Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

La perspectiva separatista en el movimiento estudiantil

Hace mucho que el movimiento feminista enfrenta presiones ideológicas y políticas del Estado. Ser separatista por supuesto no te vincula al Estado, pero sí las presiones políticas de las que este sector no se delimita.

Sandra Romero

México | @tklibera

Martes 11 de septiembre | 19:33

Créditos de la imagen a Elizabeth Sauno

Esto no significa que un sector del separatismo, burda y llanamente le trabaje a la policía. Aunque en el feminismo hay quienes "capacitan" y "asesoran" a policías y militares con "perspectiva de género" (agentes de las instituciones responsables de la violencia sexual contra las mujeres en Atenco en 2006) ¡...! y también las que trabajan para el Instituto Nacional de las Mujeres, órgano federal que dice trabajar por la "igualdad de género".

Entre la heterogeneidad del feminismo, ha sido la institucionalización una de las más fuertes presiones a las que se enfrentan las nuevas generaciones de mujeres en lucha por nuestros derechos.

Con la ofensiva neoliberal se extendió la idea de "emancipar a las mujeres", como parte de una conquista progresiva y pacífica.

Una de sus expresiones más claras es la demócrata Hillary Clinton (la carnicera de Libia, Yemen y otros pueblos). Cientos de representantes de la burguesía han llevado adelante la idea de lograr los derechos de las mujeres, vía la democracia liberal y por supuesto en los marcos del capitalismo. De aquí se desprenden millonarias sumas de dinero hacia ONGs y proyectos en países semicoloniales, abrazados e implementados por un sector del feminismo.

Aún sin ser institucionales, hay una fuerte presión en el movimiento de mujeres contra la idea de movilizarnos de forma independiente, en confrontación con el Estado y contra la búsqueda de una perspectiva revolucionaria. Para un amplio sector la lucha radica en "empoderarnos" o "deconstruirnos".

La simpatía de compañeras por el separatismo parte en muchos casos de un sentimiento genuino ante la aberrante violencia y la búsqueda de justicia por todas las vías. Sin embargo, ésta mayoritariamente se queda en los cauces estatales.

En la universidad esto se expresa en la búsqueda de justicia bajo concepciones punitivistas, ante la violencia de género, cuyo principal cauce son las oficinas jurídicas de la rectoría príista, los antidemocráticos Consejos Técnicos y Universitario y el Tribunal Universitario, responsable de miles de sanciones y expulsiones políticas a luchadores sociales.

Esta política es un retroceso en lo logrado por las madres de Juárez con su lucha contra el feminicidio, que denunciaron en la década de los 90s la complicidad del gabinete, partidos patronales, fiscalías, jueces, policías, militares y ministerios públicos, en preservar la impunidad.

Un sector de esta nueva generación separatista nos llama, directa o indirectamente, a confiar en las instancias institucionales. Insisten en "mejorar", "corregir" y "aportar" a los hipócritas protocolos instituciones contra la violencia de género impulsados por Rectoría.

Por décadas las luchas más combativas del movimiento estudiantil han cuestionado, enfrentado y planteado la caída de estas mismas instancias que con esta política buscan fortalecer.

La gama de posturas dentro del feminismo, desde las reivindicaciones igualitaristas hasta el reclamo de inclusión en una supuesta democracia pluralista, pasando por las propuestas separatistas más radicales, muestran que la potencialidad del movimiento de mujeres del que somos parte, está preso hoy en los estrechos límites del posibilismo postmoderno y el demasiado cercano horizonte de una democracia liberal, impregnada de una irreverencia superflua, que se intenta presentar como incuestionable.

Es necesario abordar esta discusión en el movimiento de mujeres universitarias, para que éste sea un empuje revolucionario dentro de la lucha actual del movimiento estudiantil.






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