Géneros y Sexualidades

PANDEMIA Y MOVIMIENTO DE MUJERES

La “Nueva normalidad” significa exceso de trabajo y precarización para las mujeres

Más precarización y trabajo de cuidados no remunerado, lo que traerá la "nueva normalidad" para las mujeres.

Yara Villaseñor

Socióloga - Militante del MTS @konvulsa

Miércoles 20 de mayo | 14:02

Tras casi dos meses de jornada de “Sana Distancia”, 5 mil 666 defunciones y 54 mil 346 casos de covid-19 acumulados, el gobierno mexicano anunció la vuelta a la “nueva normalidad” para el primero de junio.

Aunque algunos gobiernos locales han externado su negativa a reanudar todas las actividades no esenciales, las presiones del imperialismo estadounidense y las patronales trasnacionales son muchas y muy fuertes. Sin embargo, la realidad es que México no está listo para volver a la “normalidad”.

Aunque el gobierno plantee con aire triunfalista que la jornada de “sana distancia” redujo en un 75% los contagios, logrando mantener “sin saturación” los servicios médicos, los rebrotes de covid-19 en otros países alertan de que cualquier medida facilista puede resultar terriblemente cara para la población pobre y trabajadora que, de por sí, es la que ha puesto los muertos.

En el caso de las mujeres, uno de los sectores más afectados por la pandemia debido a la precarización laboral que caracteriza el grueso del trabajo feminizado (principalmente en los servicios y los trabajos de cuidados), el covid-19 trajo desempleo, aumento de la carga laboral en casa y mayor exposición a la violencia.

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Hoy, con el anuncio de la vuelta a la “nueva normalidad”, organizaciones feministas y no gubernamentales alertan de que la carga de trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de población infantil, adolescente, enferma o adulta mayor, seguirá recayendo sobre las mujeres, convirtiéndose en un problema doble al tener, muchas de ellas, que salir a laborar con la reanudación de actividades.

La “nueva normalidad” no contempla la distribución desigual y con sesgo de género en las tareas de reproducción social, ni la precarización que tiene rostro de mujer en México, afectando doblemente a trabajadoras jóvenes y migrantes. ¿Qué pasará con los y las niñas que no regresarán a clases mientras sus padres tiene que trabajar?

Así mismo, este exceso de trabajo se desbordará sobre adolescentes que se verán obligados a cuidar de otros menores, a ayudar en tareas domésticas e incluso a buscar empleos precarios frente a los despidos masivos que la cuarentena empujó ya a 2 millones.

Es urgente exigir al gobierno la implementación de un plan integral contra la violencia que representa el desempleo, la precarización y la cultura machista y patriarcal en nuestro país, con medidas como las que planteamos aquí. Hay que implementar impuestos progresivos a las grandes fortunas y cancelar el pago de la deuda externa para financiar salarios de cuarentena para las 31 millones de personas mayoritariamente mujeres que laboran en condiciones de informalidad, viviendo “al día” y exponiéndose al contagio.

Para evitar que más personas se infecten, es urgente suspender toda actividad económica no esencial, enfrentando las presiones del imperialismo y las patronales, prohibiendo los despidos y destinando las ganancias multimillonarias de las principales empresas al pago íntegro de los salarios de sus trabajadoras y trabajadores, que aumente según la inflación y cubra el costo de la canasta básica y los bienes y servicios necesarios para vivir.

Para que los y las trabajadoras que laboren en sectores esenciales no se contagien, es necesario poner en pie comisiones de seguridad e higiene que, de manera independiente a la patronal, garanticen la implementación de las medidas sanitarias necesarias, no sólo las que exige la Secretaría de Salud, sino toda aquella considerada por las y los propios trabajadores para preservar la salud e integridad propia y de sus familias.

Contra los planes de los capitalistas de descargar las consecuencias de la crisis y la pandemia sobre los bolsillos de las clases laboriosas, es indispensable apelar a la unidad de las filas de la clase obrera, sindicalizada, precaria y desempleada. El trabajo debe ser repartido entre todas las manos disponibles, para trabajar todes y trabajar menos, pero garantizando un salario mínimo que cubra lo esencial para vivir dignamente. ¡No podemos pagar por una crisis que no generamos, nuestras vidas valen más que sus ganancias!






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