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La 4T, sin política para afrontar injusticias laborales contra mujeres en la pandemia

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 62.4% de la juventud en México que tiene un empleo, se encuentra en el sector informal.

Jueves 8 de octubre | 17:25

En este contexto, las jóvenes deben enfrentar un escenario laboral donde, en esta pandemia, son cada vez son más comunes tres situaciones: trabajo no remunerado, precariedad y brechas de género.

Según la investigadora adscrita al Colegio de México, Ana Escoto Castillo, quien se especializa en Estudios de Población y Género, existen algunos componentes que agravan el impacto de la crisis para las mujeres pues, nos dice, se encuentran predominantemente en micronegocios, los cuales están siendo severamente afectados por la pandemia y, continúa: “por otro lado las mujeres también van a sufrir parte de la crisis económica en términos de participación en el mercado laboral, a esto se le añade la situación de un aumento en los cuidados de todos los hogares”.

Las mujeres, cuyo rol históricamente nos ha sido coligado a tareas de cuidados domésticos, vemos incrementada nuestra carga laboral, pues sumado a las dificultades que impone la pandemia en nuestros trabajos -si es que no hemos sido despedidas-, muchas de nosotras también tenemos que encargarnos de tareas propias de la crianza y el cuidado de hijos y la casa, el cual aunque no es remunerado, es un factor determinante para la reproducción de toda la fuerza de trabajo. Situación que es invisibilizada, en buena parte, por la naturalización de la asociación entre labores domésticas y género, así como por la dinámica del home office y el teletrabajo, la cual ha normalizado, a su vez, la flexibilización de horarios laborales.

El trabajo femenino produce un 23% del PIB en México (según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía), sin embargo, el factor género resulta decisivo para el acceso al mercado laboral: nuestro país se encuentra en segundo lugar de América Latina en cuanto a mayor brecha de género para la participación laboral, el primer puesto lo tiene Guatemala.

La pandemia ha traído consigo una dinámica en la cual miles de trabajadoras hemos sido despedidas, pues muchas empresas están renovando su personal, optimizando costos operativos, precarizando condiciones laborales a nuevas trabajadoras que serán contratadas con cada vez menos derechos y prestaciones laborales: “alguien querrá trabajar de esta manera” dicen las patronales, pues hay necesidad. Precisamente, la necesidad, para muchas mujeres, puede llegar a convertir en tolerables situaciones de acoso laboral, acoso sexual y misoginia en los centros de trabajo. Esta situación incluso ha favorecido la proliferación, en redes sociales como Facebook, de ofertas falsas de empleo para mujeres jóvenes, mismas que en muchos casos implican situaciones de alto riesgo pues estas ofertas en realidad pueden estar relacionadas con trata de personas.

Esta situación para las mujeres, deviene de una situación estructural que impone el aumento de la precarización en medio de la crisis, es decir la base estructural del capitalismo que se asienta en la explotación genera que en momentos como los que atravesamos los capitalistas resguarden aún más sus ganancias, a costa de nuestras vidas y nuestro trabajo. A esto se le suma que las instituciones “destinadas” a impedir las injusticias laborales, están siempre de lado de las patronales, haciendo que la única forma de conquistar nuestros derechos sea por la vía de la lucha colectiva. Por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no hubo jamás propuesta de decreto u otro recurso legal para impedir despidos injustificados, jamás fue formulada política alguna con perspectiva de género para combatir injusticias laborales frente a un inminente escenario de despidos masivos que era claro traería la emergencia sanitaria. La indolencia del gobierno de la Cuarta Transformación en relación a las demandas de las mujeres ha sido total, ya sea en cuestiones relativas a derechos laborales, derechos reproductivos o el combate a la violencia feminicida, la cual también aumentó en esta cuarentena.

El marco general de iniquidades que trae consigo la agudización de la lucha de clases que estamos viviendo en esta crisis, adquiere ciertas manifestaciones específicas para nosotras como trabajadoras.

Para hacer frente a las terribles dificultades descritas anteriormente, mismas que tenemos que enfrentar las mujeres de a pie, la clave está en la solidaridad de clase, la solidaridad entre trabajadoras. Por ello se extiende la invitación a las mujeres para incorporarse a un comité de Pan y Rosas, desde donde coordinamos esfuerzos en la construcción de una agrupación de mujeres con una perspectiva anticapitalista y revolucionaria que luche en defensa de nuestros derechos laborales y contra las injusticias que como mujeres tenemos que vivir día a día y que se han agudizado en medio de la pandemia.

*Dolores Jiménez es integrante de comité de Pan y Rosas Trabajadoras.

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