Géneros y Sexualidades

AUTORITARISMO Y REPRESIÓN

La policía y su particular saña contra las mujeres en México

Cuando las mujeres cuestionamos el orden establecido nos convertimos en un peligro para los de arriba.

Soledad Farfalla

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 30 de septiembre | 20:02

Ser mujer es peligroso en este país en el que son asesinadas más de 10 mujeres cada día, aquí, dónde las redes de trata operan en total impunidad dejando miles de mujeres desaparecidas. Y cuando las mujeres nos asqueamos de la violencia y las injusticias, cuando decidimos alzar la voz, nos enfrentamos a otro riesgo: la política represiva del Estado y su policía.

Basta con conocer lo sucedido el pasado 28 de septiembre, cuando cientos de mujeres nos movilizamos por el derecho a decidir en la Ciudad de México. La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum fue un despliegue escandaloso de policías y granaderos que mantuvieron encapsuladas ¡cinco horas! a decenas de mujeres.

Dentro y fuera del encapsulamiento, muchas mujeres sufrieron intoxicación producto de los imparables gases que la policía arrojaba a las manifestantes, otras fueron golpeadas y lesionadas, entre ellas Flora Aco, trabajadora y luchadora social de la agrupación de mujeres Pan y Rosas, organización que junto a las demás de la Coordinación 8M se mantuvo haciendo el aguante a las compañeras encapsuladas hasta romper el cerco.

Otros casos dejan claro que no es un caso aislado sino una política de Estado reprimir a las mujeres. El brutal desalojo este mes en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, dejó fotografías y videos sangrientos en los que es evidente la brutalidad y la saña de la policía mexiquense.

También en septiembre, un grupo de mujeres se movilizaban contra la violencia de género en Chihuahua, en donde las manifestantes fueron atacadas por un operativo policiaco que golpeó y detuvo a 40 mujeres de manera ilegal.

Se suma la represión que vivieron en Guanajuato las manifestantes que tomaron las calles, en el mes de agosto, denunciando el abuso sexual por parte de policías estatales contra una menor de edad. La represión dejó lesionadas, 23 detenidas y 4 reporteras violentadas.

¡No nos cuidan, nos violan!

Lamentablemente la lista de agravios contra las mujeres por parte de la policía es larga. El 4 de mayo de 2006 en Atenco, Estado de México, un sanguinario operativo policial dejó un saldo de 2 jóvenes muertos, cientos de heridos, 200 detenidos y por lo menos 23 casos de tortura sexual contra pobladoras de la zona.

Desde el 2013, las maestras y maestros se levantaron en defensa de la educación pública y gratuita y enfrentaron múltiples ataques de la policía. En 2015, en el desalojo de una manifestación magisterial en Acapulco, un maestro fue asesinado y por lo menos 5 maestras fueron violadas por agentes de la Policía Federal.

Se suman los ataques “individuales” pero no aislados de policías contra las mujeres. En 2019 cuatro policías amagaron y violaron a una menor de edad en Azcapotzalco, uno de los pocos casos denunciados formalmente, pues ante hechos como estos las víctimas no confían en el Estado y sus instituciones, pues cubren a los uniformados.

¿Por qué tanta saña contra las mujeres?

Sobre los hombros de las mujeres recae mucha de la explotación que sostiene el orden existente. Nuestra fuerza sostiene la mayor parte del trabajo precario, ahorrándole a los patrones millones de dólares mediante salarios miserables y negando derechos mínimos.

Por otro lado, le ahorramos millones al Estado y los patrones de manera indirecta con el trabajo del hogar no pagado. Ese trabajo garantiza la preparación de alimentos, el aseo del hogar, el lavado de la ropa y todo lo necesario para que nuestros compañeros, nosotras, nuestros hijos e hijas nos presentemos aseados y alimentados cada día en las escuelas, las fábricas, las oficinas y los distintos centros de trabajo.

Además de todo esto, las mujeres pobres y particularmente las jóvenes vivimos la violencia patriarcal que golpea, viola, desaparece y mata.

Cuando las mujeres cuestionan ese orden, se convierten en un peligro auténtico para los de arriba. En este sistema en el que la mayoría vive apenas con lo mínimo para sobrevivir, mientras una minoría acapara groseras fortunas, a las mujeres nos toca la peor parte. Somos las que menos tenemos que perder y, sin embargo, un paraíso terrenal entero por conquistar. Por eso, pronto la rabia de las mujeres puede convertirse en la chispa que lo encienda todo.

Cuando las mujeres decidimos levantar la voz, la policía y las fuerzas armadas se vuelven indispensables para amedrentar y frenar cualquier proceso de lucha que pueda escalar a un cuestionamiento más profundo.






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