Géneros y Sexualidades

VIOLENCIA PATRIARCAL

La Prensa y el lucro con el feminicidio

La indignación que desató el feminicidio de Ingrid Escamilla, de quien no bastó con mutilar su cuerpo, sino que fue exhibida en la prensa como un objeto para causar morbo, desata la denuncia de cuál es el papel de los medios que, con tal de vender, cosifican y denigran los cuerpos de las mujeres aún después de muertas.

Sábado 15 de febrero

Esta semana fue marcada por la indignación que causó el feminicidio de Ingrid Escamilla y su exhibición como un objeto en los medios más amarillistas del país.

Este hecho hizo que diversos grupos feministas llamasen a protestar en distintas ciudades de México, además de decenas de convocatorias que surgieron en la capital, en las que convergieron durante la tarde para repudiar la cosificación y denigración del cuerpo de Ingrid quien fuera utilizada como objeto de morbo para distintos medios, en especial por el periódico La Prensa.

Las manifestantes exigieron una disculpa pública al director del medio, Luis Jesús Carriles, quien hasta ahora ha mantenido silencio respecto a la polémica a pesar de ser una de las publicaciones más leídas y la de mayor tiraje en México con 287.000 ejemplares por delante de El Universal, La Jornada o Reforma, según la Dirección General de Medios Impresos.

Las autoridades de la Fiscalía capitalina aseguraron que seis servidores públicos, entre ellos policías y peritos que llegaron primero al lugar donde se encontraba el cuerpo, ya son investigados por la filtración de fotos del cuerpo de Ingrid. Los uniformados dieron acceso a la escena a reporteros de distintos medios, entre ellos La Prensa.

Tras los cuestionamientos en redes sociales, la redacción del periódico de nota roja publicó en primera plana este viernes que “acepta equivocaciones y sabe escuchar” y que, como ha sido su tradición, seguirá demostrando que “el oficio del periodista de nota roja también aporta a esta sociedad que sigue negando que la violencia y los riesgos son parte de la realidad de los que andamos a pie todos los días por estas peligrosas calles que nadie quiere pisar”.

Cuando los medios naturalizan la violencia

A principios de año el asesinato de Isabel Cabanillas, activista feminista de Ciudad Juárez, también conmocionó a cientos de miles en todo México, estos casos se suman a la preocupante cifra de 10 feminicidios por día en el país, donde cada vez más mujeres salen a exigir justicia y el cese de la violencia de género.

Ante esto, no son pocos los medios que usan los casos más cruentos como fuente de morbo para encabezar sus portadas, que no se cansan de vender el discurso de "crímenes pasionales", que durante años sólo invisibiliza el verdadero problema, que los femicidios son el último eslabón de la cadena de la violencia de género.

No faltaron los fanáticos periodistas misóginos, tradicionales defensores de los partidos patronales, como Ciro Gómez Leyva, que tildó de "ataque" contra La Prensa la legítima manifestación frente a sus instalaciones, y defiende una línea editorial que busca perpetuar todas las formas de opresión contra las mujeres, y para eso exhibe sus cuerpos vivas y muertas sin ningún reparo.

Los gobiernos de López Obrador y de Sheinbaum no se quedaron atrás: son responsables de la represión de esa protesta. Un gesto que dice mucho de la responsabilidad del Estado en mantener y solapar la violencia patriarcal.

Esta violencia es parte de un sistema: los grandes medios de comunicación es desdibujar que el Estado capitalista y patriarcal es el responsable reemplazado por un sujeto individual, hombre: el agresor.

Esto no puede sino decantar en que lo que le sucede a las mujeres deja de ser un asunto político, y se encasilla en un delito, individual, que "debe ser" castigado por el Estado en el cual, paradójicamente, encuentra su fundamento la violencia de género, donde no hay otra salida sino penas más duras, más policías y más militares en las calles. Es así que la violencia patriarcal es utilizada, políticamente, para legitimar el discurso reaccionario punitivista.

Sin embargo, el sistema en el que los cuerpos femeninos no son más que objeto de consumo, los medios de una u otra forma son parte de la política de encubrimiento, reproducción y naturalización de la cosificación de las mujeres que mientras discuten la forma en la que terminó una víctima más, a la espera del siguiente feminicidio que pueda ser vendido como primicia.

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