Géneros y Sexualidades

UNAM

Graue repudia protestas contra violencia patriarcal solapada por autoridades

El rector de la UNAM, Enrique Graue, dio un comunicado a partir de los "actos vandálicos" acontecidos ayer en Rectoría tras una movilización contra la violencia de género.

Miércoles 5 de febrero | 19:08

Frente a la oleada de tomas en la UNAM, el rector Graue dirigió un mensaje a los medios y a la comunidad universitaria, repudiando la violencia... contra Rectoría.

Todo fue a raíz de que este martes, estudiantes de la escuela nacional preparatoria 9 Pedro de Alba, se movilizaron hacia Rectoría para exigir solución a un pliego de demandas contra la violencia de género, en particular contra el acoso que sufren alumnas por parte de profesores.

La prepa 9 se encuentra tomada por un grupo de estudiantes desde hace varios días, al igual que la Facultad de Filosofía y Letras o las recientemente tomadas facultades de Ciencias Políticas y Sociales, Artes y Diseño, las prepas 3, 5, 6 y 8.

Además, se suman la Facultad de Arquitectura, la FES Acatlán, así como los colegios de Ciencias y Humanidades Naucalpan, Sur y Vallejo que votaron paro en asambleas.

En su breve mensaje, Graue se enfocó en informar de las medidas tomadas por Rectoría contra les responsables de los "actos vandálicos", contra quienes ya se giraron actas administrativas, expresión del carácter criminalizador de su discurso y de la posición de las autoridades contra toda protesta estudiantil.

También se aseguró de dejar claro que las movilizaciones en la UNAM son orquestadas por "grupos desestabilizadores" que "no lograrán su objetivo", pues la Rectoría no responderá "a la violencia con más violencia".

Además, recordó a la comunidad universitaria las medidas implementadas durante su rectorado, en particular el novedoso protocolo de género que ha sido "adecuado y modificado" para su mayor eficacia (sic) y para garantizar "la seguridad de sus mujeres", y por el que ya se ha expulsado a más de 100 trabajadores, académicos y estudiantes.

Estas declaraciones se dan el mismo día que el presidente López Obrador declaró en la mañanera que detrás de las protestas en la UNAM opera una "mano negra que mueve la cuna", deslegitimando la justa lucha de las mujeres contra la violencia.

Recordó también los cinco ejes bajo los cuales trabaja su administración:
a) ampliación del tribunal universitario con perspectiva de género, b) creación de un órgano autónomo a la rectoría para resolver los casos de violencia de género, c) ampliación del reglamento de defensoría de los derechos universitarios, d) campañas de divulgación de una cultura de respeto de género y d) implementación de asignaturas de género en los planes de estudio, por lo que pidió "paciencia" para que los "cambios estructurales" en la universidad sean efectivos y se logre la "equidad de género".

¿Puede la UNAM lograr la equidad de género sin acabar con la antidemocracia?

Sin embargo, lo que no mencionó fue que la violencia en la UNAM ha sido solapada por las autoridades que hoy están encargadas de resolverla, como vimos con los casos de feminicidio donde las autoridades encubrieron pruebas y se negaron a poner los recursos materiales y financieros de la universidad al servicio de las investigaciones.

Tampoco se pronunció contra la precarización laboral que afecta a académicas y trabajadoras administrativas, que ven atacados sus contratos colectivos y que por miedo al despido deben soportar el hostigamiento de académicos de carrera y de sus superiores.

Por supuesto, no mencionó tampoco que las autoridades han estado involucradas no solo en la protección y solapamiento de acosadores sistemáticos, sino que son responsables de la persecución política contra activistas –con actas, expulsión y grupos porriles- que denuncian esta situación de violencia contra las mujeres y sectores organizados, lo que ha derivado en miles de expulsiones políticas por parte del Tribunal Universitario.

Y es que la raíz de la incapacidad de resolver los problemas de violencia de género se encuentra en la estructura antidemocrática de la UNAM, que impide que estudiantes, trabajadorxs y academicxs, tengamos incidencia en el rumbo de la universidad, por lo que la movilización y las medidas de presión se hacen indispensables para hacer oír nuestra voz.

Por eso es necesario que las movilizaciones contra la violencia de género se extiendan y profundicen, y que con las mujeres al frente, el conjunto de la comunidad participe para imponer con la organización independiente de las autoridades un protocolo de género efectivo, no punitivo, que incluya el derecho a la defensa y garantice la protección de las víctimas.

Pero, además, un plan integral que realmente prevenga la violencia contra nosotras, que garantice transporte gratuito y seguro, comedores y materiales didácticos subsidiados, pleno acceso a la salud con clínicas que garanticen la interrupción legal del embarazo y educación sexual integral, guarderías gratuitas para estudiantes y trabajadoras, cuartos de lactancia y licencias de maternidad, asesoría psicológica y acompañamiento a víctimas de violencia; incluso refugios gratuitos para acoger a quienes no están seguras en sus hogares, así como permisos de ausencia para las trabajadoras violentadas, y todo mecanismo que permita prevenir y disminuir la violencia estructural que enfrentamos.

Por eso es necesario que la lucha contra la violencia hacia las mujeres se transforme en una lucha contra las autoridades universitarias y contra la estructura antidemocrática de la UNAM, pues los derechos no podemos mendigarlos, tenemos que arrancarlos.






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