pueblos del Estado.

El peligro para Rajoy y el Régimen del 78: unir las demandas democráticas del pueblo catalán con las demandas democráticas y sociales de todo el Estado

Pero esto no es sólo un peligro para la dirección del procés. También lo es para el PP y el Régimen. La primavera catalana se inicia como parte también del hartazgo de las consecuencias de la crisis, que atraviesan a todos los sectores de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud en todo el Estado.

Hartazgo de los desahucios, de salarios de miseria y condiciones de precariedad y explotación. Y este hartazgo tiene caras, nombres, edificios: PP, PSOE, Felipe VI, Congreso de la Moncloa, Tribunal Supremo. O sedes de las delegaciones del Govern, el juez Llarena y los partidos del bunker del 78, nuevos y viejos.

Aún no hay respuestas de solidaridad contundentes en el resto del Estado en solidaridad con Catalunya. En eso las direcciones sindicales, Podemos y los comunes aportaron muchísimo, paralizando las calles con denuncias simbólicas a la represión judicial contra Catalunya, pero dándole la espalda al mandato del 1O. Sus pactos de gobierno con el PSOE los lleva acercarse más a los partidos del 155.

Sin embargo, el 2018 tuvo su arranque con importantes y masivas movilizaciones sociales, cuyo precedente es el ciclo abierto en el 2011 con el 15M, hasta el 2014 con las Marchas de la Dignidad, previo al ascenso electoral de Podemos que vino a pasivizar y desviar la lucha de clases hacia la ilusiones y confianza en las instituciones.

Es la hora de que la izquierda política y sindical de todo el Estado se proponga como una alternativa a todas las variantes políticas del Régimen. Para aportar en el surgimiento de un gran movimiento contra el Régimen del 78, su democracia para ricos –de la que los representantes de la burguesía catalana han sido y son parte- y por un programa que incluya medidas como la jubilación a los 55 años, pensiones dignas a costa de impuestos a las grandes fortunas, el reparto de horas de trabajo sin reducción salarial para acabar con el paro, el fin de la precariedad, de la brecha salarial o la universidad gratuita, entre otras.

Este es el único antídoto posible también para frenar la ola de españolismo reaccionario contra el pueblo catalán que promueve el bloque monárquico y su prensa en el resto del Estado, para así quebrar la solidaridad entre los pueblos.

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