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La conquista de la Apachería: del origen de los apaches al primer combate con los conquistadores

. Uno de los lugares de paso sería, como es sabido, el estrecho de Bering; esto durante las últimas glaciaciones. Se afirma que los denominados Atapascanos serían de los últimos grupos en cruzar, hace unos 10,000 a 20,000 años.

Lunes 5 de octubre | 16:06

Hay consenso entre antropólogos para afirmar que los primeros habitantes de América llegaron en una serie de migraciones desde Asia. Uno de los lugares de paso sería, como es sabido, el estrecho de Bering; esto durante las últimas glaciaciones.

Se afirma que los denominados Atapascanos serían de los últimos grupos en cruzar, hace unos 10,000 a 20,000 años. La familia lingüística atapascana, se extendería por Norteamérica, mediante tres grandes subfamilias lingüísticas, en los territorios de lo que son actualmente Alaska, el este de Canadá, las costas del Pacífico y centro de los EEUU. A este último grupo pertenecen los Apaches.

La llegada de lo que sería los Apaches a los actuales territorios de Oasisamérica (y más allá) suele ubicarse entre los años 800 al 1000 de nuestra era, aunque también se afirma que esto muy bien pudo haber ocurrido poco antes de la llegada de los conquistadores españoles.

La primera posible referencia a los Apaches, en la llamada cultura occidental, la podemos encontrar en los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, donde los llamaba indios “de las vacas” (en referencia a los búfalos o cíbolos que cazaban) y cuyo encuentro sería alrededor de 1530; el expedicionario Francisco Vázquez de Coronado los llamó “Vaqueros” cuando los avistó en 1541.

También mencionaremos la expedición de Francisco de Ibarra que igualmente los encontraría en 1565 en lo que actualmente es la región de Gómez Farías y en Casas Grandes, Chihuahua; en esta última región ya desde entonces los Apaches solían llegar en verano para refugiarse y alimentarse desde la Sierra del Carcay (Carcaj) y más adentro.

Las confrontaciones entre pueblos sedentarios y nómadas (y entre ellos mismos) parece ser una constante en los territorios de Oaisisamérica (y más allá), pero hoy sabemos que la relación entre Apaches y los pueblos sedentarios de Oaisisamérica, no solo fue de confrontación, sino que la guerra fue atravesada por no pocos periodos de paz que permitieron la extensión de un fructífero comercio. (La guerra y la paz fueron estados condicionados por la viabilidad ecológica del espacio común, como ya lo hemos planteado en un anterior artículo).

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La primera expedición Europea a los actuales territorios de Oasisamérica (sin contar la involuntaria travesía de Cabeza de Baca) se realizó en 1539 por fray Marcos de Niza que se aventuró movido por la avaricia o el afán de salvar las perdidas almas en este apartado girón del suelo virreinal, esto tras escuchar, de Cabeza de Vaca y de sus compañeros de naufragio, sobre la existencia de “ciudades de varios pisos” (seguramente las viviendas de los Hopi o los vestigios de los Anasazi).

Marcos de Niza nunca vería tales ciudades porque de camino daría marcha atrás al enterarse del asesinato del adelantado y ambicioso Estebanico a manos de los Indios Pueblo (sedentarios) quienes lo dieron por un espía de sus enemigos. Fray Marcos de Niza, exagerando y abiertamente mintiendo, hablaría a su regreso de una rica ciudad adornada de turquesas y oro; lo que avivaba el deseo de conquista español direccionado a las míticas siete ciudades de Cíbola y Quivira en el Septentrión.

El primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, al escuchar la prometedora información del pícaro fraile, financia la primera expedición “oficial” en 1541, al mando de Francisco Vázquez de Coronado, a esta región en busca de las deseadas riquezas, de las que, evidentemente, encontraría nada.

Vázquez terminaría por salvar al fraile de ser linchado por la tropa y regresaría con más pena y sin gloria. Pedro de Castañeda, cronista de esta expedición de Francisco Vázquez de Coronado, da cuenta de cómo los primeros encuentros entre los españoles y Querechos (apaches) fueron bastante amables: “gente amable y nada cruel, y eran amigos fieles”.

Es de notar que a la hora de dar cuenta de los habitantes de estos lares, es una constante la referencia a “rancherías” de indios. Una ranchería se entendía como un pueblo pequeño y pobre levantado por fuera de cualquier lugar realmente poblado. Una forma de contrastar con las ricas ciudades que ansiosamente deseaban encontrar. Rancho, Ranchería y Rancheros, serán conceptos a los que posteriormente regresaremos en otra nota.

Vendrían las expediciones de Francisco de Ibarra en 1566; la de Francisco Sánchez en 1581 en busca de minas que llegaría, 40 años después, nuevamente al corazón de los territorios de los Indios Pueblo, donde visitaría más de 60 rancherías y, tras regreso de sus expedicionarios, las historias contadas reavivarían el interés por esta región, donde al poco tiempo Juan de Oñate se adentraría y fundaría nuevas colonias a su paso.

Vendrían otras expediciones como la de Antonio de Espejo en 1583 y la del esclavista Gaspar Castaño de Sosa en 1590, que sin permiso del Virrey se lanzó a la aventura. Es en esta expedición de Castaño de Sosa, tras tomar prisioneros apaches, que tenemos el primer combate de los apaches a los españoles.

Sí en algo coinciden los historiadores de la Apachería es en la alta estima a la libertad y el miedo a ser prisioneros que manifestaron los Apaches a lo largo de 300 años.

A partir de los datos que nos legaron los cronistas españoles, como Baltazar de Obregón, (no contamos con la versión de los vencidos) podemos no obstante afirmar que, contrario a lo que suele creerse, las hostilidades hacia los colonizadores españoles en Oasisiamérica no fueron iniciadas por los pueblos nómadas, sino en todo caso por la desconfianza y el miedo al despojo experimentado entre los llamados indios Pueblos (sedentarios).

No sería hasta 50 años después que tenemos la primera crónica de batalla de los pueblos nómadas contra los colonizadores. La razón, podemos afirmar sin duda, la amenaza a su preciada libertad. No hubo de inicio un rechazo a compartir el espacio común, al menos mientras este fuera ecológicamente viable para todos. La escases, el acaparamiento, hicieron no pocas veces que la guerra tocara a la puerta.

Como reflexión final diremos que, en su travesía, Cabeza de Baca sobrevivió, en gran medida, asimilándose al espacio y a los peculiares usos y costumbres de los habitantes que encontró en su largo camino. Naufragios puede leerse como una dialéctica del “yo” con los “otros”.






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